La sensación de frío es subjetiva y varía entre unas personas y otras, también durante la infancia y la adolescencia. Siempre ha habido y habrá gente más friolera que otra. Sin embargo, como regla general, para las temperaturas medias de los otoños e inviernos españoles, podemos decir que muchas niñas y niños llevan demasiada ropa. Más aún cuando en muchos sitios, como las grandes ciudades, los niños y niñas pasan poco tiempo en exteriores, y los interiores, incluyendo colegios, transporte público, autobuses escolares, etc., cada vez tienen calefacciones más potentes.

Abrigamos demasiado
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En los países mediterráneos experimentamos poco frío de verdad y durante pocos días al año, y quizá por ello le tememos y nos abrigamos más. Claramente, lo que para una persona nórdica significa frío no es lo mismo que para una mediterránea.

La siesta nórdica

Habrás oído contar que en Noruega, Dinamarca, Suecia, Finlandia e Islandia es costumbre envolver bien a los bebés en ropa de abrigo, tumbarlos en el cochecito y dejar el cochecito en el exterior, incluso con temperaturas por debajo de los cero grados. Las madres y padres nórdicos aseguran que los bebés duermen más y mejor de esta forma, probablemente porque al estar muy bien envueltos, pero no sobreabrigados, se mueven menos. Los nórdicos también creen que el aire fresco estimula las defensas de los niños y los ayuda a evitar infecciones. En la mayoría de guarderías, la siesta se hace de esta misma forma en el jardín o en el patio. Muchos padres y madres cuando entran en un establecimiento a tomar un café, dejan el cochecito fuera con el bebé durmiendo bien envuelto y abrigado. Ellos piensan que son más nocivos para el bebé los ruidos y los gérmenes que pueda haber en la cafetería, que el aire fresco del exterior.

En general, en los países nórdicos se anima a los niños y niñas de todas las edades a pasar el mayor tiempo posible fuera de casa y esto sí es algo que deberíamos imitar en España, donde los niños, incomprensiblemente, pasan demasiado tiempo dentro de casa, en vez de estar jugando en parques y plazas. A esto se suma que por norma en los colegios la mayoría de actividades académicas se realizan en el interior, en clases o gimnasios. Los fines de semana no suelen ser mejores para muchos niños y niñas, ya que los pasan en casa o en centros comerciales en vez de aprovechar para salir al campo, al bosque o a la playa.

Abrigarnos en exceso no es beneficioso, restringe nuestros movimientos y nos impide estar más activos

Cómo saber si los niños están sobre-abrigados

A partir de los 3-4 años la mayoría de las niñas y niños ya hablan bien y pueden comunicar si están pasando frío o calor. Pero para que sepan reconocer estas sensaciones hay que exponerlos a ellas. Si un niño/a nunca pasa frío, no podrá entender lo que significa este concepto. Cuando a lo han aprendido, es importante preguntarles regularmente si tienen frío, o calor, o si se sienten cómodos con la ropa que llevan, y ajustar la cantidad de abrigo a sus necesidades individuales.

En el caso de los niños más pequeños, si los ves inquietos e irritables cuando están con ropa de abrigo es posible que estén pasando demasiado calor. Prueba a aligerar un poco la ropa y ver qué pasa. Muchos niños sudan cuando pasan calor, pero no todos, o no con la misma intensidad, por lo que el hecho de que un niño no sude no significa necesariamente que no esté demasiado abrigado.

En algunos niños pequeños, el sudor puede irritar y producir un sarpullido en la piel. Cuando esto pasa la piel enrojece y aparecen granos rojos, a veces incluso alguna ampolla. El sarpullido por calor/sudor suele ocurrir en el cuello y la parte superior del pecho, en las ingles, y en los pliegues de los codos.

Abrigamos demasiado
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Para saber si están demasiado calientes hay que tocar la piel del pecho; la de las manos o pies no es un buen indicador porque estos a menudo están más fríos que el resto del cuerpo. Si el pecho o el abdomen están muy calientes, pero las manos o los pies están templados o fríos puede ser necesario quitar una capa de ropa, pero añadir guantes o calcetines extra.

