El inicio de la alimentación complementaria es uno de los momentos más esperados, pero a veces más confusos, en la crianza. Las dudas sobre cuándo y cómo introducir las papillas son muy comunes. Hoy sabemos que no es obligatorio ofrecer papillas: la mayoría de los bebés pueden comenzar directamente con sólidos de textura y forma adaptadas. Sin embargo, las papillas pueden ser una opción válida y práctica si se utilizan de manera adecuada, como complemento o apoyo a los sólidos.

¿Cuándo está preparado un bebé para comer algo más que leche?
Las recomendaciones de la OMS y de las asociaciones de pediatría coinciden en que la alimentación complementaria debe comenzar alrededor de los 6 meses, y en ningún caso antes de los 4 meses. Más importante aún que la edad cronológica, es observar los signos de maduración que nos indican que el bebé está preparado/a:
- Puede mantenerse sentado (con algo de apoyo) y controlar bien la cabeza.
- Muestra interés por la comida de los adultos, intenta agarrarla y llevarla a la boca.
- Es capaz de abrir la boca cuando se le ofrece comida y de tragar pequeñas cantidades.
Si estos signos no están presentes, es mejor esperar, ya que el sistema digestivo y la coordinación motora aún no están listos.
Las mejores papillas para empezar
- Papillas de cereales integrales no hidrolizados, sin azúcares añadidos y preferentemente de cultivo ecológico, preparadas con agua, leche materna o fórmula.
- Papillas de verduras suaves (calabacín, patata, calabaza, zanahoria, boniato) bien cocidas y trituradas y con unas gotas de aceite de oliva al final. Unos días después de empezar se puede añadir a las verduras una cucharada sopera de legumbre (lenteja, garbanzo, alubia) bien cocida.
- Papillas de fruta fresca madura y de temporada, como plátano, pera, fresas o frambuesas, manzana cocida o melocotón.
No hay que añadir sal, azúcar ni miel a estas papillas.
La introducción de papillas u otros alimentos debe hacerse respetando siempre las señales de hambre y saciedad del bebé
Respetar al bebé: hambre, saciedad y autonomía
Debemos tener presente que la alimentación complementaria no sustituye inmediatamente a la leche, que seguirá siendo la base de la alimentación hasta el primer cumpleaños. La introducción de papillas u otros alimentos debe hacerse respetando siempre las señales de hambre y saciedad del bebé.
El bebé expresa hambre cuando se inclina hacia la cuchara, abre la boca, mueve brazos y piernas con entusiasmo o hace ruidos de alegría al ver la comida. En cambio, si gira la cabeza, cierra la boca, se distrae, juega con la comida sin comerla o se muestra inquieto, el bebé nos está indicando que ya no tiene más hambre. En estos casos, no se le debe forzar a comer ni una cucharada más.
Aunque ofrezcamos papillas con cuchara, es esencial permitir que el bebé participe activamente en su alimentación. Podemos dar al bebé su propia cuchara para que experimente, se la lleve a la boca y explore la textura. Este gesto, aunque al principio resulte torpe e ineficiente, favorece su desarrollo psicomotor fino, su coordinación ojo-mano y su autonomía. También podemos preparar de vez en cuando una papilla más espesa, y permitir que la explore con las manos. Esta es una experiencia sensorial importante que le ayuda a relacionarse con los alimentos de manera positiva.
En resumen, las papillas pueden ser una buena forma de ofrecer alimento al bebé a partir de los 5-6 meses de edad, siempre que incluyan alimentos adecuados a la edad y al desarrollo del bebé, respetemos sus tiempos, su hambre y su saciedad y no lo forcemos nunca a comer.
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Autora: Miriam Martínez Biarge, Médico Pediatra, www.creciendoenverde.com
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