Las alergias son trastornos inflamatorios crónicos con reacciones inmunes aberrantes y exageradas a ciertos componentes ambientales o alimentarios, a los que se les llama alérgenos, que pueden provocar síntomas que van desde un simple enrojecimiento hasta reacciones potencialmente mortales.

El término alergia fue acuñado por primera vez en 1906 por un médico vienés, Clemens von Pirquet. A nivel mundial, la prevalencia de enfermedades alérgicas está aumentando rápidamente tanto en los países en desarrollo como en los países desarrollados. Entre el 8% y el 10% de la población mundial padece una o más enfermedades alérgicas, que van desde rinitis o conjuntivitis leves hasta anafilaxia grave o asma. La contaminación ambiental y los hábitos alimenticios no saludables son factores de riesgo y también sabemos que la microbiota juega un papel clave. Numerosos estudios sugieren que la disbiosis intestinal, es decir, anomalías en la composición de la microbiota, puede favorecer la aparición de trastornos alérgicos.
Hay una gran variedad de posibles alérgenos tanto químicos como tintes, cremas o fragancias, como alérgenos alimentarios como la leche, los frutos secos o los huevos y aeroalérgenos como los ácaros del polvo, epitelio de animales, esporas y pólenes. Estas sustancias pueden causar síntomas alérgicos como reacciones cutáneas, rinitis alérgica, asma y, en el peor de los casos, anafilaxia. En el contexto estacional, sobre todo en primavera, encontramos ciertas alergias que son muy habituales y condicionan la calidad de vida de las personas que las padecen. Es el caso de la rinitis y la conjuntivitis alérgica.
Entre el 8% y el 10% de la población mundial padece una o más enfermedades alérgicas
La rinitis alérgica es la enfermedad alérgica más frecuente con una incidencia creciente en las sociedades occidentales. Es una inflamación aguda de la mucosa nasal, que se manifiesta clínicamente con estornudos frecuentes, congestión, hidrorrea (secreción mucosa acuosa) y picor nasal. Frecuentemente, se acompaña de síntomas como lagrimeo, picor ocular o de oídos, paladar blando y/o tos seca.
Aunque suele ser mayoritariamente estacional, la típica que presentan los individuos alérgicos a los pólenes que aparecen en determinadas épocas del año también puede ser perenne cuando la sintomatología se presenta en cualquier momento, pues los alérgenos no siguen un comportamiento estacional como es el caso de los ácaros, epitelios de animales o alérgenos ocupacionales. La rinitis alérgica es un factor de riesgo para padecer asma, por lo que muchas veces se dan de forma simultánea.
La conjuntivitis alérgica es el resultado de la inflamación de la conjuntiva ocular tras su contacto con diversos alérgenos. Suele presentarse asociada a la rinitis alérgica, tanto estacional como perenne, de forma que es frecuente que la sintomatología aparezca y desaparezca a la vez. Se caracteriza por picor, enrojecimiento y lagrimeo y el área periorbitaria (párpados) puede aparecer hinchada. Y aunque es muy molesta no se ve afectada la capacidad visual.

El tratamiento habitual de las alergias debe enfocarse desde un punto de vista preventivo y sintomático. La prevención se debería basar en la evitación del agente que causa el problema, ya sea ambiental, laboral, doméstico, alimentario, etc., pero también en mejorar el funcionamiento del sistema inmunitario con unos buenos hábitos de alimentación y de estilo de vida, comer bien, dormir lo necesario, hacer actividad física y procurar salir de ambientes contaminados, siempre que se pueda. A nivel sintomático hay varias familias de fármacos que pueden aliviar el problema mejorando la calidad de vida de las personas.
