La pérdida de apetito, también llamada inapetencia o anorexia (aunque no debemos confundir este término con el de “anorexia nerviosa”) es un síntoma frecuente a cualquier edad. Puede aparecer de forma puntual durante unos días o mantenerse en el tiempo. En muchos casos no es motivo de alarma, pero en otros puede ser una señal de que algo no va bien.

1. ¿Es normal perder el apetito durante unos días?
Sí. En muchas situaciones la pérdida de apetito es transitoria y forma parte de la respuesta normal del organismo, por ejemplo durante infecciones virales (resfriados, gripe, gastroenteritis), o cualquier otra enfermedad que cause fiebre o una respuesta inflamatoria. Cuando el cuerpo está luchando contra una infección, es habitual (y probablemente beneficioso) que disminuya el hambre. Las situaciones de estrés puntual también pueden causar una disminución o pérdida del apetito.
2. ¿Cuándo deja de ser algo pasajero y debemos ir al médico?
Conviene prestar atención si la pérdida de apetito dura más de una o dos semanas, se acompaña de pérdida de peso no intencionada, va asociada a cansancio o debilidad no habitual, hay dolor abdominal, vómitos u otras alteraciones digestivas. También si aparece junto a cambios importantes en el estado de ánimo (tristeza, ansiedad…). En estos casos es conveniente una evaluación médica.
3. ¿Qué causas pueden estar detrás de una pérdida de apetito persistente?
Las causas son muy variadas y pueden ir desde problemas leves hasta situaciones más serias. Por ejemplo, los trastornos digestivos crónicos, los problemas tiroideos o relacionados con otras hormonas, y las enfermedades inflamatorias o infecciosas persistentes suelen acompañarse de disminución del apetito.
Muchos medicamentos producen cambios en el apetito, generalmente una reducción. La depresión, la ansiedad y otros problemas emocionales, con mucha frecuencia se acompañan de cambios en el sueño y en el apetito, y a veces este puede ser el primer síntoma. Por último, una pérdida de apetito progresiva, sobre todo si se acompaña de pérdida de peso o de otros síntomas, puede ser síntoma del crecimiento de un tumor.
Por eso no debemos minimizar la importancia de una pérdida de apetito prolongada, y buscar atención médica pronto.
4. ¿Es más frecuente en ciertas etapas de la vida?
Sí, en la infancia es común que el apetito fluctúe. Los niños y niñas no necesitan comer la misma cantidad todos los días; esto es normal y se debe respetar. Una niña o un niño sano que está activo y crece y se desarrolla bien debe comer la cantidad que necesiteen cada momento y no se le debe forzar a que coma más. Por supuesto, si pierde peso o deja de crecer al mismo ritmo, está decaído o la inapetencia es constante, debe valorarlo su pediatra.
En el primer trimestre del embarazo, la pérdida de apetito es frecuente debido a las náuseas y a los cambios hormonales y suele mejorar en unas semanas. Durante ese periodo puede ayudar tratar de hacer comidas más pequeñas y frecuentes y evitar las grasas, las especias y los alimentos muy calientes.
En la vejez, el apetito puede disminuir si se reduce la actividad física, pero también pueden influir cambios en el gusto y el olfato, problemas dentales o factores socioemocionales como la soledad. No obstante, una reducción marcada de la ingesta en personas mayores no se debe considerar normal y debe evaluarse por un profesional para prevenir la desnutrición.
5. ¿Cómo se trata la pérdida de apetito?
La pérdida de apetito es un síntoma, no una enfermedad en sí misma. Para que mejore, hay que tratar la causa que la ha originado.
En los casos de pérdida de apetito puntual, lo mejor es esperar a que el apetito vuelva por sí mismo, y mientras tanto asegurar una buena hidratación. Es mejor no forzarnos ni forzar a nadie a comer, pero si estamos preocupados porque la persona que sufre pérdida de apetito, aunque sea de corta duración, es mayor, o es un bebé o niño pequeño, o está delicada o recuperándose de una enfermedad, es importante buscar atención médica pronto.
En los casos de pérdida de apetito por una enfermedad subyacente, además del tratamiento médico, es esencial contar con el apoyo de un nutricionista.
Este profesional puede diseñar una dieta a medida, en algunos casos fortificada con suplementos, que aporte todos los nutrientes que la persona afectada necesita. Aunque algunos medicamentos pueden aumentar el apetito, solo hay que usarlos bajo indicación y vigilancia del médico, pues pueden tener efectos secundarios importantes.
Autora: Dra. Miriam Martínez Biarge, Médico Pediatra | www.creciendoenverde.com
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