El corazón es uno de los músculos más potentes del organismo. Bombea sangre sin parar a todos los rincones de nuestro cuerpo, toda la vida, estemos haciendo ejercicio, leyendo o durmiendo. Cuando hacemos ejercicio, los demás músculos de nuestro cuerpo necesitan más oxígeno y nutrientes que cuando están en reposo. Otros órganos, como la piel y el cerebro, también reciben más sangre durante el ejercicio.

El corazón se adapta a este incremento de las necesidades aumentando su tamaño y potencia muscular. Las cuatro cavidades del corazón (dos aurículas y dos ventrículos) se hacen más grandes para acoger más sangre entre cada latido. La pared se engrosa para que cada latido sea más eficiente y bombee más sangre. Las grandes arterias que salen del corazón pueden también ensancharse un poco para permitir el paso de mayor cantidad de sangre. Estos cambios que ocurren en el corazón con el ejercicio intenso y repetido se llaman corazón de atleta o síndrome del corazón de atleta.
¿Es el corazón de atleta una enfermedad?
No. A pesar del término síndrome, que a veces se usa para describir estos cambios, el corazón de atleta no es una enfermedad, es una adaptación del corazón al ejercicio. En realidad el corazón se hace más capaz y eficiente. El ejercicio es muy beneficioso para todos los órganos, y también para el corazón. Solo en casos extremos, o cuando el ejercicio es excesivo o no está bien realizado, esto puede causar problemas al corazón.
¿Ocurre con cualquier tipo de ejercicio?
No, debe ser un ejercicio intenso y durar más de una hora al día. El corazón de atleta se ha observado con más frecuencia, pero no solo, en ciclistas, corredores de larga distancia, nadadores y remeros.
¿Cómo sé que tengo un corazón de atleta?
Es muy posible que no notes nada o que solo notes que tu corazón late más lento en reposo. Esto se llama bradicardia y se debe a que como el corazón ahora bombea de forma más eficiente, cuando no estás haciendo ejercicio necesitas menos latidos que antes o que una persona sedentaria para transportar la misma cantidad de sangre. Muchas personas solo se enteran de que tienen un corazón de atleta cuando les están haciendo una ecografía del corazón u otra prueba y los médicos ven que el corazón está agrandado y que bombea con más fuerza.
¿Puede causar algún problema?
El ejercicio extenuante mantenido sobrepasa la capacidad de adaptación del corazón y en estos casos se puede producir inflamación y fibrosis (endurecimiento) del músculo. Entonces aparece una condición llamada miocardiopatía hipertrófica. También se la conoce como síndrome de Filípides o miocardiopatía hipertrófica de Filípides en memoria del primer «corredor de maratón» de la historia. Filípides fue un joven ateniense que fue enviado desde la ciudad de Maratón hasta Atenas para dar la noticia de la victoria sobre los espartanos. Tras correr los 42 km de distancia y transmitir el mensaje, Filípides cayó desplomado y murió.
La miocardiopatía hipertrófica puede producir arritmias y muerte súbita. Aunque los casos de muerte súbita en deportistas son raros (1 por cada 23.000), son más frecuentes que en la población general (1 por cada 300.000) y además generan mucha conmoción porque suelen ocurrir en personas jóvenes consideradas sanas. La miocardiopatía hipertrófica no solo ocurre como resultado del ejercicio extremo. Hay una forma de miocardiopatía hipertrófica hereditaria, que ocurre en algunas familias, aunque no todos los miembros están igualmente afectados. La miocardiopatía hipertrófica, bien por deporte o por otras causas, puede producir opresión en el pecho, palpitaciones, dificultad para respirar y mareos.
A veces no es fácil distinguir entre un corazón de atleta y una miocardiopatía hipertrófica. Además, cualquier anomalía previa del corazón, aun leve, puede interferir con el ejercicio y transformar un corazón de atleta en una enfermedad potencialmente mortal como la miocardiopatía hipertrófica. Por estas razones es esencial que todos los deportistas profesionales y aquellos que aunque no lo sean hagan ejercicio regular intenso, se sometan a revisiones periódicas con un cardiólogo o un especialista en medicina del deporte.
¿Qué pasa si dejo de hacer ejercicio?
Al disminuir la intensidad o la frecuencia del entrenamiento, el corazón volverá poco a poco a su tamaño y forma previa, aunque posiblemente no del todo. Dejar el entrenamiento intenso puede ser necesario en aquellas personas que han desarrollado miocardiopatía hipertrófica o que tienen alguna otra enfermedad del corazón.
Autora: Miriam Martínez Biarge, Médico Pediatra, www.creciendoenverde.com
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