La fibromialgia es una enfermedad caracterizada por un dolor crónico generalizado (más de tres meses) que el paciente localiza en el aparato locomotor. Asociado frecuentemente con otros síntomas como: trastornos del sueño, cansancio desproporcionado a la actividad realizada, alteraciones cognitivas, ansiedad o depresión.

Es una de las situaciones más representativas de dolor crónico incapacitante en la población y uno de los problemas sanitarios más actuales ya que conlleva una intensa afectación de la calidad de vida, tanto desde el punto de vista familiar como social. Es una cuestión de importancia, tanto por el consumo de recursos sanitarios, como de gastos indirectos derivados de las pérdidas de jornadas laborales.
¿Cuáles son las causas de la fibromialgia?
No hay una causa clara atribuible a la enfermedad. Se desconocen los mecanismos exactos por los que se produce y no se encuentran alteraciones en los análisis o en los estudios de imagen que permitan establecer el diagnóstico. Existen muchos factores que pueden causar la enfermedad, como determinadas mutaciones genéticas. También se han descrito casos de fibromialgia que surgen después de procesos puntuales, como puede ser una infección tanto de virus como de bacterias, o un suceso físico o emocional señalado, como un accidente de coche, una separación matrimonial, problemas relacionados con la sexualidad, un problema con los hijos… El estrés psicológico prolongado también puede desencadenar esta enfermedad.
Es una de las situaciones más representativas de dolor crónico incapacitante en la población
Parece ser que los agentes desencadenantes no son la causa de la enfermedad, pero lo que probablemente hacen es «despertarla» en una persona que ya tiene una anomalía oculta en la regulación de su capacidad de respuesta a determinados estímulos. Algunos estudios recientes ponen de manifiesto que los pacientes con fibromialgia presentan alteraciones en el sistema nervioso que regula la percepción y la respuesta al dolor. El umbral del dolor es más bajo y cualquier estimulo que no debe ser doloroso, como puede ser el moverse, producen un dolor intenso. Se han detectado en el sistema nervioso de personas con fibromialgia, disminución del nivel de neurotransmisores importantes en la regulación del dolor, como la noradrenalina y serotonina. Otros investigadores muestran que un gran número de las fibras nerviosas encargadas de conducir el estímulo doloroso desde los tejidos periféricos hasta la medula espinal están lesionadas.
¿Quién puede padecer fibromialgia?
Se estima que la prevalencia de la fibromialgia en España es de un 2,3%, de la población adulta, según un estudio de la Sociedad Española de Reumatología, lo que supone casi un millón de afectados por esta patología en este país. Es mucho más frecuente en mujeres (más del 90%). La edad media de aparición suele ser entre los 30 – 60 años, pero puede aparecer en otras edades. Un factor de riesgo es que tengan algún familiar con fibromialgia. Puede darse en la infancia y adolescencia, pero con menor frecuencia.
¿Cómo se diagnostica? Y cuáles son los síntomas
Puede ser difícil de diagnosticar ya que no hay un test o análisis específico para ello. Otras enfermedades pueden tener los mismos síntomas, como son el dolor y la fatiga, por ello es necesario un examen médico muy completo para descartar otras patologías y diagnosticar correctamente la fibromialgia.
Entre los síntomas, además del dolor hay rigidez en todo el cuerpo, fatiga y cansancio, aparecen dificultades con el pensamiento, memoria y concentración (conocido como niebla mental o «lagunas»), acompañado a menudo con otras afecciones, como son las alteraciones del sueño, depresión, ansiedad, síndrome del intestino irritable, intolerancia a la luz y el ruido, molestias auditivas, acúfenos, hipersensibilidad al tacto o roce con la piel, entre otras muchas. Además de la exploración física, es necesaria una valoración psicológica.
Es importante destacar que existen diferentes niveles de gravedad (leve, moderado y grave). Según el nivel, la interferencia con la realización de actividades diarias será mayor o menor. Cada persona sufre «su» fibromialgia y tiene unos síntomas predominantes, con unos ciclos de intensidad y duración variables.
