En general, el calor tiene un impacto positivo y estimulante sobre las personas proporcionando bienestar. Sin embargo, las altas temperaturas, en casos extremos, pueden tener consecuencias no deseadas sobre ciertos colectivos. Un calor moderado estimula a salir más y a estar de buen humor, pero al superar un cierto umbral se produce una sobreadaptación del organismo que puede conducir al malestar. Debido al calor excesivo, el cerebro también se calienta e hiperactiva, conduciendo a un estado de irritabilidad y a la presencia de síntomas como: nerviosismo, agitación, y cansancio que impiden poder conciliar el sueño. Los individuos que padecen depresión, ansiedad, o estrés, corren un mayor riesgo de sufrir irritabilidad, o aturdimiento ante estas temperaturas elevadas.

ansiedad y calor
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El ser humano, cuando consume más energía es para mantener la temperatura corporal estable alrededor de 36º C (a esta temperatura los órganos funcionan correctamente). Por debajo de 31 grados y por encima de 42, la supervivencia se hace imposible. Si la temperatura corporal se eleva hasta niveles peligrosos, es posible desarrollar enfermedades causadas por el calor.

El calor nos afecta tanto en el plano físico como psíquico: físicamente las temperaturas elevadas provocan sudoración, aumento de la temperatura corporal, sequedad bucal, inestabilidad, mayor cansancio, hipotensión, etc. Y a nivel psicológico: insomnio, estrés, irritabilidad, agobio, ansiedad, pereza, y sensación de hastío entre otros cambios.

¿Cómo se regula la temperatura corporal?

Para regular la temperatura contamos con dos mecanismos: vasodilatación y sudoración.

  • Vasodilatación: Al aumentar el flujo sanguíneo en las zonas más externas de la piel, provoca un intercambio de calor con el ambiente. De esta forma hay pérdida de calor a través de la piel y no se perjudican los órganos internos.
  • Sudoración: Se elimina el calor sobrante por evaporación. Esto provoca enfriamiento del cuerpo (las glándulas sudoríparas sacan agua del torrente sanguíneo haciendo el sudor, pudiendo llegar a eliminar hasta un litro o más de sudor por hora).

Efectos indeseables de las temperaturas elevadas

La vasodilatación conlleva que llegue menos sangre al cerebro, a los músculos y a otros órganos. Además, la sudoración prolongada puede causar deshidratación, haciendo que los músculos trabajen mal y favoreciendo la aparición de calambres, cansancio y confusión.

Si la temperatura ambiental es demasiado elevada, más de 35ºC, y el organismo detecta que la pérdida de agua podría llegar a deshidratarnos, puede llegar a suspender la sudoración. Si la humedad es alta, el sudor no puede evaporarse con tanta facilidad y es más difícil que el cuerpo se refresque, predisponiendo al agotamiento por calor y a los golpes de calor.

¿A qué personas puede afectar más el calor?

Existe un porcentaje de la población que se define en términos psicológicos como «meteorosensible», es decir que su salud tanto desde el punto de vista físico como mental, es más sensible a los cambios de temperatura, al aumento del grado de humedad, y a la duración de las horas de luz. Los cambios climáticos potencian la ansiedad, el cansancio, el mal humor, la impaciencia, la impulsividad, la falta de atención, etc. Todos los cambios meteorológicos nos influyen: seguramente conocéis personas con enfermedades reumáticas que notan que empeoran sus dolores cuando va a llover. También otro fenómeno atmosférico como es el viento puede influir en el estado anímico, volviéndonos más nerviosos, irritables, etc.

Ansiedad en verano. ¿Por qué aumenta con el calor?

En principio puede parecer que no tiene ninguna relación la ansiedad y el calor. Cuando la temperatura es muy elevada, el cerebro sufre y funciona de manera anómala. Para mantener la temperatura interna normal debe consumir mucha energía. Está hiperactivado y esta aceleración nos lleva a un estado de ansiedad.

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¿Cómo podemos evitar la ansiedad en verano?

Hay que adaptarse progresivamente al calor. No trates de evitarlo por completo, nos hemos acostumbrado a los aires acondicionados y en momentos de mucho calor son necesarios, pero la temperatura exterior es la que es y debes «aceptarla» y no percibirla como una amenaza.

