Recientemente ha saltado a la opinión pública que una buena parte de los alimentos infantiles no cumplen los criterios de la Organización Mundial de la Salud (OMS), siendo de una baja calidad nutricional. En esta sociedad moderna industrializada en la que hay tantos recursos para formular productos, resulta que la oferta para los más pequeños es más que mejorable.

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Es lógico pensar que los alimentos infantiles que, legalmente, son aquellos destinados a niños de 0 a 3 años, deberían ser los mejores en cuanto a su perfil nutricional. Sin embargo, parece que esto no es así y lo que está llegando al mercado dista mucho de ser ideal para este grupo de población especialmente sensible. Existe normativa europea que regula estos productos y, en cuanto a lo nutricional, exige unos parámetros de composición muy específicos y estrictos para las leches y preparados de fórmula para los lactantes, pero no tanto para otros alimentos más allá de la lactancia como los cereales, los alimentos listos para comer (potitos), etc.

Además, en el mercado hay muchas nuevas propuestas y la normativa no se ha adecuado a la realidad de los productos dirigidos a los niños más pequeños incluso tampoco al conocimiento científico más reciente. Cierto es que el desarrollo de normativa siempre es mucho más lento que el desarrollo y la innovación y que la responsabilidad de ofrecer alimentos adecuados para los niños debe ser compartida y recaer sobre todo en las empresas alimentarias que trabajan para ofrecer productos a esta franja de edad.

Los 1000 primeros días de vida de un individuo son cruciales para su salud

En Europa, nada menos que 4,4 millones de niños menores de 5 años padecen sobrepeso u obesidad, siendo la zona mediterránea la que presenta las tasas más altas de sobrepeso, y España ocupando el cuarto lugar entre 36 países de la región europea. En un esfuerzo por promover dietas más saludables y prevenir la obesidad infantil, la OMS presentó una resolución en 2016, cuyo objetivo era literalmente “poner fin a la promoción inapropiada de alimentos dirigidos a lactantes y niños pequeños”. Para orientar a los Estados miembros hacia este objetivo, la OMS encargó el desarrollo de una herramienta de elaboración de perfiles nutricionales para alimentos comerciales para bebés que siguiera y mejorara las normas del Codex Alimentarius y las directrices de la Comisión Europea.

El Modelo de Perfil de Nutrientes y Promoción de la Organización Mundial de la Salud (NPPM de la OMS) resultante para la Región Europea evalúa tanto la composición (nutrientes e ingredientes) como la promoción (etiquetado y comercialización) de los alimentos comerciales para lactantes y niños pequeños, es decir, aquellos entre 0 y 3 años. Este modelo ayuda a clasificar los alimentos y bebidas según su contenido de nutrientes que pueden ser problemáticos para la salud como azúcares, grasas saturadas, grasas trans y sodio, con el fin de implementar políticas de salud pública. El objetivo Alimentos infantiles que no cumplen criterios de salud final es doble, por un lado, asegurar un buen perfil nutricional de los alimentos infantiles y, por otro, restringir la publicidad dirigida a niños de alimentos poco saludables.

¿Cuál es la realidad de mercado en España?

Un grupo de investigación de la Universidad de Reus evaluó 830 alimentos infantiles de 42 marcas vendidos en los 9 supermercados con mayor cuota de mercado nacional, tanto en sus tiendas físicas como en sitios web oficiales, entre junio y octubre de 2023. Tuvieron en cuenta los alimentos que recomendaban su introducción a una edad de menos de 3 años o etiquetados con las palabras “bebé”, “niño pequeño” o sinónimos, o que tenían una etiqueta con una imagen de un niño que parecía menor a 3 años o que estaba siendo alimentado con un biberón.

Para la evaluación nutricional de los productos utilizaron criterios de composición adaptados a cada categoría específica, según lo definido por el NPPM de la OMS teniendo en cuenta aspectos como ingredientes no adecuados como azúcares añadidos o ácidos grasos trans y la composición en cuanto a azúcares totales, sodio, grasa total, contenidos mínimos de proteínas y energía para comidas principales, etc. No se evaluaron alimentos como zumos, bebidas y dulces que claramente no cumplen los criterios de la Organización Mundial de la Salud. Además, se tuvo en cuenta la información y publicidad incluida en el envase de los productos según los criterios de la OMS que tienen que ver con la protección y promoción de la lactancia materna, la recomendación de introducir los alimentos complementarios a partir de los 6 meses o más, la inclusión de instrucciones correctas de preparación, el uso adecuado de afirmaciones sobre las cualidades del producto, etc.

Es necesaria una supervisión regulatoria más estricta de la formulación y la publicidad de los alimentos infantiles

Como resultado de esta evaluación se concluyó que tan solo el 23% cumplía todos los criterios nutricionales, aunque los azúcares libres añadidos contribuían en muchos de ellos de manera excesiva a la energía total del producto. Casi el 80% de los alimentos infantiles evaluados en España no cumplieron con los estándares nutricionales de la OMS, y muchos contenían un exceso de azúcar y una falta de nutrientes esenciales como proteínas y energía. En particular, los alimentos para bebés menores de 12 meses fueron los que más alineados estaban con los criterios de la OMS, debido seguramente a que su normativa es muy específica y estricta en cuanto a su composición.

Ninguno de los productos cumplió con los estándares de la OMS en cuanto a estrategias de publicidad y se observaron afirmaciones de marketing inapropiadas en casi todos ellos. La información en los envases a menudo crea un efecto de “halo de salud” que puede inducir a error a los consumidores, haciéndoles percibir productos pobres en nutrientes como saludables. Dado que España está sujeta a la legislación de la Unión Europea, este hecho muestra la necesidad imperiosa de que se actualice la normativa europea para alinearse con las recomendaciones de la OMS y así proteger a los niños pequeños de la exposición excesiva a azúcares añadidos y otros nutrientes que deben limitarse para garantizar una buena salud actual y futura. Además, este estudio pone de manifiesto que hacen falta también estrategias que consigan la reformulación de productos, campañas que se enfoquen en la educación nutricional para padres y cuidadores, etc.

Desde luego este estudio pone un toque de atención muy importante en un mercado en el que aparentemente todo está bien enfocado por las empresas y bien regulado por la administración. Pero lejos de esa realidad ideal, los problemas en la composición de los productos y el etiquetado cuando menos confuso, ponen de manifiesto la necesidad de una supervisión regulatoria más estricta de la formulación y la publicidad de los alimentos infantiles. Los objetivos deberían ser ofrecer la mejor calidad nutricional de los alimentos para bebés, garantizar información clara y veraz al consumidor y promover hábitos alimentarios saludables en los primeros años de vida. Todo esto contribuirá a una mejor salud actual y también en el futuro cuando nuestra población infantil llegue a la edad adulta.

Autora: Dra. Laura I. Arranz, Farmacéutica y Dietista-Nutricionista.

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