«Solo me sangran un poco las encías cuando me cepillo». Es una frase que dentistas y farmacéuticos escuchan a menudo. Como no duele, muchas personas le restan importancia. Sin embargo, las encías sanas no sangran. Ese sangrado es una señal de que existe inflamación y de que el organismo está intentando defenderse de las bacterias que se acumulan alrededor del diente.

encías sangre
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Si esa inflamación persiste, puede aparecer la periodontitis (conocida coloquialmente como piorrea), una enfermedad que destruye progresivamente los tejidos y el hueso que sostienen el diente. Se trata de una inflamación crónica de bajo grado que afecta a buena parte de la población adulta y avanza en silencio, sin doler hasta que ya ha causado daño. De hecho, es una de las principales causas de pérdida de piezas dentales en adultos, y se ha comprobado que influye en enfermedades crónicas como la diabetes o las cardiovasculares.

¿Por qué las bacterias no son las únicas culpables?

Durante años pensamos que la periodontitis era solo una infección provocada por las bacterias de la placa dental. Hoy sabemos que esta explicación es insuficiente: las bacterias son el desencadenante, pero el daño depende también de cómo responde nuestro sistema inmunitario.

La inflamación es un mecanismo de defensa imprescindible: combate las infecciones y pone en marcha la reparación de los tejidos. El problema surge cuando esta respuesta se prolonga más de lo necesario y, en lugar de protegernos, acaba dañando los tejidos que debería preservar. Es decir, el problema no siempre es la inflamación en sí, sino la incapacidad del organismo para ponerle fin cuando ya ha cumplido su función.

«El problema no siempre es la inflamación en sí, sino la incapacidad del organismo para ponerle fin cuando ya ha cumplido su función»

¿Por qué no basta con frenar la inflamación?

Durante años el objetivo fue reducir o detener la inflamación. Hoy sabemos que no basta: es tan importante iniciarla como conseguir que el organismo sea capaz de resolverla.

La resolución no ocurre de forma pasiva. Es un proceso biológico activo mediante el cual el sistema inmunitario elimina los restos celulares, recupera el equilibrio y repara los tejidos. Cuando falla, la inflamación se cronifica y contribuye a enfermedades como la periodontitis.

Y aquí está la buena noticia: esa capacidad de resolución se puede entrenar. Una de las herramientas más accesibles para hacerlo está en lo que comemos.

¿Qué papel juegan los omega-3?

Hasta hace poco, el interés por los ácidos grasos omega-3 se centraba en sus beneficios cardiovasculares y en su efecto antiinflamatorio. Sin embargo, hoy sabemos que pueden hacer algo mucho más interesante.

Los principales tipos de omega-3 son el EPA y el DHA, que se encuentran principalmente en el pescado azul, las algas y los suplementos. Con estos ácidos grasos el organismo fabrica unas sustancias llamadas «mediadores especializados de la resolución de la inflamación». Entre ellas, recordad el nombre de las resolvinas, hasta ahora poco conocido. Estas moléculas y otras similares no eliminan las bacterias ni bloquean las defensas. Su misión consiste en indicar al sistema inmunitario que la inflamación ya ha cumplido su objetivo y que ha llegado el momento de reparar los tejidos. En resumen, ayudan al organismo a recuperar el equilibrio.

«Las resolvinas ayudan al organismo a recuperar el equilibrio»

¿Qué dicen los investigadores?

Los estudios realizados hasta el momento indican que la suplementación con omega-3, como complemento del tratamiento convencional, puede mejorar el sangrado de las encías, la profundidad de las bolsas periodontales y la inserción de los tejidos. Los omega-3 no sustituyen una buena higiene bucodental ni el tratamiento del odontólogo, pero parecen mejorar la respuesta inflamatoria.

¿Qué cambia esto en la práctica?

Mantener una buena higiene bucal, seguir una dieta mediterránea rica en omega-3 o un suplemento de omega-3 de alta calidad y acudir al dentista cuando aparezcan los primeros signos de inflamación siguen siendo las medidas más eficaces para cuidar la salud periodontal. Cuidar las encías no depende únicamente de lo que haces con el cepillo, sino también de lo que pones en el plato: la inflamación se combate desde dentro y desde fuera.

«Cuidar las encías no depende únicamente de lo que haces con el cepillo, sino también de lo que pones en el plato: la inflamación se combate desde dentro y desde fuera»

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Autora: Dra. Marta Castells, Farmacéutica.

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