Aunque asociamos las enfermedades infecciosas infantiles con los inviernos, y es cierto que son más frecuentes en los meses fríos, los veranos no están libres de infecciones por virus y otros microorganismos. De hecho, algunas infecciones se transmiten mejor con el calor.

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¿Son las guarderías lugares propicios para contraer infecciones?

Cualquier lugar donde haya un contacto estrecho entre personas favorece los contagios, y las guarderías no son excepción. Además, durante el verano, y cada vez más por el efecto del calentamiento global que nos está dando veranos más calurosos año tras año, a veces es necesario cerrar ventanas y mantener las salas frescas con aire acondicionado. Esto hace que haya poca ventilación natural y eleva el riesgo de contagiarse con cualquier virus o bacteria que haya en el ambiente. El calor hace también que los alimentos sean más susceptibles de contaminarse, especialmente si se rompe, aunque sea por poco tiempo, la cadena de frío.

Muchas enfermedades infecciosas se transmiten por medio de las manos. En el caso de las guarderías, aparte del contacto directo entre niños que ya andan, las manos de los cuidadores pueden actuar como transmisores entre unos niños y otros, sobre todo en los días en que la infección se está incubando y el niño o niña afectado parece sano y por eso no extremamos las precauciones con el lavado de manos, o al compartir utensilios o juguetes. Muchos niños que asisten a guardería adquieren estas enfermedades de hermanos mayores que están en el colegio, campamento de verano o asistiendo a la piscina; pero una vez que las tienen, las transmiten con mucha facilidad a sus compañeros y compañeras de guardería.

Antes de volver a llevar al niño/a a la guardería, es importante consultar con el pediatra cuándo esa enfermedad concreta deja de ser contagiosa

¿Cuáles son las más frecuentes en verano?

Aunque las infecciones respiratorias leves (catarros) son más comunes en invierno, algunos virus de la familia de los rinovirus y adenovirus persisten en verano debido al uso del aire acondicionado y a los cambios bruscos de temperatura.

Las conjuntivitis por virus o bacterias, que muchas veces empiezan como un simple catarro, son altamente contagiosas. Es importante aislar inmediatamente a la persona afectada y durante todo el tiempo que la infección sea activa. Las conjuntivitis en ocasiones son resistentes a los tratamientos y es necesario ser persistente con los lavados y los colirios, y manteniendo una higiene muy estricta.

Típicas del verano son las gastroenteritis víricas, principalmente las causadas por norovirus, rotavirus y adenovirus. Producen fiebre, malestar general, vómitos y diarrea, que suelen durar 5-7 días. Pueden ser serias en bebés menores de un año porque corren el riesgo de deshidratarse con mucha más rapidez que a otras edades. El agua o los alimentos contaminados (especialmente los crudos o mal refrigerados) son una de las fuentes principales de contagio, así como el contacto con los pañales de un bebé afectado. Los niños y niñas más mayores pueden contagiarse también en las piscinas.

Aunque las infecciones respiratorias leves (catarros) son más comunes en invierno, algunos virus de la familia de los rinovirus y adenovirus persisten en verano

Una enfermedad infecciosa muy típica en los menores de 5 años es la enfermedad mano-pie-boca, producida por enterovirus, el más típico es el virus de Coxsackie 16. Esta enfermedad se llama así porque salen ampollas en el interior de la boca y sarpullidos en la piel, principalmente en las palmas de las manos y las plantas de los pies, también en los glúteos. Las lesiones en la piel se suelen ver como pequeños bultos, pero a veces se transforman en ampollas. Antes de que salgan estas lesiones en boca y piel, la niña o el niño afectados suelen encontrarse decaídos, con poco apetito y a veces tienen fiebre y dolor de garganta. Durante este periodo, los niños ya son contagiosos, y este es uno de los motivos por los que esta enfermedad se propaga con tanta facilidad en guarderías. Aunque esta es una enfermedad leve, las llagas de la boca pueden ser muy dolorosas y producir irritabilidad y pérdida de apetito durante unos días.

El calor y la humedad del verano facilitan infecciones en la piel. Estas son principalmente de dos tipos: las causadas por hongos (sobre todo en pliegues de la piel o en el cuero cabelludo) y las producidas por bacterias. Los bebés que sufren de dermatitis en el área del pañal pueden ser más proclives a que con el calor y la humedad del verano la piel de esta zona se sobreinfecte con cándidas. Las lesiones por cándidas son de color rojo intenso y suelen aparecer en las ingles, aunque es característico que aparte de la lesión principal veamos otras menores a cierta distancia (se llaman «lesiones satélite»). La candidiasis del pañal se trata con cremas especiales para hongos que debe prescribir el pediatra.

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Las bacterias que pueden producir con más frecuencia infecciones en la piel son los estreptococos y los estafilococos. Esta infección se llama impétigo y es muy contagiosa, se propaga con facilidad entre familiares y en las guarderías, especialmente cuando el clima es cálido y húmedo; incluso puede reinfectar a una misma persona en los días siguientes. Muchas veces el impétigo se produce a consecuencia de una herida, corte o picadura que se infecta. Los niños y niñas con piel atópica tienen más riesgo de padecer esta infección porque la barrera natural de su piel es más vulnerable.

Las lesiones del impétigo son rojas, abultadas y a veces se forman llagas con líquido que se transforman en costras amarillentas o de color miel. En bebés y niños y niñas pequeños las llagas rojas suelen aparecer alrededor de la nariz y la boca, y también en manos y pies. Es esencial acudir al pediatra cuanto antes, pues es necesario tratar esta infección pronto con antibióticos para evitar que se extienda o que penetre en capas profundas de la piel.

Las bacterias que pueden producir con más frecuencia infecciones en la piel son los estreptococos y los estafilococos

Prevención

La mejor es evitar llevar a los niños y niñas pequeños a la guardería. Cuanto más pequeños son, menos preparado está su sistema inmunológico para afrontar la avalancha de virus y otros agentes infecciosos que se pueden transmitir en guarderías y otros lugares con contacto estrecho entre personas. No es lo mismo enfrentarse a una diarrea o a una conjuntivitis con 2-3 años que con 6 meses.

Es importante la ventilación periódica de las salas donde están los niños y niñas, aunque haga calor. Hay que evitar también enfriar en exceso los interiores y evitar los contrastes frío-calor. Es esencial desinfectar frecuentemente las salas, así como todos los juguetes y otros objetos que se usan diariamente, así como tener un control y cuidado estricto con los alimentos.

Si tu hijo o hija tiene síntomas de estar empezando un proceso infeccioso, no lo lleves a la guardería. Incluso aunque mejore al tomar un paracetamol. El paracetamol no impide la transmisión de los microorganismos a otras niñas y niños y a los cuidadores; además el niño/a afectado debe permanecer tranquilo y supervisado en casa.

Antes de volver a llevar al niño/a a la guardería, es importante consultar con el pediatra cuándo esa enfermedad concreta deja de ser contagiosa. Por ejemplo, en la enfermedad mano-pie-boca, el virus se puede transmitir mientras siga habiendo llagas en la boca, aunque hayan pasado ya días o semanas.

Autora: Miriam Martínez Biarge, Médico Pediatra, www.creciendoenverde.com

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