El agua es el medio indispensable para la vida y, junto con algunas sales minerales, conforma el fluido esencial que necesitamos para todas las funciones fisiológicas. El agua que ingerimos nunca es H2O y nada más; siempre contiene otros componentes, igual que sucede con los líquidos corporales que nos sustentan. Podemos obtenerla de aguas superficiales, acuíferos, manantiales, de los jugos de algunos alimentos y también del agua de mar.

La ingesta de agua de mar se asocia a usos terapéuticos o, por lo menos, a usos que van más allá del simple hecho de beber. A nadie se le escapa que no es la opción que escogeríamos para hidratarnos, ya que es salada y contiene de forma natural una gran cantidad y variedad de minerales. Eso precisamente es lo que la hace interesante. Sin embargo, cuando hablamos de posibles beneficios para la salud deberíamos tener claros dos aspectos. El primero es que beber agua de mar directamente extraída de la playa es desaconsejable y el segundo es que no todas las aguas de mar que se comercializan o que se han estudiado son iguales.
En el mercado encontramos diferentes propuestas, como agua de mar microfiltrada y purificada en laboratorio, procesada bajo protocolos concretos, parcialmente desalinizada e isotónica, o agua de mar profunda pura microfiltrada, extraída a más de 200 metros de profundidad. Todas las opciones buscan el máximo beneficio para consumirla de forma segura.

Por supuesto, la curiosidad sobre los beneficios potenciales de ingerir agua de mar llevó hace ya algunos años a investigar el tema. La mayor parte de los estudios que encontramos publicados no evalúan el agua de playa común, sino el uso de agua de mar profunda, que es la que se extrae a más de 200 metros de la superficie.
El foco está puesto en su composición, ya que es mucho más rica que el agua de superficie en minerales como el magnesio (Mg), el calcio (Ca), el potasio (K), el cromo (Cr), el selenio (Se), el cobre (Cu), el zinc (Zn), el yodo (I), el flúor (F) o el vanadio (V), entre otros. Estos elementos son imprescindibles para nuestra salud, pues tienen muchísimas funciones.
Por ejemplo, el magnesio es importante para muchos procesos fisiológicos del organismo, como el metabolismo energético y las funciones enzimáticas. También se ha visto que protege nuestras arterias de dos maneras: reduciendo la calcificación derivada de una ingesta excesiva de calcio y una cantidad insuficiente de magnesio, y disminuyendo la acumulación de grasas en la arteria aorta de sujetos con ingestas altas de colesterol. Además, hay más motivos por los que puede ser beneficioso para las personas con enfermedades cardiovasculares, ya que puede reducir el riesgo de infarto al contribuir a dilatar los vasos sanguíneos y detener los espasmos en los músculos cardíacos y las paredes de los vasos. También hay estudios que muestran cómo puede reducir el riesgo de obesidad, diabetes y asma.
Otro mineral como el calcio es vital y constituye uno de los principales minerales para los humanos. Tiene muchos beneficios para la salud, el desarrollo y la densidad ósea, y actúa como cofactor fundamental para varias enzimas necesarias para el metabolismo energético. Una ingesta adecuada de este mineral puede ayudar a reducir los riesgos de enfermedades cardiovasculares, pues también se necesita para la contracción muscular a nivel cardíaco. Asimismo, puede reducir el riesgo de obesidad y, al parecer, de algunos tipos de cáncer. Una dieta rica en calcio puede aumentar la capacidad del cuerpo para quemar grasas.
El cromo es un nutriente esencial necesario para el metabolismo de los hidratos de carbono, incluidos los azúcares y las grasas. Tiene propiedades antioxidantes que son útiles para prolongar la vida celular. Y el vanadio, que no nos resulta tan conocido, tiene el potencial de reducir las grasas y ha demostrado ser eficaz disminuyendo la formación de adipocitos —células grasas—. Existen muchos otros beneficios para la salud de otros elementos presentes en el agua de mar y seguramente muchos están todavía por descubrir.