Es importante comprobar la temperatura corporal y el estado general del bebé o niño/a pequeño cada cierto tiempo, puesto que la situación puede ir cambiando y ellos no lo saben comunicar.

Cómo vestir a los niños en invierno

Vístelos por capas. Es mejor ponerse varias capas de ropa fina que se puedan poner y quitar según la temperatura cambie, en vez de una sola más gruesa. Las capas que están en contacto con la piel deben ser transpirables, idealmente de algodón ecológico.

Asegúrate de que ni los calcetines ni las botas les aprietan, ya que esto dificulta la circulación de la sangre en esa zona y podría hacer que los dedos de los pies se quedaran demasiado fríos. Los bebés y niños pequeños necesitan más ropa de abrigo que los niños y niñas más mayores o los adultos, puesto que todavía no controlan del todo bien la temperatura corporal. La mejor forma de calcular cuánta ropa necesitan en cada lugar es ver la ropa con la que nosotros estamos cómodos y añadir en su caso una capa más (pero solo una…).

En general, en los países nórdicos se anima a los niños y niñas de todas las edades a pasar el mayor tiempo posible fuera de casa

Es especialmente importante no sobre-abrigar a los niños y niñas en espacios cerrados con poca ventilación, como los coches o el transporte público. Durante los viajes, aunque sean cortos, se deben retirar bufandas, guantes, gorros, y en algunos casos, hasta el abrigo, y volverlos a poner justo antes de salir al exterior. Al movernos el cuerpo entra en calor, y la necesidad de abrigo disminuye. Si tus hijos van a hacer ejercicio, o simplemente van a ir caminando al colegio o a otro lugar, deben salir abrigados, pero poder ser capaces de retirar bufandas, gorros, guantes o lo que sea necesario a medida que su cuerpo entra en calor. Por cierto, moverse o caminar rápido es una medida muy buena para esas personas de cualquier edad que siempre se quejan de pasar frío. Cuando tenemos frío tendemos a encogernos y quedarnos quietos, pero si hacemos lo contrario, si nos levantamos y empezamos a andar a paso rápido, el corazón empezará a bombear más fuerte y a mandar sangre caliente a todos los músculos y a la piel y entraremos en calor de forma natural y además nos sentiremos mejor.

Algunos niños y niñas de 2-5 años (y a veces más mayores) se resisten a ponerse ropa de abrigo antes de salir de casa, y esto en algunas familias se convierte en una batalla diaria. Pero es lógico que si la temperatura dentro de casa es cálida y el niño o la niña se sienten confortables no quieran abrigarse más, ellos no entienden que la temperatura fuera es más baja. En estos casos la mejor estrategia, en vez de regañarlos o forzarlos a abrigarse dentro de casa, es llevar el abrigo, bufanda y gorro con nosotros y cuando al salir a la calle ellos sientan el frío, que puedan abrigarse en ese momento. No pasa absolutamente nada porque la niña o el niño esté unos minutos pasando frío, al contrario, esto le ayuda a reconocer y distinguir las sensaciones que producen las diferentes temperaturas en su cuerpo y a aprender a cuidar de sí mismos. Por favor, no te burles ni le eches en cara que dos minutos después de salir de casa ya está pidiendo el abrigo: «Ah, ahora sí, ¿no?». Tu hijo o hija están aprendiendo a desenvolverse en este mundo y deberían poder hacerlo en un ambiente de cariño y respeto.

No hay que temer al frío; es importante abrigarse bien, de acuerdo no solo con la temperatura, sino teniendo en cuenta si llueve o hay viento, pero abrigarnos en exceso no es beneficioso, restringe nuestros movimientos y nos impide estar más activos. Recuerda que «el viento del norte hace a los vikingos».

Autora: Miriam Martínez Biarge, Médico Pediatra, www.creciendoenverde.com

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