Trastornos afectivos es el nombre que se usa para hablar de la depresión y del trastorno bipolar. Un término equivalente es trastornos del estado de ánimo. Aunque pueda parecernos extraño en un primer momento ya que solemos asociar la infancia con una etapa de alegría y falta de responsabilidades y preocupaciones, los niños, niñas y adolescentes también pueden verse afectados por la depresión, más de lo que pensamos y desgraciadamente más de lo que conseguimos diagnosticar.

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Identificar los trastornos afectivos a estas edades no siempre es fácil y muchos menores sufren en silencio durante años. Pero este es un tema que las familias y los profesionales debemos tomarnos muy en serio, puesto que la depresión y el trastorno bipolar en la infancia y en la adolescencia son problemas médicos reales y serios que no solo causan un enorme sufrimiento, sino que aumentan el riesgo de suicidio y de consumo y dependencia de drogas.

¿A quién pueden afectar estos trastornos?

A cualquier persona, independientemente de nuestra edad, sexo y circunstancias sociales. Sin embargo, sabemos que tener familiares con estas enfermedades aumenta nuestro riesgo de tenerlas, y esto es así también en la infancia y adolescencia, donde el riesgo se multiplica por tres si uno de los progenitores tiene un trastorno afectivo. Aunque en la infancia tanto los niños como las niñas pueden verse afectados con la misma frecuencia, a partir de la adolescencia y durante el resto de la vida las mujeres tienen más riesgo de sufrir depresión que los hombres. La depresión afecta a 2 de cada 100 niñas y niños y hasta a 8 de cada 100 adolescentes. El trastorno bipolar puede afectar a un 2-3% de niños/as y adolescentes. Parece que los adolescentes con trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) tienen más riesgo de padecer trastorno bipolar que la población general.

Síntomas de depresión en la infancia y adolescencia

y por eso puede ser difícil pensar en esta enfermedad si no la tenemos en mente. A estas edades la depresión puede presentarse como un problema de comportamiento, un niño o niña “difícil” o que “se porta mal”, más que un niño o niña triste. Por ello siempre hay que recordar que los niños/as nunca se “portan mal” sin motivo, y que los problemas de comportamiento esconden otro problema más profundo en la mayoría de los casos, por lo que es necesario tomarlos en serio y consultar con el pediatra o con un psicólogo infantil lo antes posible. Castigar a los niños y niñas que se “portan mal” no sirve de nada y solo prolonga el problema.

Castigar a los niños y niñas que se “portan mal” no sirve de nada y solo prolonga el problema

A los niños y niñas con depresión no se les suele ver tristes, sino que suelen mostrarse irritables y ansiosos y oponerse a lo que se les pide, incluso con brotes de ira. Además, tienden a aislarse de los amigos, a jugar menos o no hacerlo y a mostrar desinterés y apatía.

Es muy probable que se quejen de cansancio, dolor de cabeza, dolor abdominal y dolores y molestias en otras partes del cuerpo aunque los exámenes médicos no encuentren una causa física para ello. Este es otro signo importante que debemos siempre tener en cuenta: una niña o un niño que se queja constantemente de molestias para las que no se encuentra causa física nos está advirtiendo de una posible depresión u otro trastorno afectivo, y hay que tomarlo en serio e investigarlo, y no regañar al niño/a diciéndole que “se inventa las cosas” o que tiene “cuentitis”.

Las niñas y niños no manifiestan la depresión como los adultos, y por eso puede ser difícil pensar en esta enfermedad si no la tenemos en mente

La depresión en los adolescentes suele parecerse más a la de los adultos y por ello es más fácil de identificar. A esta edad aparece ya claramente la tristeza, que se combina con sentimientos de desesperanza, baja autoestima y culpa. Es muy frecuente que el adolescente con depresión note falta de energía y dificultad para concentrarse, lo que puede repercutir en el rendimiento académico y deportivo.

También son frecuentes los problemas para dormir, los cambios en el apetito y las molestias físicas frecuentes. Es común que la depresión lleve a querer alejarse de los amigos y a perder el interés por los deportes o actividades que antes le gustaban.

¿Qué hacer si sospechas una depresión o un trastorno bipolar en tus hijos u otros menores?

Como decíamos al principio, estos trastornos son difíciles de diagnosticar, por lo que es crucial buscar ayuda profesional en cuanto los sospechemos. El primer paso es siempre consultar con el pediatra. Si el pediatra ve indicios de un trastorno afectivo, puede remitir al niño/a o adolescente a un psiquiatra infantil, que es el especialista mejor preparado para diagnosticar y tratar estas enfermedades.

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Tratamiento de los trastornos afectivos en la infancia y adolescencia

El tratamiento principal de la depresión es la psicoterapia, que en el caso de los niños y adolescentes debe ser realizada por profesionales expertos en estos grupos de edad. Hay muchas modalidades de psicoterapia, algunas individuales, otras familiares y otras en grupo, y elegir una u otra depende de las circunstancias personales y familiares de cada paciente, de sus preferencias, de la disponibilidad de terapeutas y de la opinión del propio profesional.

Muchas depresiones leves y moderadas responden bien a la psicoterapia, sobre todo cuando esta se inicia pronto y por profesionales experimentados, y cuando existe apoyo por parte de la familia, los amigos y la escuela.

Puede ser conveniente como parte del tratamiento de la depresión revisar y optimizar la dieta familiar con un nutricionista

Para depresiones graves o moderadas que no respondan bien a la psicoterapia solo, se pueden usar algunos medicamentos antidepresivos. Esto lo debe indicar y monitorizar siempre el psiquiatra infantil, ya que estos medicamentos conllevan efectos secundarios importantes y en algunos casos aumentan el riesgo de suicidio, sobre todo al principio del tratamiento. Solo unos cuantos antidepresivos de los que se usan para adultos están autorizados en la edad infantil; y se deben usar siempre como complemento a la psicoterapia.

Aunque el hipérico o hierba de San Juan se ha usado con éxito en adultos con depresión leve-moderada, no hay estudios sobre los efectos de esta planta medicinal en niños y adolescentes, por lo que no debemos usarla.

Cualquiera que sea la terapia o terapias que se apliquen a cada menor, tres aspectos importantes del estilo de vida pueden influir significativamente en la evolución de la depresión y hay que informar de ellos al niño/a o adolescente con depresión y a su familia:

  • El ejercicio físico mejora el estado de ánimo y se aconseja que estos niños y adolescentes hagan 2-3 horas de cualquier ejercicio que les guste a la semana.
  • Una alimentación rica en frutas, verduras, cereales integrales, legumbres, y frutos secos, y baja en alimentos precocinados, productos de bollería y otros alimentos con azúcar, embutidos y otros alimentos ricos en grasa saturada, puede mejorar la depresión y prevenir futuros episodios. Puede ser conveniente como parte del tratamiento de la depresión revisar y optimizar la dieta familiar con un nutricionista.
  • El sueño adecuado es imprescindible para mantener un estado de ánimo normal y estable. Los niños y adolescentes con depresión y sus familias deben aprender a implementar rutinas que favorezcan un sueño de calidad.

Autora: Miriam Martínez Biarge, Médico Pediatra, www.creciendoenverde.com

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