La preocupación por la salud y el bienestar de la infancia es un fenómeno reciente en la historia de la humanidad. Hasta hace no más de 150-200 años, los niños y sobre todo las niñas, eran considerados una carga, o en el mejor de los casos, mano de obra cuando alcanzaban la capacidad para ello. Un gran porcentaje de niñas y niños morían en los primeros años de vida, esto era considerado natural e inevitable. Los niños, y sobre todo las niñas nuevamente, eran los últimos en recibir comida y otros recursos y era raro que fueran evaluados por un médico si enfermaban.

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123rf Limited©paschalokwara. Alimentación infantil en los paises pobres

La situación ha cambiado dramáticamente y ahora todas las sociedades del planeta reconocen el valor y la vulnerabilidad de este periodo de la vida. Gobiernos y sociedad civil han puesto todo su empeño a lo largo del último siglo en mejorar las condiciones de vida de la infancia y este esfuerzo ha dado sus frutos. Al menos en los países de rentas altas y medias, las niñas y los niños tienen condiciones de vida dignas y la inmensa mayoría llegarán a la vida adulta con salud. Sin embargo, nuevos retos acechan a la infancia en todos los rincones del planeta.

Los retos en los países de rentas medias y altas

Obesidad

La obesidad infantil es una auténtica pandemia que tiene consecuencias catastróficas para toda la sociedad. Según la OMS, 39 millones de niñas y niños menores de 5 años tenían sobrepeso u obesidad en 2020 en todo el mundo; y más de 340 millones de niños y adolescentes de 5-19 años tenían sobrepeso o eran obesos en el año 2016. Junto con el aumento de la obesidad están aumentando las enfermedades asociadas a esta condición, como la diabetes, la hepatopatía grasa, la hipertensión y la aterosclerosis, que hasta hace 20 años solo se veían muy excepcionalmente en la infancia.

No solamente el número de calorías, sino la calidad de la dieta, están relacionadas con esta pandemia de sobrepeso. Numerosos estudios han mostrado que el consumo de productos ultraprocesados y azucarados está relacionado con el desarrollo de la obesidad infantil, así como las dietas ricas en proteínas animales, especialmente cuando se siguen en los primeros años de vida. La falta de lactancia materna y su sustitución por fórmulas infantiles a base de leche de vaca durante el primer año de vida es otro factor de riesgo importante.

La presencia de pesticidas en toda la cadena alimentaria y en la propia atmósfera afecta especialmente al sistema inmune y endocrino infantil

Salud mental

Uno de cada 10 niños y niñas en todo el mundo padece un problema de salud mental, según datos de la OMS. Las tasas de ansiedad y la depresión en la infancia y adolescencia, así como el número de niños tratados con fármacos antidepresivos ha aumentado en la última década, especialmente durante los años de la pandemia. El suicidio es la cuarta causa de muerte entre los 15 y los 19 años y alcanzó un pico durante la pasada pandemia.

Acoso escolar y otras formas de violencia contra la infancia

Según datos de la OMS, a nivel mundial, 1 de cada 2 niñas y niños de entre 2 y 17 años sufre algún tipo de violencia cada año. Esto incluye la violencia física, sexual y emocional, así como el abandono y la explotación; y pueden ocurrir en el propio hogar o fuera de él.

El acoso escolar es un fenómeno de interés creciente que ocurre en todos los países donde se recogen cifras sobre este fenómeno. Por ejemplo, una investigación reciente del Ministerio de Educación británico reveló que el 40% de los alumnos de un determinado curso habían sufrido acoso en los últimos 12 meses. La forma más común de acoso fueron los insultos (también a través de mensajes en el móvil) seguidos de la exclusión de grupos sociales.

Además del impacto en la salud mental, el acoso es una causa directa de absentismo escolar y repercute negativamente en el rendimiento académico y por tanto en las futuras posibilidades profesionales. El acoso a través de redes sociales no deja de crecer y es particularmente difícil de hacerle frente. Relacionado con esto está el problema de la exposición de la intimidad de niños y niñas en redes sociales, muy a menudo por sus propios padres que buscan con ello un beneficio económico, y que es posible debido a la laxitud de las leyes.

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123rf Limited©vlarvix. Obesidad infantil

Pérdida de contacto con la naturaleza

La infancia en la mayoría de los países ricos sufre un déficit crónico de contacto con la naturaleza. La mayoría de las niñas y niños que viven en ciudades pasan sus días encerrados en colegios y al terminar permanecen en sus casas o haciendo actividades extraescolares en sitios cubiertos. Son pocas las familias que al menos durante los fines de semana puedan o se propongan salir al campo, la playa o la montaña; los centros comerciales son más accesibles y populares.

Esto tiene consecuencias adversas tanto a nivel físico como psicológico: aumento de alergias y asma, falta de vitamina D, pérdida de visión de lejos (miopía), poca actividad física, pobre desarrollo psicomotor y aumento de la hiperactividad y la inatención, así como sentimientos de ansiedad y depresión.

El cambio climático

Las consecuencias del cambio climático son especialmente importantes en la población infantil. Un número creciente de niños y niñas en todo el planeta está siendo expuesto a aire de mala calidad, lo que afecta al desarrollo de sus pulmones, corazón y cerebro. La presencia de pesticidas en toda la cadena alimentaria y en la propia atmósfera afecta especialmente al sistema inmune y endocrino infantil, induciendo cambios en el desarrollo de la pubertad que pueden tener consecuencias en la salud general y reproductiva a largo plazo.

Otros riesgos medioambientales que sufren de forma creciente los niños y las niñas, de acuerdo con el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia son: escasez de agua, olas de calor, enfermedades transmitidas por vectores, ciclones, inundaciones fluviales e inundaciones costeras.

Las tasas de ansiedad y la depresión en la infancia y adolescencia, así como el número de niños tratados con fármacos antidepresivos ha aumentado en la última década

La infancia en los países más pobres

En los países de rentas bajas, que son fundamentalmente los países del África subsahariana, algunos países del sudeste asiático y de oriente medio, la principal preocupación sigue siendo reducir la mortalidad entre los niños y niñas más pequeños. Aunque las tasas de mortalidad infantil en los menores de 5 años se han reducido un 60% entre 1990 y 2019 según datos de la OMS, todavía mueren cada año 5 millones de niños y niñas de este grupo de edad, la mayor parte de ellos por causas prevenibles y relacionadas con la malnutrición y la pobreza.

A pesar de esto, la epidemia de obesidad de la que hablábamos antes también afecta a los niños y niñas de los países más pobres, donde tener sobrepeso u obesidad ya es más frecuente que estar desnutrido.

Un problema terrible que acecha a la infancia de estos países son las guerras. Según cifras de la organización Save the Children, en 2022, 1 de cada 6 niñas y niños (468 millones) vivían en una zona de conflicto armado. Esto supone un aumento del 28% respecto al año 2015, menos de una década. Al trauma psicológico que supone vivir en guerra y la posibilidad de ser víctimas directas de violencia física, se suma que estas niñas y niños padecen especialmente hambre y muy malas condiciones higiénicas y sanitarias que comprometen su vida o su salud a corto y largo plazo.

Como vemos, a pesar de todos los avances, queda aún mucho por hacer en la consecución de un mundo saludable y seguro para nuestras niñas y niños.

Autora: Miriam Martínez Biarge, Médico Pediatra, www.creciendoenverde.com

Publicado en el Especial Profesional INFARMA 2024 de El Botiquín Natural.

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