El uso excesivo de pantallas en la infancia es un tema de creciente preocupación debido a sus posibles efectos negativos en el desarrollo cerebral y en la salud en general. ¿Tenemos motivos para estar preocupados?

niños y uso excesivo de pantallas
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¿Cuál es la magnitud del problema?

¿Pasan los niños y niñas demasiado tiempo expuestos a pantallas? Datos recientes indican que sí:

  • Los niños y niñas estadounidenses de 0-2 años duplicaron el tiempo que pasaban frente a una pantalla entre 1997 y 2014, pasando de 1,32 horas de media al día a 3,05 horas diarias. Es muy posible que en los últimos 10 años este tiempo haya aumentado aún más.
  • Una encuesta realizada en 2022, también en EEUU, mostró que los niños y niñas de 8-12 años y los mayores de 12 años pasan una media de 5,5 y de 8 horas al día respectivamente usando pantallas.
  • De acuerdo con un informe de la empresa Qustodio, publicado en 2021 con los datos de más de 400.000 familias de EEUU, Reino Unido y España, el 44% de los niños españoles de 5-15 años pasan más de 2 horas al día expuestos a pantallas durante los fines de semana. En los tres países, el 47% de los niños utiliza regularmente 3 o más dispositivos, y el 75% utiliza al menos 2 dispositivos diferentes a diario. El 62% de los niños de 5-15 años tienen su propio teléfono.

¿Cómo se corresponde esto con las recomendaciones de los expertos?

La Organización Mundial de la Salud recomienda limitar el tiempo de pantalla a un máximo de una hora al día a los 3-4 años y dos horas al día entre los 5 y 17 años. La Asociación Española de Pediatría acaba de actualizar sus recomendaciones para el uso de pantallas en la infancia y recomienda no pantallas en absoluto por debajo de los 6 años y un máximo de una hora al día entre los 6 y los 12 años. Como vemos la realidad actual se aleja mucho de las recomendaciones.

¿Qué dicen los estudios?

Las preocupaciones de padres y profesionales se reflejan en el alto interés que ha surgido en los últimos años por analizar este asunto. En el momento actual hay literalmente miles de estudios científicos publicados que examinan el impacto de las pantallas en la infancia y adolescencia. Esta es una pequeña muestra de algunos de los estudios más relevantes publicados en los últimos meses:

  • Un análisis de 10 estudios que incluía a un total de casi 200.000 niños y niñas, mostró que aquellos con alta exposición a pantallas tenían un mayor riesgo de desarrollar trastorno del espectro autista (doi: 10.1515/ reveh-2024-0147).
  • Otro análisis de 9 estudios con un total de más de 80.000 niños mostró que pasar más de dos horas al día expuesto a pantallas incrementa en un 50% el riesgo de desarrollar trastorno por déficit de atención e hiperactividad (doi: 10.1515/reveh-2022-0262).
  • Un estudio de más de 7.000 niñas y niños japoneses de 2 años ha mostrado que estar expuestos a pantallas aumenta el riesgo de conductas emocionalmente reactivas y agresivas (doi: 10.1093/pubmed/fdae240).
  • Un estudio de más de 62.000 niños y adolescentes chinos mostró que un mayor tiempo viendo la televisión o jugando con pantallas, así como un menor tiempo de sueño, se correlacionaban con una peor salud mental (doi: 10.1186/s12888-024-06233-w).
  • Un estudio realizado en California con algo más de 8.000 adolescentes mostró que cuanto más tiempo un adolescente pasa interaccionando en redes sociales, mensajes de texto y chats de video, mayores son sus probabilidades de experimentar con alcohol, cannabis y nicotina (doi: 10.1016/j.drugalcdep.2024.112504).
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Cómo afecta al cerebro infantil la sobre-exposición a pantallas

Del conjunto de estudios publicados sabemos con bastante seguridad que el uso excesivo de pantallas en la infancia:

  • Retrasa y dificulta el desarrollo del lenguaje.
  • Disminuye la capacidad de atención y concentración, lo que puede afectar a la capacidad de aprendizaje.
  • Dificulta la adquisición de habilidades sociales.
  • Disminuye la tolerancia a la frustración.
  • Interrumpe el ritmo circadiano y disminuye la calidad del sueño. El sueño es esencial para el desarrollo cerebral.
  • Puede generar conductas adictivas.
  • Además de los efectos negativos de las pantallas en sí mismas, no hay que olvidar que ciertos contenidos que los menores pueden encontrar en internet y redes pueden ser enormemente dañinos para su salud mental y emocional; por ejemplo, contenidos de naturaleza sexual o violenta; además del riesgo de ciberacoso y encuentros con depredadores.

El lado positivo de las pantallas

Las pantallas en sí mismas no son perjudiciales, es el uso y abuso que hacemos de ellas. No es sólo cuánto tiempo, es el cómo y el para qué. Los estudios sugieren que cuando las pantallas se usan con un propósito interactivo y educativo, esto puede influir positivamente en el desarrollo del lenguaje y las funciones ejecutivas. Es principalmente el tiempo de pantalla pasivo (como ver la televisión) el que afecta más negativamente a la atención, a la memoria, a las habilidades sociales y a la estabilidad emocional.

El acceso a internet y redes sociales, hecho de forma consciente y con propósito puede facilitar el aprendizaje, inspirar nuevas aficiones, ayudarnos a encontrar información mucho más rápidamente y mantenernos en contacto con amigos y seres queridos que viven lejos. Así lo expresó una niña española de 11 años entrevistada para el informe Qustodio mencionado más arriba: «Lo que más me gusta es chatear con mis amigos, buscar información, jugar a videojuegos y ver vídeos para aprender a cocinar y aprender idiomas.»

Uso racional de pantallas

Como con otras actividades, tenemos que intentar usar pantallas (adultos y niños) de forma consciente, y no automática. Muchas veces echamos mano del móvil simplemente por aburrimiento, para distraernos, para pasar el rato mientras esperamos el autobús, o para quedarnos dormidos. Preguntémonos: ¿para qué quiero usar esta pantalla en este momento? ¿Qué busco? ¿Quiero que mis hijos aprendan algo concreto? ¿Hay formas alternativas de enseñarles esto?

No debemos usar las pantallas como «tranquilizantes», especialmente en menores de 3 años, para evitar que se enfaden y lloren en momentos «inoportunos», o para mantenerlos entretenidos si estamos ocupados haciendo alguna cosa. Busca un equilibrio entre uso de pantallas y tiempo al aire libre. Por cada hora de pantalla debería haber al menos 3 horas de juego o actividades físicas al aire libre. Establece áreas de la casa (por ejemplo el dormitorio) y horas (por ejemplo las comidas y la hora antes de ir a la cama) «libres de pantallas». Esto debe ser seguido por toda la familia, no solo por los menores.

Sé un ejemplo. Nuestros hijos e hijas hacen lo que nos ven hacer, no lo que les decimos que hagan. Como expresó un niño de 10 años entrevistado para el informe Qustodio mencionado anteriormente: «Cuando me dicen que deje de mirar la tablet, pienso que no es justo porque ellos usan sus dispositivos electrónicos más que nosotros.» Además, el tiempo que tú como progenitor pasas interaccionando con pantallas es un tiempo que no estás dedicando a tus hijos. Los niños y niñas cuyos padres pasan mucho tiempo mirando su móvil tienen peor lenguaje, incluso aunque ellos no usen pantallas.

Autora: Miriam Martínez Biarge, Médico Pediatra, www.creciendoenverde.com

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