Evita los espacios cerrados y poco ventilados, sobre todo al ir a dormir.

No te plantees grandes expectativas, de querer hacer muchas cosas en verano; viajar, cuidarte, hacer deporte, estudiar, pintar, etc. Si las expectativas son demasiado altas, existe una gran probabilidad de que el resultado no se corresponda con ellas y tengas una decepción. No planifiques a largo plazo, vive el día a día. Desconecta todo lo que puedas el móvil (aunque parece que no podemos vivir sin él, es un factor altamente estresante y ¡hasta no hace mucho vivíamos sin él y quizá con menos ansiedad!).

Si tienes que convivir con otras personas que no son del todo de tu agrado, ten paciencia. Intenta encontrar tus momentos de relajación, tranquilidad y silencio.

Situaciones que presentan mayor riesgo de padecer enfermedades causadas por el calor intenso: los bebés y los niños menores de 4 años, así como los adultos de 65 años o más, son más propensas a tener problemas de salud relacionados con el calor. Con el ejercicio de forma extenuante o los esfuerzos excesivos en clima cálido y húmedo, el cuerpo tiene menos posibilidad de enfriarse de forma eficiente. Determinados medicamentos como: antihipertensivos, betabloqueantes, diuréticos, antihistamínicos y benzodiacepinas, afectan la capacidad del cuerpo para mantenerse hidratado y para responder correctamente al calor, entre otros. El alcohol, además de provocar vasodilatación, es diurético. Las bebidas con cafeína también son diuréticas.

Hay que adaptarse progresivamente al calor. No trates de evitarlo por comple

Efectos indeseables del calor en el organismo: Con la deshidratación se favorece el mal aliento ya que no se produce suficiente saliva. En los niños puede aparecer un sarpullido o erupción por exceso de sudoración. Si la sudoración es profusa, además de agua, se pierden muchos electrolitos, y pueden aparecer calambres musculares o espasmos en las extremidades. Si no se corrige, se avanza hacia el agotamiento por calor, llegando al golpe de calor, que puede acabar perjudicando al cerebro y a los órganos vitales (ver el Botiquín Natural, Julio 2021), afección que pone en riesgo la vida.

La conducción también se ve afectada por el calor. Las personas con varices lo suelen pasar mal con la dilatación de las venas que provocan, pesadez, dolor, hinchazón tobillos, y hormigueos en las piernas. Uno de los principales problemas de las altas temperaturas es la dificultad para dormir. La temperatura externa óptima para poder dormir y descansar bien es de 21-22ºC. Cuando es más elevada se produce agobio, una mayor ansiedad que impide conciliar el sueño.

Consejos para evitar los efectos no gratos del calor

Evitar ejercicio físico intenso o trabajos en las horas de más sol. Beber líquidos con mayor frecuencia para evitar la deshidratación (en las personas mayores, aunque no tengan sed), reemplazar la sal y minerales perdidos con bebidas isotónicas y limitar el tiempo de exposición al calor. Mantenernos lo más frescos posible, ya sea en la sombra o con aire acondicionado. Llevar una dieta ligera y equilibrada (evitando comidas pesadas y grasas). Moderar consumo de alcohol y de bebidas con cafeína. Viajar en horas de menos calor, realizar paradas y andar. Poner el aire acondicionado (21-22º). En el caso de varices evitar la exposición al sol (para que no provoque más vasodilatación), caminar por la orilla de la playa o en piscinas poco profundas para estimular la circulación en las piernas y, si hay sensación de hinchazón, aplicar toallas húmedas y frías o cremas especiales para ello (ponerlas en la nevera para potenciar la sensación de frio). Elevar las piernas para favorecer la circulación de retorno al descansar o estar sentado. Antes de ir a la cama, una ducha templada y secarse al aire, sin utilizar la toalla, permite bajar la temperatura corporal.

¡Relájate, refréscate y disfruta del calor!

Consulta a tu farmacéutico/a está muy cerca de ti. *La información contenida en esta página tiene carácter divulgativo y no pretende sustituir el consejo médico. Ante cualquier duda, consulte con un profesional de la salud.

Autora: Dra. Marta Castells, Farmacéutica

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