La prevalencia de alergias sigue aumentando sin tregua, especialmente en países desarrollados. Según la Academia Europea de Alergia e Inmunología Clínica (EAACI), se estima que para el año 2050 podrían afectar a la mitad de la población mundial.

Las enfermedades alérgicas, como el asma, la rinoconjuntivitis y la dermatitis atópica, afectan del 25 al 30% de la población. Y los omega-3 siguen apareciendo en las publicaciones científicas más recientes como factor nutricional interesante para esta importante cuestión de salud.
¿Qué está sucediendo? Los tiempos modernos han traído muchos cambios en lo que comemos, en lo que respiramos, en cómo vivimos. Parece ser que en el Paleolítico la ingesta de omega-3 de cadena larga, ácido eicosapentaenoico (EPA) y ácido docosahexaenoico (DHA), era de entre 660 a 14250 mg al día, cuando ahora apenas llegamos a los 100 o 200 mg por día.
Pero eso no es todo pues, además, hemos aumentado el consumo de grasas omega-6, a través sobre todo de alimentos procesados y aceites como el de girasol, que, en exceso, reducen los beneficios de los omega-3. La proporción de omega-6/omega-3 ha aumentado drásticamente y las recomendaciones actuales hablan de la importancia de elevar la ingesta dietética de omega-3.
El resultado de estos cambios en nuestra ingesta nutricional de grasas ha ido en paralelo al aumento de numerosas enfermedades autoinmunes, inflamatorias y alérgicas
El resultado de estos cambios en nuestra ingesta nutricional de grasas ha ido en paralelo al aumento de numerosas enfermedades autoinmunes, inflamatorias y alérgicas. No podemos olvidar que el cuerpo utiliza los omega-3 para resolver los procesos inflamatorios a partir del EPA y el DHA, mientras que los ácidos grasos omega-6 se utilizan principalmente para promover la inflamación, necesaria solo en algunas ocasiones, pero no de forma crónica. Por eso se encuentran relaciones entre la inadecuada proporción de omega-6/3 en los últimos 100 años con enfermedades como las alérgicas.
De hecho, los ácidos grasos omega-3 desempeñan un papel importante en la inmunomodulación y los estudios nutrigenómicos destacan que influyen en la expresión genética relacionada con las respuestas inmunes. Sabemos que muchas de las sustancias formadas a partir del omega-6 están implicadas en el asma alérgica y otras enfermedades atópicas. Una ingesta dietética elevada de omega-6 y baja en omega-3 provoca un aumento de metabolitos inflamatorios y proalérgicos y una reducción en metabolitos antiinflamatorios y antialérgicos. Los mediadores antiinflamatorios formados a partir de EPA/DHA no pueden faltar en nuestro organismo para regular la inflamación ante factores potencialmente alérgicos.
Las recomendaciones actuales hablan de la importancia de elevar la ingesta dietética de omega-3
Datos recientes muestran que un alto consumo de pescado azul, excepto de atún, se asocia con menores probabilidades de rinitis alérgica y que una mayor ingesta de omega-6 se asocia con un mayor riesgo de este problema alérgico en niños y adolescentes y, además, puede contribuir a la disbiosis de la microbiota intestinal. Muchos estudios han mostrado que la ingesta materna de pescado durante el embarazo reduce posteriormente los problemas alérgicos o atópicos en los lactantes y niños.
En adultos, se ha observado que la ingesta de ácidos grasos omega-3 reduce la incidencia de asma, la prevalencia de síntomas relacionados con el asma y mejoran las funciones pulmonares en adultos. Por el contrario, una ingesta baja de ácidos grasos omega-3 se relaciona con el aumento de bronquitis crónica, sibilancias y asma.
Si queremos mejorar los problemas de alergias, entre otros, debemos mejorar nuestra ingesta de omega-3 para llegar a un consumo diario entre 300 mg a 2 g.
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Autora: Dra. Laura I. Arranz, Farmacéutica y Dietista – Nutricionista.
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