Grupos farmacológicos para el tratamiento de rinitis y conjuntivitis alérgica
Cromomas
Son fármacos como cromoglicato y nedocromil. Su uso no tiene ninguna utilidad en las crisis agudas, son esencialmente preventivos, por lo que deben ser utilizados de forma continuada o al menos en la temporada que sea previsible la exposición al alérgeno. Se administran por vía inhalatoria y están indicados en los casos de asma leve o en pacientes con rinitis alérgica y asma. Disminuyen la hiperreactividad bronquial y mejoran la respuesta asmática frente al ejercicio y a los diferentes alérgenos. También resultan útiles por vía tópica en los casos leves de conjuntivitis y rinitis alérgicas. Los efectos secundarios de esta familia de fármacos son infrecuentes y de poca intensidad.
Antihistamínicos
Se utilizan para el tratamiento sintomático de muchas enfermedades alérgicas, sobre todo, para el tratamiento de rinitis, conjuntivitis, eccema y urticaria alérgicas, pero no se ha demostrado su eficacia en el tratamiento del asma bronquial.
Alivian el picor, el lagrimeo, los estornudos y la hidrorrea, aunque no tienen efectos sobre la congestión nasal. Pueden utilizarse por vía tópica en forma de aerosoles nasales y colirios para el tratamiento de rinitis y conjuntivitis, respectivamente. Los más utilizados son los antihistamínicos de segunda generación como la cetiricina, la ebastina o la loratadina. Estos no llegan al sistema nervioso central y, por tanto, no producen sedación o somnolencia ni muchos de los efectos secundarios típicos de los antihistamínicos clásicos.
Los antihistamínicos más utilizados son los de segunda generación como la cetiricina, la ebastina o la loratadina
Broncodilatadores
Este grupo de fármacos son relajantes de la musculatura lisa bronquial, efecto muy interesante en crisis asmáticas. Hay varias familias de principios activos con esta acción: metilxantinas (teofilina), anticolinérgicos (bromuro de ipratropio) y betamiméticos (de corta duración como salbutamol, terbutalina o de larga duración como salmeterol). Se administran normalmente por vía inhalatoria.
Corticoides
En caso necesario también se utilizan estos fármacos con acción antiinflamatoria. Están indicados para el tratamiento de diversas enfermedades alérgicas (asma, rinitis, urticaria, dermatitis atópica, anafilaxia). Pueden administrarse por vía tópica cutánea, inhalatoria, oral e inyectable. Los corticoides orales o inyectables deben ser empleados bajo supervisión médica, ya que un uso inadecuado puede provocar el desarrollo de efectos secundarios graves como elevación de glucemia y/o tensión arterial, alteraciones del metabolismo del calcio o debilidad muscular. Excepto en tratamientos muy cortos, su administración debe interrumpirse gradualmente para evitar la aparición de insuficiencia suprarrenal.
Algunos corticoides se utilizan inhalados como la budesonida, fluticasona, beclometasona propionato o triamcinolona, y se utilizan para aliviar la obstrucción de vías aéreas en el abordaje del asma y la rinitis. Estos tienen menos efectos secundarios, pero su tratamiento y manejo debe hacerse también bajo supervisión médica.
A nivel sintomático hay varias familias de fármacos que pueden aliviar el problema mejorando la calidad de vida de las personas
Inmunoterapia o vacunas de la alergia
Se trata de tratamientos que pretenden estimular el sistema inmunitario para reducir la sensibilización al alérgeno mediante la exposición leve y controlada al mismo (o a una parte o derivado). El objetivo es inducir tolerancia al alérgeno para que este deje de provocar hiperreactividad, y es la única terapia capaz de inducir tolerancia a largo plazo a los alérgenos y parece que la administración de ITA durante tres años produce cambios inmunológicos y clínicos que perduran durante al menos dos años. Esto es un gran avance para los pacientes con alergias. De todos modos, a pesar del desarrollo de nuevas inmunoterapias específicas para ciertos alérgenos, su uso todavía es limitado. Esta terapia tiene aún terreno de desarrollo en el futuro.
Sin duda la rinitis y la conjuntivitis alérgica, y las alergias en general, representan un reto para la medicina y la salud pública todavía en la actualidad.
Autora: Dra. Laura I. Arranz, Farmacéutica y Dietista-Nutricionista.
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