Debido a la amplitud y complejidad del tema, se presentará en tres partes. En esta primera nos centraremos en conocer las demencias y el Alzheimer. En el próximo artículo, los tratamientos de estas patologías y consejos prácticos. Y en un tercero explicaremos cómo cuidar a estos pacientes y apuntaremos consejos para mejorar la memoria.

Demencia y Alzheimer
Con el aumento de la esperanza de vida, vemos cada vez más en nuestro entorno un mayor número de personas con problemas de pérdidas de memoria. Se calcula que dos de cada tres personas tienen o han tenido en su entorno a una persona con Alzheimer.
Es cierto que con el paso de los años nuestro cuerpo envejece y se modifica. Salen arrugas en la piel, el pelo se cae o se vuelve más blanco, las orejas aumentan de tamaño, las articulaciones están más rígidas, etc. Pero además de todos esos cambios observables a simple vista, ocurren otros que no vemos. Uno de ellos es que nuestro cerebro también se modifica con el paso del tiempo, su peso y volumen se reduce con la edad y a estos cambios asociados al envejecimiento, a veces se suman las enfermedades conocidas como “demencias”. Refiriéndonos al funcionamiento cerebral, existen dos tipos de personas de edad avanzada: las que envejecen de forma saludable y las que acompañan su proceso de envejecimiento con patologías que afectan al funcionamiento a nivel cerebral, las llamadas demencias.
Lo que hasta ahora se conocía como demencia senil, según los científicos en realidad no existe, si hay demencia hay una patología que acompaña a la edad. La pérdida de memoria a medida que se envejece no es obligatoria, puede resultar más difícil recuperar alguna información de la memoria, necesitar más tiempo para hacer algunas cosas o ser más difícil adaptarse a algunos cambios. Pero cuando una persona presenta demencia, sea a la edad que sea, es porque algo la está causando, pero no es una consecuencia normal del envejecimiento. Probablemente, muchos de los casos que se atribuyeron erróneamente a “demencia senil” fueron, en realidad, casos de enfermedad de Alzheimer o de demencia debida a otra causa.
¿Qué es la demencia?
La demencia no es una enfermedad específica, es un término general en el que se incluyen todas aquellas enfermedades neurodegenerativas que afectan las capacidades cognitivas (memoria, comunicación, lenguaje, comportamiento, razonamiento…) de una forma suficientemente significativa como para dificultar la actividad diaria de la persona. En función de la causa y las zonas cerebrales afectadas, predominarán unos síntomas u otros y la evolución de la demencia será diferente.
Alzheimer
El Alzhéimer es un tipo de demencia que lleva el nombre del médico que la diagnosticó por primera vez, Alois Alzheimer. Es la demencia más común, en España hay alrededor de 800.000 personas afectadas por esta enfermedad. Se calcula que entre el 60-80% de las demencias son alzhéimer. La enfermedad de Alzheimer es producida por unas alteraciones cerebrales que provocan que las neuronas no se comuniquen correctamente entre ellas causando la demencia. La enfermedad de Alzheimer va empeorando lentamente con el tiempo. Las personas desarrollan esta enfermedad a ritmos diferentes y en varias etapas: preclínica, inicial (leve), moderada, moderadamente severa, severa, muy severa y terminal.

¿Qué otras demencias existen?
La segunda demencia más común es la demencia vascular que se produce cuando el cerebro no recibe suficiente sangre y oxígeno (por ejemplo, un ictus o un derrame), una parte del cerebro se daña y se produce la demencia vascular. Puede aparecer de repente después de sufrir alguna lesión cerebral y su evolución y síntomas variarán según la zona afectada y la cantidad de lesiones producidas.
Existen más de un centenar de enfermedades que, entre sus consecuencias, tienen asociado el síndrome de demencia, como la demencia por cuerpos de Lewy, la demencia frontotemporal o la producida por el alcoholismo crónico y otras patologías que pueden ser causa de deterioro cognitivo o de demencia. Existe también la demencia de inicio temprano (los síntomas aparecen antes de los 65 años) que representa hasta un 9% de los casos.
Signos y síntomas del Alzheimer
La enfermedad de Alzhéimer no aparece de repente. A veces, la persona tiene cambios de humor o de conducta antes de que empiecen los problemas de memoria. Al principio puede olvidar cosas o hechos recientes, perder o extraviar objetos, perderse en la calle o conduciendo, perder la noción del tiempo, tener dificultades para tomar decisiones o hacer tareas habituales o encontrar palabras en una conversación, etc. El propio enfermo puede sentir ansiedad o enfado por notar que pierde la memoria. Durante muchos años puede progresar con pocos síntomas porque el cerebro tiene cierta capacidad para ir compensando estas alteraciones. Sin embargo, llega un momento en que ya no lo puede “ocultar” más y es cuando empiezan a aparecer los indicios de deterioro cognitivo.
Es una enfermedad neurodegenerativa progresiva, lo que significa que empeora con el tiempo y la persona afectada acaba perdiendo la capacidad de realizar sus tareas cotidianas. El principal síntoma inicial y característico es la pérdida de memoria para los hechos recientes, una incapacidad o dificultad de retener información reciente, conservándose durante más tiempo los recuerdos que forman parte de la memoria más remota, como pueden ser los recuerdos de juventud e infancia. Según avanza la enfermedad, van apareciendo problemas con el lenguaje, la atención, la orientación, el razonamiento, el reconocimiento, la dificultad para hacer tareas simples, la pérdida de iniciativa, etc., y aumenta la necesidad de ayuda con los cuidados personales.
Las personas con demencia pueden no ser capaces de reconocer a familiares o amigos, desarrollar dificultades para desplazarse, perder el control sobre la vejiga y los intestinos, tener problemas para comer y beber, y experimentar cambios de comportamiento, como exhibir una conducta agresiva, que provocan inquietud tanto en la persona con demencia como en las que lo rodean. El avance y la evolución de la enfermedad es muy diferente de unos enfermos a otros. Las personas afectadas siempre terminan requiriendo de una atención continuada, que suele recaer en algún familiar o en una residencia especializada.
Factores de riesgo
No modificables: la edad es el principal factor de riesgo no modificable para tener Alzheimer. No obstante, no es una consecuencia inevitable de envejecer. También es importante saber que no se trata de una enfermedad hereditaria y que solo en el 1% de los casos se puede atribuir directamente a la genética. El Alzheimer afecta a 1 de cada 10 personas mayores de 65 años y a un tercio de las personas mayores de 85.
Modificables: los científicos advierten de que uno de cada tres casos de Alzheimer se podría prevenir con la adopción de hábitos de vida saludables que podrían influir en la aparición o prevención de la enfermedad. Se puede reducir el riesgo de padecer deterioro cognitivo y demencia haciendo ejercicio con regularidad, no fumando, evitando el consumo nocivo de alcohol, controlando el peso, siguiendo una dieta saludable y manteniendo una tensión arterial y unos niveles de colesterol y de glucemia adecuados. Otros factores de riesgo adicionales incluyen la depresión, el aislamiento social, el bajo nivel educativo, la inactividad cognitiva y la contaminación atmosférica.
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Autora: Dra. Marta Castells, Farmacéutica
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