La mente humana es un instrumento extraordinario. Resultado de la evolución de millones de años, nuestra mente nos ha permitido crear cosas inimaginables y transformar el mundo. Gracias a la mente podemos percibir, analizar y entender el mundo que nos rodea, tomar decisiones, almacenar y recuperar recuerdos, imaginar cosas, controlar impulsos y emociones, reflexionar y aprender.

sobrepensar
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¿Puede esto llegar a ser demasiado? ¿Podemos «sobrepensar»?

En realidad, como explica el escritor Eckhart Tolle, no es que pensemos mucho o poco, es que hemos llegado a un punto en el que la mente «nos piensa a nosotros», ha tomado el control. ¿Puedes dejar de pensar cuando quieras, puedes dejar la mente en blanco a voluntad, vacía de pensamientos, y simplemente ser y percibir el mundo a tu alrededor? Si no puedes, es que has perdido el control y probablemente estés «sobrepensando».

¿Por qué parece que mi mente nunca se detiene?

Porque en la mayoría de las personas esto es exactamente lo que pasa: la mente está activa constantemente, sea necesario o no. Sin embargo, si eres capaz de reconocer que tu mente está continuamente produciendo pensamientos, has dado un primer paso, y muy importante, para curarte de esta enfermedad casi universal que es el sobrepensar. La mayoría de las personas están tan acostumbradas a esta hiperactividad que la asumen como algo natural y no se plantean que se puede vivir de otra forma.

¿Qué consecuencias tiene la hiperactividad mental?

En ausencia de un problema concreto que resolver, la mente recrea situaciones pasadas o anticipa problemas futuros. Esta actividad no tiene una función útil, por el contrario, genera estrés y ansiedad y además distorsiona la realidad, impidiéndonos tomar decisiones acertadas. También nos aísla del mundo en el que vivimos e incluso de otras personas. Si te fijas, muchas personas no están mentalmente donde está su realidad física, sino que viven absortas, perdidas en sus pensamientos.

¿Qué estrategias puedo usar para conseguir que mi mente vaya más despacio?

Las prácticas de atención plena (mindfulness en inglés) nos enseñan a mantenernos completamente conscientes en el lugar y momento presente y a observar sin distracciones lo que está ocurriendo y lo que hacemos, así como los pensamientos y emociones que ocupan nuestro interior. Esto impide, o al menos reduce el tiempo en el que la mente está distraída, vagando, soñando u obsesionándose con algo irreal. Nos ayuda además a no identificarnos con nuestros pensamientos y emociones, sino a verlos como un producto de la mente, sobre el que tenemos control. Las investigaciones muestran que estas técnicas tienen un impacto positivo en la salud física y mental: reducen la frecuencia y la gravedad de la ansiedad y la depresión, mejoran la calidad del sueño, mejoran la capacidad de razonamiento y la memoria, ayudan a disminuir el dolor físico y pueden incluso bajar la tensión arterial.

Algunas prácticas físicas como el yoga y el tai-chi, la danza o las artes marciales, si se practican correctamente y con este propósito, pueden ayudar también a serenar la mente.

¿Es la meditación otra forma de apaciguar la mente?

Hay muchas técnicas de meditación, pero todas tienen en común adiestrar a la mente para que se focalice en un único objeto (por ejemplo, una imagen, una oración o mantra, o la propia respiración) y disminuir de este modo el ajetreo mental. Esto nos proporciona claridad y paz mental. Ahora bien, aunque los ratos de meditación pueden ser de mucha ayuda, meditar 20 minutos por la mañana y dejar que la mente corra desbocada durante el resto del día, sirve para poco. La meditación debe usarse para ver las posibilidades que ofrece una mente en calma; y tras ello, extender este estado al resto de nuestra vida.

Pero si dejo de pensar, ¿cómo voy a resolver mis problemas de cada día? ¿y cómo voy a tener nuevas ideas, a crear cosas, a trabajar o a relacionarme con otras personas?

Entre pensar demasiado y no pensar nada hay un abismo. Nadie dice que haya que dejar de pensar, por el contrario, se trata de usar la mente cuando y para los propósitos que queramos y necesitemos, pero sin permitir que sea la mente quien lleve las riendas, quien nos controle. De hecho, solo de esta manera podemos pensar con verdadera claridad, eficacia y creatividad. Cuando estás soñando despierto o abrumado con preocupaciones no puedes concentrarte ni resolver problemas. Lejos de dejarte en blanco, reducir o eliminar el excesivo ruido mental es la única forma de mejorar tu rendimiento mental.

Autora: Miriam Martínez Biarge, Médico Pediatra, www.creciendoenverde.com

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