Es uno de los problemas sanitarios más actuales ya que conlleva una intensa afectación de la calidad de vida, tanto desde el punto de vista familiar como social
¿Cómo tratar la fibromialgia?
Si bien no se dispone de un tratamiento curativo para la fibromialgia, contamos con tratamientos farmacológicos y de otra índole con los que podemos obtener el mejor control posible sobre la enfermedad. Es por ello, que esta enfermedad requiere un abordaje multidisciplinar; reumatólogo, psiquiatra, psicólogo, rehabilitadores- físicos (fisioterapia) y funcionales -educacionales (terapia ocupacional), etc. La combinación de estos tratamientos adaptándolos a cada paciente es lo que ha demostrado más eficacia para conseguir una gran mejoría en la calidad de vida y que pueda llevar una vida familiar, social y laboral lo más normal posible, a pesar de que no se controlen totalmente sus síntomas.
Tratamiento medicamentoso
En función de la situación del paciente pueden usarse: analgésicos para el dolor (paracetamol, ibuprofeno), antidepresivos, relajantes musculares. También se utilizan puntualmente glucocorticoides. Para conciliar el sueño puede recurrirse a las benzodiacepinas. En caso de dolores localizados intensos son útiles las inyecciones locales en los puntos dolorosos con anestésicos locales.
Muchos pacientes con fibromialgia son pacientes polimedicados, debido a la variedad de síntomas que padecen y a que han visitado a varios profesionales. Por todo ello es de gran importancia revisar toda su medicación y suplementos ya que pueden darse situaciones con duplicidad de fármacos, prescritos por diferentes médicos para un mismo problema y también efectos adversos e interacciones de los medicamentos entre ellos y con los suplementos.

Tratamientos no farmacológicos
En esta enfermedad hay que pensar siempre en un cambio de estilo de vida, la situación no es la misma que antes de la enfermedad, hay que valorar qué es lo que está más afectado, qué podemos hacer para mejorarlo y con ello lograr mantener la mejor calidad de vida posible.
Aspectos a considerar:
Dormir bien: el dolor puede empeorar el sueño, pero las alteraciones del sueño también pueden empeorar el dolor. Si es posible, evitar las siestas largas. La posición fetal en la cama es una buena opción. Evitar la ingesta de sustancias y bebidas estimulantes, las temperaturas extremas y los ruidos y luces. Tomar un baño relajante antes de acostarse. Evitar la TV, los móviles y tabletas en el dormitorio. Establecer una rutina con un horario. No hacer ejercicio al menos 3 horas antes de acostarse.
Ejercicio físico: el ejercicio físico y una adecuada fortaleza muscular son sin duda las medidas más eficaces para tratar la fibromialgia y ayudar a disminuir el dolor. Hacer ejercicio suave diariamente. Si nunca has hecho ejercicio, comienza lentamente. Por ejemplo, caminar en llano o en una piscina climatizada, son dos buenas actividades. Si es posible, recurre a un profesional que pueda ayudarte a crear un plan acorde a tus necesidades.
Control del estrés: aprender a manejar el estrés, a tomar las cosas con calma. Son de gran utilidad las técnicas de relajación. Hacer demasiado, puede empeorar los síntomas. Por ello, se debe aprender a equilibrar el ser activo con la necesidad de descansar.
Esta enfermedad requiere un abordaje multidisciplinar; reumatólogo, psiquiatra, psicólogo, rehabilitadores- físicos (fisioterapia) y funcionales -educacionales (terapia ocupacional), etc.
Alimentación: se recomiendan alimentos que potencien la inmunidad, que mejoren el sistema muscular y la secreción de serotonina, encargada de mantener un buen estado de ánimo. Una alimentación basada en alimentos frescos, frutas, verduras, legumbres, frutos secos y cereales integrales. Utilizar aceite de oliva virgen en las preparaciones. Evitar las comidas procesadas, las grasas saturadas y la bollería. Beber agua regularmente y evitar el alcohol. El sobrepeso es un factor agravante de la enfermedad. Una nutrición adecuada puede ayudar a mantener un peso saludable, para evitar la sobrecarga de músculos y tendones en la fibromialgia.
