Las noticias sobre los estudios que arrojan datos respecto a la presencia de microplásticos son cada vez más frecuentes y alarmantes. Y no es sensacionalismo, es ciencia e investigación sobre el impacto de la actividad humana en el medioambiente y en nuestra propia salud.

123rf Limited©kardaska. Adquirir alimentos a granel, residuo 0

Oasis naturales como las lagunas glaciares de las altas cumbres de Sierra Nevada (Granada) están contaminadas con abundantes microplásticos y, como no, estos contaminantes están claramente formando parte de la cadena trófica y, por tanto, de nuestro organismo. Es un hecho, en nuestro cuerpo hay niveles cada vez más elevados de microplásticos.

La invención de los plásticos y de sus múltiples aplicaciones fue sin duda una de las revoluciones industriales y tecnológicas de nuestros tiempos modernos. El primer plástico sintético fue la parkesina, patentada en 1862 por un artesano y químico inglés Alexander Parkes y que representó una opción para sustituir materiales caros y escasos como el marfil que se usaban en múltiples objetos.

Años más tarde apareció el celuloide (cuya aplicación más popular fue en las películas de cine), aunque era un material altamente inflamable con lo que tenía limitaciones. Y en 1907 se inventó la baquelita, gracias a Leo Baekeland, un comerciante y químico belga. Este material era una resina que se podía moldear bajo calor y una vez en frío adquiría una estructura sólida estable ideal para infinidad de aplicaciones. Pocos años después ya llegaron el PVC, el celofán y, a partir de ahí, todo el desarrollo en masa de diferentes tipos de plásticos tan comunes actualmente.

El polvo de casa actualmente tiene componentes “modernos” como fibra textil, poliamidas y poliéster, con todos los aditivos que lleva el textil

Este material revolucionó la historia y, en la actualidad, está en tantas aplicaciones que resulta difícil imaginar cómo sería todo sin él. La mayor parte de los plásticos provienen del petróleo y otros combustibles fósiles, tienen un precio competitivo y unas cualidades físicas como ligereza, durabilidad y resistencia a la corrosión, que los hacen adecuados para su uso en una enorme variedad de productos de consumo sustituyendo a materiales tradicionales como metales, vidrio o madera que eran más pesados, frágiles o perecederos.

Pero, por supuesto, no todo fueron ventajas, en esta historia hay consecuencias. La contaminación por plásticos es un problema grave a nivel medioambiental y de salud pública debido a varios motivos, el uso masivo, la persistencia de estos materiales y a la insuficiente gestión de envases, textiles y otros materiales plásticos. Los plásticos son resistentes a la degradación química y biológica y, por tanto, son duraderos en el medioambiente, bioacumulables ya que se acumulan en los seres vivos y biomagnificados, puesto que se acumulan progresivamente a través de la cadena alimentaria. Los animales marinos tienen microplásticos en sus cuerpos, absorbidos del agua y por comer pescado contaminado, esto llega a nuestro cuerpo cuando consumimos esos pescados, pero también a través de plantas y otros animales, como cerdos, vacas y pollos.

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Los datos son tremendos. Los niveles de microplásticos en el medio ambiente se han disparado en las últimas décadas, con una producción actual a nivel mundial de más de 300 millones de toneladas de plástico al año y unos 2,5 millones de toneladas flotando en los océanos del mundo en 2023, más de diez veces los niveles de 2005. ¿Hasta dónde vamos a llegar? Y España es uno de los cinco países que más plástico demanda, estamos completamente rodeados de ellos, termoplásticos, poliuretanos, plásticos termoestables, elastómeros, adhesivos, revestimientos y selladores, fibras de polipropileno, también las fibras sintéticas del sector textil ya que la ropa es fundamentalmente de origen sintético.

Así hemos llegado a esta situación, los estudios indican presencia de microplásticos y nanoplásticos (aquellos de tamaños de partícula aún más pequeños, de 1 a 1000 nanómetros) en el cerebro humano. Tejido en el que parece que se acumulan más que no en otros tejidos involucrados en la eliminación de residuos como son el hígado o el riñón. Estos datos vienen de un estudio publicado en febrero de este año 2025 en la prestigiosa revista Nature Medicine.

Este trabajo advierte también que las concentraciones son significativamente más altas en muestras analizadas de 2024 en comparación con muestras de 2016, y que hay niveles más altos en cerebros de personas diagnosticadas con demencia. Aunque este estudio no establece la relación causa-efecto, pero sí plantea la necesidad de investigar sobre cómo los plásticos afectan a nuestra salud. Esta noticia de máxima actualidad nos impacta, aunque ya hace años que se va advirtiendo de la presencia de estos componentes presentes también en la leche materna, la placenta, los pulmones o el intestino.

Para evitarlos por la vía digestiva es clave procurar comer productos frescos, de proximidad y de temporada, que no necesiten envases para ser comercializados

Los investigadores siguen pidiendo más recursos para abordar este asunto en profundidad y poder valorar realmente las consecuencias de toda esta exposición, a la vista también de algunos datos bien conocidos como es el efecto perjudicial para la salud de los conocidos disruptores endocrinos. Éstos son sustancias químicas, como los ftalatos o el bisfenol A, presentes en plásticos, cosméticos y productos aromáticos como velas o ambientadores que modifican el equilibrio de las hormonas y han demostrado estar detrás de problemas de salud como la diabetes, los trastornos tiroideos y la fertilidad. Además, estas sustancias pueden traspasar las barreras de la placenta y de la mama, lo que significa que, en muchos casos, se empiezan a acumular en el organismo a partir de la gestación o durante la lactancia.

Y mientras se vislumbra el impacto real de estos microplásticos en la salud, queda claro que lo mejor es evitarlos siempre que esté en nuestra mano. Algunos los vamos a poder identificar en los envases como es el caso del polietileno (PE), tereftalato de polietileno (PET), polipropileno (PP), poliestireno (PS), cloruro de polivinilo (PVC) y policarbonato (PC), que son fácilmente identificables por el número incluido en el símbolo internacional de reciclable, el triángulo de Moebious. Pero hay otros muchos como el poliuretano (PU), poliamida (PA), poliéster (PES), rayón (PAA), resinas epoxi (RE), polimetracrilato (PMA), polioximetileno (POM), alcohol polivinílico (PVA), etc., que no siempre vamos a poder identificar pues no están marcados en envases debido a que no se prevé su reciclado.

Para evitarlos por la vía digestiva es clave la elección de los alimentos y de los envases, procurando comer productos frescos y de proximidad, de temporada, que no necesiten envases para ser comercializados, evitar las latas de conservas (contienen bisfenol A), los ultraprocesados y, siempre que sea posible, escoger productos ecológicos. Con eso reducimos la exposición a microplásticos y también a pesticidas.

Estas sustancias pueden traspasar las barreras de la placenta y de la mama

Y por vía dérmica, es importante elegir adecuadamente los productos de cuidado personal y los cosméticos de manera que sean lo más respetuosos con este tema posible.

Y también podemos evitar cierta exposición por vía inhalatoria ventilando nuestra casa dos veces al día durante por lo menos una hora, aspirar mejor que barrer, y tener cuidado con los textiles, porque la mayor exposición a contaminantes químicos viene de ellos. El polvo de casa actualmente tiene componentes “modernos” como fibra textil, poliamidas y poliéster, con todos los aditivos que lleva el textil.

Autora: Dra. Laura I. Arranz, Farmacéutica y Dietista-Nutricionista.

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