Para el buen desenvolvimiento de la cavidad oral hay que tener en cuenta diversos factores en el bebé: la lactancia materna, la respiración nasal, la postura oral, la deglución y la masticación.

ortodoncia bebé
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La lactancia materna

La lactancia materna es, sin duda, la primera ortodoncia, y es gratis.

Dar el pecho es un regalo tanto para el bebé como para la madre. Crea la sensación de afecto, de protección y establece un vínculo entre la madre y el bebé. La composición de la leche materna se adapta a las necesidades del bebé en todo momento. No podemos encontrar una simbiosis más perfecta.

Además, previene la necesidad de llevar ortodoncia en un futuro. ¿Cómo?

  • Estimula la respiración nasal, ya que mantiene la boca cerrada mientras trabaja y obliga a respirar por la nariz.
  • El bebé aprende a coordinar la succión, la deglución y la respiración.
  • Aumenta el tono muscular porque precisa un esfuerzo por parte del bebé al “ordeñar” el pecho de su madre.
  • Potencia el desarrollo mandibular bilateral y el avance progresivo de la mandíbula.
  • Estimula el crecimiento de la cavidad oral y el paladar, ya que mantiene la lengua en la posición correcta, en contacto con el paladar.

La respiración nasal

Ver un niño respirar por la boca nos tiene que llamar la atención.

Respirar por la boca:

  • Obliga a la lengua a colocarse en una posición baja inadecuada para el desarrollo maxilar, no estimula el crecimiento de los maxilares y estos se quedan pequeños y estrechos.
  • Lleva a un estado de hiperventilación que provoca un desgaste energético innecesario y cansancio del niño.
  • Favorece los ronquidos.
  • Provoca sequedad bucal y un aumento del riesgo de caries, ya que, sin saliva, la boca se queda desprotegida.

En cambio, respirar por la nariz:

  • Favorece que el aire que inspiramos pase por los senos paranasales y, así, se estimula su crecimiento y favorece el desarrollo de los huesos de la cara, de los pómulos y de los maxilares.
  • Los pelos de la nariz filtran los tóxicos y las bacterias del aire que inspiramos.
  • El circuito que sigue el aire dentro de los senos paranasales ayuda a su calentamiento y se evitan las irritaciones de la garganta.

La alimentación complementaria: el inicio de la masticación

La alimentación complementaria consiste en comenzar a ofrecer alimentos al bebé como complemento de la lactancia materna. El momento de empezar a comer alimentos es único para cada niño y depende de muchos factores. Se propone alrededor de los seis meses porque en ese momento de la vida se considera que tiene un sistema digestivo maduro para empezar a asimilar alimentos. También podemos saber que un niño está preparado para empezar a comer y que ha adquirido la habilidad de la masticación cuando pueda sostener la cabeza y sentarse solo, sin ninguna ayuda de un adulto. A partir de ese momento, el niño ya puede beber con un vaso pequeño. No son necesarios ni el biberón ni los vasos de entrenamiento, ya que solo interfieren en el correcto desarrollo de la musculatura mandibular.

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Los alimentos que debemos ofrecer al niño han de ser ricos en nutrientes (vegetales, frutas, huevos, legumbres, aceite de oliva virgen extra, frutos secos triturados…) y tenemos que evitar las galletas o palitos a demanda durante todo el día, ya que son azúcares que van fermentando dentro de la boca. Si los consumen entre las comidas generales, existe un riesgo mayor de padecer caries.

«No debemos dar a los niños azúcares hasta que no hayan cumplido los dos años y medio de vida… y si puede ser un poco más tarde, será mucho mejor»

Beber con biberón no requiere ningún esfuerzo de succión por parte del bebé y, por lo tanto, no estimula el crecimiento mandibular. El biberón y el chupete no estimulan el crecimiento óseo, sino que deforman la cavidad oral.

Un niño que puede empezar a probar los alimentos también puede empezar a explorar las texturas. Mi recomendación, tanto en el aspecto organoléptico como en el aspecto masticatorio, es que no debemos alimentarlo ni con puré ni con papilla, sino con trozos de alimentos auténticos, blandos, pero que requieran que el niño mastique. Si no hay un mínimo esfuerzo muscular, no se producirá un correcto desarrollo óseo del cráneo.

A medida que el niño tenga dientes y muelas, podemos aumentar la dureza de los alimentos. Cuando ya tenga todos los dientes de la boca, ya estarán preparados para triturar alimentos cada vez más duros y de manera progresiva. Por ejemplo, si le ofrecemos una manzana en el primer estadio, puede ser cocinada al vapor; después puede ser rallada, laminada y, finalmente, entera.

Estos son algunos de los hábitos que podéis incorporar a la rutina de tu familia:

  • Comed juntos en familia y dad ejemplo de una correcta manera de comer.
  • No miréis la televisión, ni las pantallas, ni los vídeos para distraer a vuestro hijo y así poder introducir el alimento en su boca.
  • Comed todos lo mismo: no cocinéis un menú infantil y un menú adulto.
  • No obliguéis a vuestro hijo a comer un alimento que rechaza. Otro día podéis ofrecérselo con otro formato.
  • Id a comprar juntos: decidid qué platos podéis cocinar con los alimentos que habéis comprado.
  • Cocinad juntos, como si fuera un juego.
  • Aceptad sus sugerencias de alimentación y podéis convertirlas en una versión saludable.
  • No le castiguéis si no quiere comer.
  • No tenemos que negociar la comida a cambio de un premio. Comer es una necesidad y un placer, no se tiene que convertir en un estímulo para obtener una recompensa a cambio.

Tened mucha paciencia para poder llegar a construir un hábito.

La postura oral

La posición de la lengua es fundamental. Cuando la lengua está en reposo, tiene que descansar sobre el paladar. Si descansa en el suelo de la boca, en una posición baja, los músculos no pueden mantener la vía aérea tan permeable, no se estimula la expansión del paladar y es muy probable que el paladar sea estrecho y el maxilar permanezca retraído con espacio limitado para los dientes.

Para que la postura oral se mantenga correcta tenemos que procurar tener:

  • Labios cerrados.
  • Lengua reposando al paladar.
  • Dientes en contacto leve (cuando los hay).

La deglución

Para reconocer si un niño presenta una evolución correcta de la deglución, tenemos que comprobar si hay una correcta postura oral (sus labios se tocan y la lengua reposa contra el paladar, en una posición elevada) y si la respiración se realiza por la nariz.

¿Cuándo sospechamos que la deglución es incorrecta?

  • En primer lugar, nos tenemos que fijar en el frenillo lingual. Si es corto, pueden aparecer problemas durante la lactancia materna, dificultades de deglución y, más adelante, la pronunciación incorrecta de algunos fonemas.
  • Debemos observar los labios y la lengua del niño en reposo: si hay una incompetencia labial y un labio sin fuerza, en algunos casos vemos que la lengua del niño se puede encontrar descansando fuera de la boca, entre los labios o, incluso, el niño puede succionar su labio.
  • Si el niño tiene la costumbre de chuparse el dedo o usar el chupete más allá de los dos años, se puede producir una mordida abierta anterior (los dientes de delante no se tocan con los dientes en oclusión) y esto puede provocar la interposición lingual en un futuro.
  • En todos estos casos, los labios en reposo suelen quedar abiertos, no se tocan y condicionan una respiración bucal. Una de las consecuencias es que cada vez la nariz atrofia más la lengua por la falta de función.

Observar todas estas funciones es fundamental para favorecer una buena evolución de la salud bucodental del niño.

Autora: Clara Tarragona, Odontóloga integrativa y máster en medicina naturista.

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