Actividades diarias: es algo que habitualmente hacemos sin pensar, pero en el caso de la fibromialgia es importante ser conscientes de cómo lo hacemos, mantener una postura correcta para evitar sobrecargar el cuerpo es vital. No estar mucho rato de pie, es recomendable cambiar de posición a menudo. Al sentarse, mantener la espalda recta apoyada y los pies en el suelo. Al agacharse, doblar las rodillas, no la espalda. En la cocina, colocar las sartenes y los utensilios que más se utilizan en una disposición lo más accesible posible. En la compra, utilizar un carrito para empujar con las dos manos. Si se llevan bolsas (evitar mucho peso) distribuirlas en ambos brazos.
Fisioterapia: un fisioterapeuta puede enseñarte ejercicios para mejorar tu fuerza, tu flexibilidad y tu resistencia. Los ejercicios en el agua pueden ser particularmente útiles.
Termoterapia: la aplicación de calor local puede aliviar el dolor. También un baño caliente, antes de acostarse, relaja, mejora la rigidez y el dolor. Baño con sales de Epsom, reducen dolor y estrés.
Masajes terapéuticos: el calentamiento muscular mejora el dolor.
Reflexología podal: se cree que la reflexoterapia produce una disminución del dolor mediante la estimulación de la producción de endorfinas y que mejora la circulación sanguínea y linfática, por lo tanto, aumenta la oxigenación a los tejidos y puede reducir los síntomas que acompañan a la fibromialgia.
Acupuntura: en algunos casos es una alternativa para el manejo del dolor.
Apoyo psicológico: hablar con un terapeuta puede ayudarte a fortalecer la confianza en tus habilidades y enseñarte estrategias para afrontar la enfermedad y para lidiar con las situaciones estresantes.
Terapia ocupacional: este tipo de terapia puede ayudarte a realizar ajustes en tu entorno de trabajo o en la forma en la que realizas ciertas tareas para reducir el estrés en el cuerpo.
Terapia conversacional: la terapia cognitiva conductual puede ayudarte a aprender estrategias para lidiar con el dolor, el estrés y tus pensamientos negativos. Si además tienes depresión junto a tu fibromialgia, la terapia conversacional puede ayudarte.
Contaminación ambiental: tóxicos ambientales, insecticidas, disolventes o metales pesados (atención a las amalgamas dentales con mercurio) pueden acumularse en el cuerpo, y según algunos científicos pueden actuar como factores desencadenantes de la fibromialgia.
Suplementos: entre los más utilizados: zinc, vitamina C, ácidos grasos omega 3, melatonina, nicotinamida adenina dinucleótido (NADH), pirroloquina quinona, Coenzima Q10, D Ribosa, L carnitina. En caso de estrés aumentar las vitaminas del grupo B y el magnesio.
Aceites esenciales: menta, enebro, jengibre, albahaca, lavanda, sándalo, eucalipto, manzanilla romana, jazmín, ylang-ylang,…cada uno de ellos tiene sus propias indicaciones: sueño, fatiga, dolor, etc., algunos pueden ser utilizados por vía tópica, adicionados al gel de baño o inhalados.
Tratamientos complementarios: debido a la ausencia de un tratamiento curativo, han proliferado muchas terapias complementarias, algunas de ellas sin evidencia sólida. Por ello es importante que te informes bien sobre los tratamientos, los beneficios que pueden aportarte, los riesgos que pueden tener y el coste de los mismos. Es aconsejable consultar a un profesional de la salud sobre estas terapias.
Consulta a tu farmacéutico/a está muy cerca de ti. *La información contenida en esta página tiene carácter divulgativo y no pretende sustituir el consejo médico. Ante cualquier duda, consulte con un profesional de la salud.
Autora: Dra. Marta Castells, Farmacéutica
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