El 6 de mayo se conmemora el Día Mundial del Asma, una fecha clave para concienciar sobre esta enfermedad respiratoria que afecta a millones de personas en el mundo. El asma es una de las enfermedades crónicas más frecuentes, con una prevalencia en aumento tanto en niños y niñas como en personas adultas. A pesar de los avances en su tratamiento, el asma sigue siendo un reto para los profesionales sanitarios y para el conjunto de la sociedad debido a su impacto en la calidad de vida de los pacientes y a las complicaciones que puede generar cuando no se maneja adecuadamente.

El asma en la infancia: una enfermedad crónica cada vez más frecuente
El asma es la principal enfermedad crónica de la infancia. Se estima que alrededor de uno de cada diez niñas y niños en el mundo padecen asma. Esta afección puede afectar significativamente la vida diaria de los niños, limitando su participación en actividades deportivas y lúdicas, interfiriendo con su rendimiento escolar y generando estrés tanto en ellos como en sus familias.
El tratamiento convencional del asma infantil se basa en dos pilares: uso de medicamentos y cambios en los hábitos de vida. Hay dos tipos de medicamentos para el asma: los que se toman a diario para evitar la inflamación de los pulmones y prevenir los ataques de asma, y los que se toman cuando hay un ataque.
En algunos casos, una enfermedad respiratoria como la gripe o una neumonía puede desencadenar el asma
En cuanto a los hábitos de vida, se recomienda evitar la exposición a alérgenos como el polvo, el humo del tabaco y los ácaros y otros factores que puedan desencadenar los ataques o inflamar los pulmones como el moho, la humedad, o la excesiva acidez en el estómago. También se recomienda prevenir en lo posible las infecciones respiratorias y fomentar una actividad física moderada.
El papel de la alimentación y la microbiota en la prevención y manejo del asma infantil
En los últimos años, un buen número de estudios han revelado que la alimentación y la microbiota intestinal juegan un papel crucial en el desarrollo y control del asma. Se ha encontrado que las dietas predominantemente vegetales y con alimentos integrales pueden ayudar a reducir la inflamación de los pulmones. Las niñas y niños que siguen estas dietas tienen menos probabilidades de sufrir asma y si lo sufren, sus síntomas son más leves y responden mejor a los tratamientos. Los estudios han encontrado que comer frutas y verduras a diario es una de las mejores formas de prevenir ataques de asma. Por el contrario, las dietas ricas en carne y lácteos y en alimentos ultraprocesados favorecen la inflamación de los pulmones y pueden incrementar la frecuencia y la gravedad de los ataques de asma.
Además, la salud de la microbiota intestinal (el conjunto de microorganismos que habitan en el intestino) está directamente relacionada con la respuesta inmune. Una microbiota intestinal sana en la infancia puede proteger frente al desarrollo del asma. ¿Qué factores influyen en la salud de la microbiota intestinal? El principal es una buena alimentación como se ha descrito anteriormente, rica en alimentos vegetales integrales que proporcionan fibra de diferentes tipos, que es el alimento de las bacterias intestinales. Pero, además, la lactancia materna, evitar el uso de antibióticos cuando no son necesarios, el descanso y sueño adecuados, la actividad física al aire libre, y el contacto temprano con animales y con la naturaleza contribuyen a crear una microbiota óptima. Los niños y niñas que viven en ciudades, especialmente aquellas con altos grados de polución, tienen más riesgo de desarrollar asma.

El asma en adultos
El asma suele empezar en la infancia, aunque puede aparecer a cualquier edad. Es frecuente que los síntomas disminuyan tras la pubertad y en muchos casos no vuelvan a aparecer. Otras personas sin embargo pueden ver cómo los síntomas resurgen varios años, o incluso décadas más tarde. No es raro ver personas de más de 70 u 80 años empezar con síntomas por primera vez, o tras haber tenido asma solo durante la infancia.
No se sabe bien por qué el asma aparece en algunas personas por primera vez después de los 20 años, pero esto ocurre con más frecuencia en mujeres que en hombres, y las hormonas pueden tener un papel, ya que muchas mujeres experimentan sus primeros síntomas durante o tras el embarazo o durante la menopausia. En una de cada tres personas adultas que desarrollan asma, éste está relacionado con algún alérgeno o sustancias irritantes en el medio ambiente o en el trabajo habitual. En algunos casos una enfermedad respiratoria como la gripe o una neumonía puede desencadenar el asma. Aunque no parece que fumar de lugar al desarrollo de asma, el tabaco sí que puede desencadenar ataques con más frecuencia, y estos ser más difíciles de controlar.
Vivir con asma puede producir un impacto psicológico significativo, especialmente cuando la enfermedad limita la participación en actividades cotidianas
Las personas con esta enfermedad pueden mejorar su pronóstico mediante hábitos como el ejercicio regular adaptado a sus capacidades, una dieta rica en antioxidantes y antiinflamatorios naturales (muchas frutas, verduras y especias, sobre todo), la reducción del estrés y el abandono del tabaquismo. Cuando el asma no se maneja adecuadamente, los pacientes pueden enfrentar diversas complicaciones, como la remodelación de las vías respiratorias, lo que provoca una disminución progresiva de la función pulmonar. Asimismo, el asma mal controlado puede derivar en condiciones como la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC).
Asma y emociones: un ciclo bidireccional
El asma y las emociones están estrechamente relacionadas en un ciclo que puede reforzarse mutuamente. El estrés, la ansiedad y la depresión, que son más frecuentes en las personas con asma que en la población general, pueden agravar los síntomas del asma al inducir cambios en el sistema inmunológico y aumentar la inflamación de las vías respiratorias. De hecho, se ha observado que los episodios de estrés intenso pueden desencadenar crisis asmáticas en personas predispuestas.
Por otro lado, vivir con asma puede producir un impacto psicológico significativo, especialmente cuando la enfermedad limita la participación en actividades cotidianas. Los niños y niñas con asma pueden experimentar frustración y aislamiento si no pueden participar en deportes o juegos con sus amigos, mientras que los adultos pueden desarrollar ansiedad ante la posibilidad de sufrir una crisis en situaciones laborales o sociales.
El Día Mundial del Asma nos recuerda la importancia de seguir trabajando en la concienciación, prevención y tratamiento de esta enfermedad
Por todo esto, el tratamiento integral del asma debe incluir no solo los medicamentos y los cambios físicos en el estilo de vida, sino también el apoyo psicológico-emocional y la educación del paciente. Es esencial incluir estrategias de manejo del estrés en el tratamiento del asma. Técnicas como la meditación, el yoga y la atención plena (mindfulness) han demostrado ser beneficiosas para reducir la inflamación y la hiperreactividad de las vías respiratorias, y mejorar la calidad de vida de los pacientes. Además, el apoyo psicológico y la educación emocional pueden ayudar a gestionar mejor la ansiedad y el miedo asociados con la enfermedad.
En resumen, el Día Mundial del Asma nos recuerda la importancia de seguir trabajando en la concienciación, prevención y tratamiento de esta enfermedad. Sabemos ya mucho sobre cómo prevenir el asma, que pasa necesariamente por una alimentación más saludable y un modo de vida más natural desde el nacimiento.
Autora: Miriam Martínez Biarge, Médico Pediatra, www.creciendoenverde.com
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