El número de personas con demencia va en aumento: 55 millones según la Organización Mundial de la Salud (el 8,1% de las mujeres y el 5,4% de los hombres mayores de 65 años) hoy día y 78 millones en 2030 y 139 millones en 2050. Cada año hay 10 millones de nuevos casos. Por eso, la OMS ha declarado la demencia como una prioridad para la salud.

Un estudio de 10 años en el que participaron más de 7.000 adultos de entre 45 y 70 años determinó que el deterioro mental comienza a los 45 años. Los participantes de 65-70 años tenían un 300% más de deterioro cognitivo en comparación con el grupo de 45-49 años. Para evitarlo o retrasarlo lo máximo posible hay que incorporar en la dieta un suministro constante de nutrientes, no siempre asegurado con las dietas de hoy día.
Diversos estudios demuestran que las personas que sufren deterioro mental presentan carencias de vitaminas y nutrientes esenciales con un reconocido papel protector frente al deterioro cognitivo. La nutrición y algunos nutrientes específicos como la vitamina C, vitaminas del grupo B, minerales y ácidos grasos han sido especialmente reconocidos por su respaldo de las funciones cerebrales a nivel celular.
Y junto a la ingesta de los nutrientes adecuados, es clave el control de la inflamación, cuyos efectos perjudiciales en nuestro organismo son ampliamente reconocidos. La inflamación persistente en el cerebro se ha relacionado con una amplia gama de problemas mentales, mala memoria, depresión y respuestas exageradas al dolor.

Los resultados de nuestros estudios
Con todo ello en cuenta, la investigación y los ensayos se centraron en lograr el aumento del factor neurotrófico (BDNF), la salud mitocondrial, la producción de ATP y la reducción de la inflamación. La capacidad antiinflamatoria de la sinergia de nutrientes escogida se evaluó exponiendo células microgliales a un conocido estimulante de la inflamación llamado LPS. A estas células se les añadió micronutrientes y se comprobó si podían disminuir o inhibir el importante marcador de la inflamación, la citoquina IL-6. Las células microgliales expuestas a LPS aumentaron significativamente la secreción de IL-6. Sin embargo, en presencia de micronutrientes, la secreción de esta citoquina se redujo a un nivel de control, lo que significa que se inhibió por completo. En otros experimentos, pudimos comprobar que este complejo de micronutrientes también podía frenar la inflamación desencadenada por un aditivo alimentario común, el GMS (glutamato monosódico).
Las investigaciones también confirman que el estrés crónico puede acelerar el deterioro cognitivo y dañar la función de la memoria. En este sentido, algunas plantas y ciertos de sus componentes denominados «adaptógenos» pueden ayudar a controlar el estrés y a mejorar la función mental”, mediante la estimulación y el crecimiento de las mitocondrias, así como la producción de bioenergía.
Autor: Dr. Rath Iberia
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