En nuestra sociedad hemos creado un relato uniformemente positivo sobre la adopción. Aunque es cierto que la adopción es la mejor solución que hemos encontrado para paliar el terrible problema de los menores que se quedan sin su madre o sin sus padres, para los niños y niñas que sufren un abandono y pasan por un posterior proceso de adopción la experiencia está lejos de ser positiva, y en muchos casos deja secuelas que si no se reconocen y tratan a tiempo pueden persistir durante toda la vida.

123rf Limited©fizkes

Los estudios muestran que los niños y niñas que son adoptados sufren problemas mentales con más frecuencia que los no adoptados, también después de la adopción. Los problemas a los que se enfrentan estas personas durante la infancia y en la vida adulta incluyen depresión, ansiedad, trastornos obsesivos, hiperactividad e inatención, y trastorno de estrés postraumático.

El trauma de la separación

Los bebés empiezan a desarrollar un vínculo con su madre mientras están en su vientre. La separación de un bebé de su madre biológica, por el motivo que sea, crea en el bebé un estado de estrés, hipervigilancia y desconfianza por secreción excesiva de la hormona cortisol. Es muy común que este estado continúe manifestándose en el niño o niña adoptado por el resto de su vida, de forma inconsciente y sea para él o ella algo natural. Algunos niños y niñas, además de la separación de su madre o padre biológicos, sufren también negligencia o abuso, por parte de sus familiares o de otros cuidadores, y algunos pasan meses o años en instituciones. Esto contribuye aún más al trauma de separación original.

Algunos padres adoptivos no pueden continuar con el proceso de adopción y la niña o el niño adoptado deben volver a ser custodiados por el Estado hasta que se les encuentre otra familia. Sobre este tema también se habla poco porque existe mucha culpa, pero algunos estudios informan de que puede llegar a ocurrir hasta en uno de cada cinco o de cada cuatro procesos de adopción.

No es realista esperar que se forme un vínculo instantáneo o que el pequeño se sienta inmediatamente cómodo y feliz

Síndrome del niño adoptado

Aunque este término, que fue acuñado por el psicólogo David Kirchner en los años 90, no se reconoce oficialmente, se usa a menudo para describir las complicaciones psicológicas que pueden sufrir estas niñas y niños como consecuencia del abandono y posterior adopción. Estas dificultades se manifiestan muchas veces en forma de lo que los adultos llamamos «problemas de comportamiento», por ejemplo conductas desafiantes u oposicionistas, o incluso violentas. Desde la perspectiva infantil, sin embargo, estos comportamientos son la expresión del duelo y el trauma no procesados, ya que ellos no tienen otra forma de comunicarse.

  • Problemas de identidad. Incluso antes de saber que han sido adoptados, algunas niñas y niños perciben que son diferentes al resto de la familia adoptiva y se pueden sentir desconectados. Esto es más marcado en el caso de las adopciones internacionales, ya que las diferencias físicas y las culturales son todavía más obvias.
  • Dificultades para formar vínculos. A consecuencia de la ruptura del vínculo original con su madre biológica, estos menores tienen dificultades para formar un apego seguro con los padres adoptivos y más adelante problemas para establecer vínculos emocionalmente maduros y saludables con amigos y parejas. El miedo inconsciente a un nuevo abandono a menudo conduce a no querer comprometerse emocionalmente con nadie o por el contrario a aferrarse a cualquier relación.
  • Problemas de autoestima. El sentimiento de que fueron rechazados por las personas que se suponía que más los tendrían que querer impacta negativamente en la autoestima. Estas niñas y niños pueden sentir que no son dignos de amor y pueden ver constantemente signos de rechazo en los actos de otras personas.
  • Vergüenza y culpa. Las niñas y niños adoptados pueden sentirse responsables por haber sido abandonados, pueden pensar que fue debido a que había algo mal en ellos. También es posible que intenten ocultar que fueron adoptados, si sienten que van a ser juzgados socialmente por ello o si esto les va a restar oportunidades laborales o románticas.
  • Duelo prolongado. Si no se reconoce y atiende el trauma de la separación original, estos menores pueden arrastrar sentimientos de tristeza por su familia e infancia perdidas, durante décadas.
123rf Limited©fizkes

¿Qué sienten los niños y niñas adoptados y cómo nos piden que los ayudemos?

Gracias a los testimonios individuales y a las asociaciones de personas que fueron adoptadas, conocemos cada vez mejor el mundo mental y emocional de estos menores, así como sus dificultades. El proceso de adaptación a la familia adoptiva es lento, especialmente cuando el niño o la niña son más mayores; y estos menores nos piden que les demos tiempo. No es realista esperar que se forme un vínculo instantáneo o que el pequeño se sienta inmediatamente cómodo y feliz. La transición al nuevo hogar se puede facilitar designando una habitación propia para el nuevo miembro de la familia, facilitando que conserve pertenencias previas, y preparando comidas que formaran parte de su dieta habitual. Si el niño o niña adoptado procede de una cultura o religión diferentes, o habla otro idioma, es importante hacer un esfuerzo para aprender sobre esto antes e incorporar algunas tradiciones del menor en la nueva rutina familiar. Aprender algunas frases del idioma materno del hijo o hija adoptado puede ayudarle tremendamente a sentirse más cómodo y aceptado.

Un número importante de personas adoptadas quieren encontrar a sus padres biológicos y contactar con ellos. Esto no significa que hayan dejado de querer a su familia adoptiva ni que les reprochen nada. El deseo de encontrar sus orígenes, de ver a quién se parecen física y psicológicamente, puede ayudarlos a cerrar su crisis de identidad. Los estudios muestran que establecer y mantener contacto con la familia biológica, cuando las circunstancias lo permitan, es positivo en muchos aspectos, también si se produce durante la infancia.

El deseo de encontrar sus orígenes, de ver a quién se parecen física y psicológicamente, puede ayudarlos a cerrar su crisis de identidad

Una petición que casi todos nos hacen es que no les digamos: «qué suerte tuviste» («al ser adoptado por una familia tan buena»). Sí, podría haber sido peor sin la adopción, pero no es una suerte que tus padres te abandonen y este dolor es lo que más pesa en el corazón de las personas adoptadas.

Cuando los niños y niñas adoptados muestran problemas emocionales o dificultades en su comportamiento, nos piden que no lo tomemos como una muestra de ingratitud por su parte o como un fallo nuestro, sino que busquemos ayuda para resolverlo. Es esencial que el terapeuta que elijamos esté familiarizado con estos problemas y reconozca que son reales.

A pesar de todas estas dificultades no podemos olvidar que una adopción satisfactoria, que es la que tiene lugar en la mayor parte de los casos, puede ayudar a los niños y niñas que no pueden vivir con sus padres biológicos a superar las experiencias adversas iniciales y los traumas, a tener un desarrollo mental y emocional sano y a ser felices. Para ello es necesario que las familias adoptivas, los pediatras, los profesores y los psicoterapeutas conozcan la realidad de la adopción y sepan reconocer y tratar pronto los problemas psicológicos que pueden padecer estos menores.

Autora: Miriam Martínez Biarge, Médico Pediatra, www.creciendoenverde.com

Suscríbete a la Newsletter y recibe El Botiquín Natural gratis cada mes en tu correo

El Botiquín Natural, Prensa Independiente y Gratuita
Leer
El Botiquín Natural Agosto 2024