Hay muchos beneficios que conocemos de los minerales y oligoelementos, pero ¿qué dicen los estudios sobre las virtudes del agua de mar? La mayoría se han realizado con agua de mar profunda diluida y purificada, y los resultados son muy interesantes.
Niveles de colesterol y protección cardiovascular
Los beneficios se han observado en la reducción del colesterol total, del colesterol LDL y también de los triglicéridos. Incluso en un estudio sobre el consumo de agua de mar profunda por parte de individuos hipercolesterolémicos se demostró que podía reducir la peroxidación lipídica, es decir, la oxidación de las grasas.
La peroxidación lipídica es un mecanismo central en la aterogenicidad. Cuando los lípidos en sangre —especialmente el colesterol LDL— sufren oxidación, se vuelven altamente tóxicos y proinflamatorios, acelerando el desarrollo de placas de ateroma en las arterias y aumentando así el riesgo de enfermedades cardiovasculares.
También se ha observado que su consumo parece ayudar a aumentar la capacidad antioxidante de la sangre, incrementar la excreción del colesterol por vía fecal y disminuir el contenido de grasas en las células del hígado. Parece que, además, ayuda a mantener los niveles de presión arterial por su gran aportación de magnesio y a conservar los vasos sanguíneos en mejores condiciones.
Salud metabólica y obesidad
Los datos de los estudios sugieren que puede mejorar la intolerancia a la glucosa y regular los niveles de glucemia, lo que podría resultar interesante en el contexto de la diabetes y también en algunos casos de exceso de peso. Aunque los estudios en animales son prometedores en cuanto al tratamiento de la obesidad, se necesitan estudios en humanos para conocer la magnitud del beneficio potencial.
Otros beneficios
Diversos estudios apuntan que la ingesta de agua de mar profunda mejora la piel en contextos como la dermatitis atópica, reduce la fatiga, mejora el rendimiento durante el ejercicio físico y favorece la recuperación posterior. También podría mejorar el ecosistema intestinal, incrementando la producción de ácidos grasos de cadena corta beneficiosos para la microbiota. Desde luego, tiene un gran potencial para la salud que merece ser estudiado todavía más a fondo.
Como contrapartida, también existen riesgos y advertencias sobre su consumo relacionados con su salubridad y con el posible estrés renal y la deshidratación, precisamente por su elevado contenido mineral, especialmente de sodio.
Tomar agua de mar, como hemos visto, presenta muchos beneficios potenciales. Sin embargo, debe ser agua sanitariamente apta para el consumo, puesto que recogerla directamente del mar implica riesgos elevados de ingerir bacterias —como Vibrio—, virus, parásitos, microplásticos y metales pesados provenientes de la contaminación.
El agua de mar pura tiene una salinidad cercana al 3,5%, frente al 0,9% de nuestro organismo. Beberla sin diluir obliga a los riñones a trabajar mucho más: para poder eliminar el exceso de sodio, excretarán más agua de la que se ingiere, provocando así deshidratación severa y picos peligrosos en la presión arterial.
El agua de mar es, pues, una gran fuente de salud que, para aportar beneficios de forma segura, debe pasar por procesos estrictos de filtración, microfiltración y purificación. Además, idealmente debe tomarse combinada con agua dulce —en versiones comerciales ya isotónicas o hipertónicas para tomar diluidas—, con la finalidad de no sobrecargar el organismo de sodio.
Enlaces de interés
- Deep Sea Water as a Source of Health Benefits
- Estudio sobre el agua de mar profunda y sus posibles aplicaciones
- Investigación sobre los efectos del agua de mar profunda
- Evidencia científica sobre el consumo de agua de mar profunda
Autora: Laura I. Arranz, doctora en Nutrición, farmacéutica y dietista-nutricionista
www.dietalogica.com | info@gananutricion.es
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