Todos podemos desarrollar malos hábitos, a cualquier edad. En la infancia algunos hábitos pueden ser irritantes o molestos, pero inocentes, mientras que otros pueden tener consecuencias más negativas.

Malos hábitos menores
Algunos «malos hábitos» que muestran los niños y niñas son comportamientos repetitivos, como chuparse el pulgar, morderse las uñas, tirarse del pelo, masticar objetos no comestibles (como la ropa o los lápices), meterse el dedo en la nariz… En la mayoría de los casos el niño o la niña no es consciente de este comportamiento, en algún momento lo empezó a hacer porque le reconfortaba, o le calmaba la ansiedad o el aburrimiento, y se ha convertido en una costumbre. En estos casos es necesario hacerlos conscientes de este hábito, mediante recordatorios frecuentes, para ayudarlos a dejarlo atrás. Es mejor esperar hasta que han cumplido 4-5 años y pueden comprender lo que están haciendo.
Algunos niños y niñas pequeños, cuando están nerviosos, hambrientos, aburridos o con sueño, pueden mostrar comportamientos que parecen anormales y que suelen preocupar o asustar a los padres, como balancear el cuerpo o la cabeza o golpearse la cabeza contra una superficie. En la mayoría de los casos estos comportamientos no significan que el niño tenga un problema mental o psicológico, y desaparecen espontáneamente antes de los 5 años, pero si persisten en el tiempo o se acompañan de otros signos preocupantes es conveniente comentarlo con el pediatra.
Regañar y castigar solo empeora el problema: recuerda que en la mayoría de los casos los niños mienten para evitar un mal mayor
Malos hábitos que pueden ser perjudiciales en la infancia
Algunas costumbres o comportamientos sí que pueden tener una repercusión negativa en la salud física o mental infantil y deben ser examinados (para prevenirlos y erradicarlos) con más cuidado.
Los niños y las niñas generalmente desarrollan malos hábitos por imitación de otros niños o de sus familiares. Antes de regañar a tu hija o hijo por una mala costumbre que tenga, sería bueno que te miraras al espejo: es muy probable que tú estés haciendo lo mismo. Los niños son excelentes imitadores.
Mentir. Lo primero que debemos entender es que el concepto de mentir no podemos aplicarlo a las niñas y niños menores de 4-5 años. Por debajo de esta edad todavía no saben distinguir bien entre realidad y fantasía y pueden perfectamente contar algo que está en su cabeza pensando que es real. Oficialmente, no están mintiendo. Cuando son más mayores, ya saben lo que están haciendo y en la mayoría de los casos, cuando mienten es por alguna razón. Los niños y niñas mienten para evitar un castigo o para evitar decepcionar o enfadar a sus padres. También mienten para conseguir la atención de otras personas, o para ganarse su admiración y respeto. El otro motivo frecuente es para poder entrar en un grupo de otros niños/as o porque algún amigo les ha pedido que guarden un secreto, por ejemplo.
Si mentir se convierte en un hábito tendrá consecuencias negativas en la autoestima, en la salud emocional y en las relaciones sociales del niño/a, por eso hay que tomar este asunto en serio. Regañar y castigar solo empeora el problema: recuerda que en la mayoría de los casos los niños mienten para evitar un mal mayor. Por lo tanto, habrá que averiguar por qué lo hacen y corregir esa causa. Si un niño exagera constantemente lo que ha pasado en busca de atención y respeto tendremos que ver si es que se siente carente de ambas cosas y habrá que proporcionárselas de formas más saludables.
Si hay un mal hábito que los niños copien directamente de los adultos es el uso excesivo de pantallas de todo tipo
Decir tacos o palabras groseras. Igualmente, este es un hábito que los niños y niñas copian de sus amigos o de adultos. En muchos casos no entienden bien el significado de lo que están diciendo y en la mayoría de ellos no hay ninguna mala intención. Aunque no sepan lo que significa una palabrota, los niños/ as sí que intuyen que está prohibida, que es tabú, o que produce emociones variadas en quien las oye. Esta es una de las razones por las que pueden habituarse a usarlas: para conseguir una atención que no obtienen de otra forma. Pero también pueden decirlas para sentirse más mayores, o parte de un grupo especial.
Como con las mentiras, es importante comprender la razón que está detrás de este comportamiento y no simplemente regañar o castigar al niño/a. Una vez corregida la causa, podremos explicar por qué no es conveniente usar determinadas palabras, y buscar juntos una forma de superar este mal hábito.

Adicción a las pantallas. Si hay un mal hábito que los niños copien directamente de los adultos es el uso excesivo de pantallas de todo tipo. El uso continuado e incontrolado de teléfonos inteligentes y dispositivos similares está afectando de manera muy negativa a toda la población. Pero sin duda la infancia y adolescencia se llevan la peor parte, ya que el cerebro en desarrollo es mucho más vulnerable a estos estímulos negativos y el daño puede ser permanente.
Los menores de 2 años no deberían estar expuestos a pantallas salvo en momentos muy puntuales y por razones muy concretas (por ejemplo una video llamada con un familiar). Entre los 2-5 años el uso debería estar muy limitado, a una hora al día o menos y siempre que la actividad tenga un propósito específico (aprender una canción, por ejemplo). A partir de los 5 años el uso debería seguir estando regulado y limitado en el tiempo. Las niñas y niños deben pasar tiempo al aire libre a diario y estar en contacto con la naturaleza y con objetos reales, físicos. Esto es esencial para su desarrollo armónico y bienestar emocional. Si los niños ven a sus padres colgados a sus móviles, si los teléfonos están en la mesa mientras comemos y la TV está encendida todo el rato, es imposible que los niños no adquieran este mal hábito y no se enganchen ellos mismos.
El azúcar y los malos alimentos en general, tomados de forma continua, hacen estragos en la salud infantil
Adicción a las golosinas, refrescos y otros productos poco saludables. Este otro mal hábito está también causado directamente por los adultos. Antes de la edad escolar las niñas y niños no tendrían la posibilidad de conocer la comida basura si sus padres y otros familiares no se la enseñaran. Menos aún tienen la capacidad para ir a comprarla. Desgraciadamente, muchos niños no solo ven a sus padres comer estas cosas a diario en casa, sino que les son ofrecidas directamente, en muchas ocasiones como recompensa por hacer algo bien.
Existe el mito generalizado de que una infancia sin azúcar no es digna de ser vivida, y que un niño o una niña no puede ser feliz sin galletas, helados o golosinas. Esto no es más que una proyección de nuestros propios deseos y carencias en nuestros hijos o nietos (aquí los abuelos y abuelas juegan un papel fundamental- muchos creen, inconscientemente, que pueden “comprar” el amor de sus nietos si les dan dulces, especialmente si los padres los están intentando restringir), y no una necesidad real. Las niñas y niños necesitan afecto y cuidados, no azúcar. El azúcar y los malos alimentos en general, tomados de forma continua, hacen estragos en la salud infantil, y ofrecerlos no puede ser visto como un acto de amor o de buenos cuidados.
Una vez que un niño prueba estos productos, va a empezar a exigirlos y la situación va a ser mucho más difícil de manejar. Así que la clave es: no empieces. No tengas estos productos en casa, comedlos solo en momentos especiales y fuera de casa. No los ofrezcas y no dejes que otros lo hagan.
Autora: Miriam Martínez Biarge, Médico Pediatra, www.creciendoenverde.com
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