Muchos padres consultan preocupados porque su bebé «devuelve» leche después de comer. A veces es solo una pequeña regurgitación; otras, es un vómito claro. ¿Es normal? ¿Está comiendo demasiado? ¿Le sienta mal la leche? ¿Podría tener reflujo gastroesofágico?

Reflujo en bebés
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El reflujo leve es muy habitual en los primeros meses de vida y se considera fisiológico (normal). El sistema digestivo del bebé aún está inmaduro: el esófago es corto, el estómago pequeño, y el esfínter que separa el esófago del estómago y que se cierra automáticamente cuando no estamos ingiriendo alimento, todavía no cierra del todo, por lo que parte del contenido gástrico puede volver hacia arriba durante la digestión, sobre todo si el bebé está tumbado, ha comido mucho o se mueve bruscamente tras la toma.

Este reflujo fisiológico es pasajero; suele aparecer a las 2-3 semanas de vida y dura 3-4 meses. En la mayoría de los casos mejora de forma espontánea a partir de los 5-6 meses, cuando el bebé empieza a comer alimentos sólidos y pasa más tiempo en posición erguida.

El reflujo fisiológico no requiere tratamiento si:

  • El bebé está tranquilo y contento.
  • Duerme bien.
  • Gana peso adecuadamente.
  • No muestra dolor ni malestar durante o después de las tomas.

En algunos bebés el reflujo puede causar síntomas más molestos. En estos casos hablamos de enfermedad por reflujo gastroesofágico (ya no es normal). Tenemos que pensar que el reflujo está afectando de forma anormal al bebé si:

  • El bebé llora con frecuencia o está irritable tras las tomas o durante las noches.
  • Tiene la voz ronca al llorar, o tose.
  • Cuando come está inquieto o se estira hacia atrás, «arqueando» el cuerpo.
  • Le cuesta ganar peso.
  • Parece que tiene hambre, pero luego rechaza el pecho o el biberón.

En estos casos, siempre hay que consultar con el pediatra, que examinará de forma exhaustiva al bebé, preguntará por los síntomas que tiene y evaluará su curva de crecimiento.

El reflujo fisiológico es pasajero; suele aparecer a las 2-3 semanas de vida y dura 3-4 meses

Tratamiento de la enfermedad por reflujo gastroesofágico en bebés

El tratamiento siempre debe comenzar con incluir medidas posturales y de higiene como son: 1) evitar que el bebé coma con demasiada hambre o demasiado rápido (se pueden ofrecer tomas más pequeñas y frecuentes); 2) mantenerlo en posición vertical durante 20-30 minutos después de comer; 3) no presionar su abdomen con pañales o ropa ajustada.

Cuando estas medidas no son suficientes, el pediatra puede recomendar un medicamento para aliviar el dolor que produce la acidez del jugo gástrico cuando la leche “sube” al esófago. Los medicamentos que se utilizan habitualmente son el omeprazol o alguno de sus derivados como el esomeprazol. Estos medicamentos son bastante efectivos, pero deben usarse bajo supervisión pediátrica y durante un tiempo corto, porque pueden tener efectos secundarios.

Reflujo como signo de intolerancia a las proteínas de la leche de vaca (IPLV)

En algunos bebés el reflujo persistente puede estar relacionado con una IPLV. Esta intolerancia se acompaña de otros síntomas, el más importante es la aparición de hilos de sangre en las heces del bebé. Algunos bebés experimentan también molestias abdominales tipo cólico tras las tomas, estreñimiento o signos de eccema o piel atópica.

Cuando se sospecha esta intolerancia, el pediatra recomendará que la madre excluya completamente los lácteos de su alimentación (si el bebé toma leche materna). Si el bebé toma biberón, se cambiará la fórmula por una fórmula especial sin proteínas de leche de vaca.

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Autora: Miriam Martínez Biarge, Médico Pediatra, www.creciendoenverde.com

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