La mayoría de las personas adultas tenemos un recuerdo vívido de los días que, siendo niños, estuvimos enfermos con varicela.

Niños y varicela: cómo prevenirla y tratarla
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El virus de la varicela-zoster es tremendamente contagioso, por lo que la mayoría de las personas se habrán contagiado y pasado la enfermedad antes de llegar a la adolescencia.

¿Por qué nos acordamos tan bien de la varicela?

Por dos razones: la primera es porque tener varicela significaba no ir al colegio al menos una semana. Esto se hacía para prevenir la diseminación de la enfermedad, aunque en general la orden llegaba tarde: la varicela es contagiosa desde 1-2 días antes de que empiecen a salir las lesiones en la piel y deja de serlo cuando todas ellas han desaparecido o se han secado y están ya en fase de costra. Todo el proceso suele durar unos 5-10 días.

En niños sanos la varicela es una enfermedad leve que muy raramente produce complicaciones. Sin embargo, ¡las lesiones en la piel pican mucho! Esta es la segunda razón por la que nos acordamos tan bien de ella. Los granos, o pápulas, aparecen primero y pueden cubrir todo el cuerpo. Estas pápulas se van llenando de líquido, se convierten progresivamente en vesículas y más tarde, cuando el líquido se seca, en costra. En los días intermedios de la enfermedad es frecuente ver tanto pápulas, como vesículas y costras.

Además de estas lesiones en la piel que pican tanto, algunos niños pueden tener fiebre, cansancio, pérdida de apetito, dolor de cabeza o síntomas catarrales, con más frecuencia en los primeros 2-3 días de la enfermedad.

Zóster

Con pocas excepciones, la varicela solo se pasa una vez, y la enfermedad produce inmunidad natural por el resto de la vida. Sin embargo, el virus no desaparece de nuestro cuerpo cuando nos curamos, sino que queda inactivo, “dormido”, en el sistema nervioso.

A diferencia de los niños, la varicela en los adultos es bastante más molesta y con más frecuencia se complica con neumonía

En algunas personas, sobre todo mayores o cuando el sistema inmunitario está debilitado, el virus se reactiva, pero en vez de producir una segunda varicela, produce otra enfermedad: el zóster. Esta es una condición muy temida porque produce mucho dolor en los nervios afectados (algunas personas lo llaman “la culebrilla”), y porque puede producir complicaciones más graves si el virus afecta a un ojo o llega al cerebro.

A diferencia de los niños, la varicela en los adultos es bastante más molesta y con más frecuencia se complica con neumonía. Además de los adultos, hay otros grupos que tienen más riesgo de padecer complicaciones por este virus: los bebés recién nacidos, las mujeres embarazadas (el virus puede producir malformaciones fetales graves durante el primer y el segundo trimestre de embarazo), y las personas con baja inmunidad (por ejemplo niños con leucemia, personas de cualquier edad que estén recibiendo quimioterapia o tratamientos similares).

¿Qué hacer si tenemos un niño en casa con varicela?

Salvo en pacientes de riesgo, en los que se puede usar un antiviral bajo prescripción y supervisión médica, en niños sanos, la varicela como tal no se trata; solo necesitamos mantener al niño o a la niña en un ambiente bien ventilado y fresco y con ropa holgada, y asegurarnos de que beben suficientes líquidos para evitar la deshidratación, sobre todo en los primeros días cuando hay fiebre y poco apetito. Si hay muchas molestias se puede administrar paracetamol durante unas horas. Es mejor no usar ibuprofeno o aspirina en esta enfermedad a menos que lo indique expresamente el pediatra.

El farmacéutico nos puede ayudar a encontrar una crema o gel refrescante que ayude a aliviar el picor, o si este es muy persistente y molesto, darnos algún antihistamínico para disminuir la intensidad. Una ducha o baño con agua templada o fresca puede ser de mucha ayuda (recuerda que al acabar no debes frotar con la toalla para no romper las vesículas, pues esto puede dar lugar a infecciones secundarias en otras partes del cuerpo).

El farmacéutico nos puede ayudar a encontrar una crema o gel refrescante que ayude a aliviar el picor

Es inevitable que los niños en algún momento se rasquen y rompan las vesículas, por lo que debes asegurarte de que las uñas de tu hijo o hija están bien recortadas. En algunos casos, ponerles guantes o calcetines en las manos mientras duermen puede ayudar a que no se lesionen.

Prevención

Desde hace unos años disponemos de una vacuna para la varicela que es muy segura y eficaz. Algunos países, como España, la incluyen en su calendario vacunal alrededor de los 12-15 meses de edad. Otros prefieren vacunar solo a las personas que puedan ser más vulnerables ante la enfermedad y a los adolescentes que no la hayan pasado en la infancia.

Autora: Doctora Miriam Martínez Biarge,  Núm. Col. Madrid 53.890

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