El sistema inmunitario desempeña una función vital protegiéndonos veinticuatro horas todos los días de nuestra existencia de sustancias nocivas, gérmenes y cambios celulares que podrían causar enfermedades. Está formado por diversos órganos, células especializadas y moléculas que ayudan a transmitir la información de lo que sucede y de lo que es necesario activar para solucionar la situación. Muchos factores de nuestro estilo de vida influyen en su funcionamiento, entre ellos el estrés, la falta de sueño y, por supuesto, la ingesta de nutrientes.

Sistema inmunitario
123rf Limited©hetmanstock. Las naranjas son ricas en vitamina C

Si tenemos buena salud, el sistema inmunitario funciona correctamente, constante y silencioso para cumplir con sus principales funciones: combatir y eliminar gérmenes patógenos, como bacterias, virus, parásitos u hongos, que causan enfermedades; reconocer y neutralizar sustancias nocivas del entorno (contaminantes o tóxicos ambientales, etc.); combatir cambios internos anómalos en el cuerpo, como las células cancerosas.

El sistema inmunitario puede activarse por muchas sustancias que el cuerpo no reconoce como propias o normales, que se denominan antígenos, ante las cuáles genera anticuerpos que ayudarán a resolver el proceso actual y a recordarlo en el futuro para actuar más rápido si se repite. Nuestra maquinaria defensiva trabaja con precisión de sofisticada ingeniería.

Cuando el sistema inmune se desequilibra es porque está débil, porque no puede combatir gérmenes especialmente agresivos o porque tiene respuestas desproporcionadas. Si está debilitado, nuestras defensas estarán bajas, y cualquier virus o bacteria podrían causarnos un resfriado, una gripe o cualquier otra infección. Y, si está activado de forma anómala, también nos puede ocasionar problemas como alergias, inflamación crónica o enfermedades autoinmunes en las que nuestras defensas llegan a atacar a nuestras propias células. Así que cuidarlo y mantenerlo en buen estado es principal para una vida saludable.

La alimentación es un aspecto clave

De hecho, la malnutrición pone en peligro la supervivencia de la persona que la padece al comprometer la eficacia de la respuesta inmunitaria. El sistema inmunitario requiere una cantidad considerable de energía y nutrientes, que deben obtenerse de la dieta o de las reservas corporales. Los nutrientes y otras sustancias que son especialmente importantes para disponer de unas buenas defensas son algunas vitaminas, como la C, la A, el ácido fólico, la vitamina B6 y B12 y la D; minerales, como el zinc, el selenio y el hierro; antioxidantes, como los polifenoles o los betacarotenos; los omega-3, las proteínas, los aminoácidos esenciales y las diferentes fibras vegetales.

A nivel nutricional todo funciona en perfecta sincronía. La vitamina D ayuda a regular el sistema inmunitario de manera que se active en el momento oportuno y, junto a los omega-3 contribuye a reducir la inflamación. El colágeno es una proteína que favorece la cicatrización de heridas y crea una barrera contra las infecciones y se produce únicamente cuando el organismo contiene suficiente cantidad de vitamina C. Las proteínas son esenciales para la síntesis de anticuerpos y células inmunitarias, componentes cruciales del sistema inmunitario. Los aminoácidos, componentes básicos de las proteínas, intervienen en la producción de anticuerpos y otras moléculas inmunitarias. Por lo tanto, una ingesta equilibrada de proteínas de alta calidad es esencial para una función inmunitaria óptima. Y minerales como el zinc, el hierro y el selenio son vitales para la salud de nuestras defensas. El zinc y el hierro participan en el desarrollo y la función de las células inmunitarias como los glóbulos blancos, y el selenio actúa como antioxidante, protegiendo a las células inmunitarias del daño oxidativo. Las fibras vegetales alimentan a la microbiota que también protege a nuestro sistema inmune.

Las ingestas insuficientes de estos componentes de la dieta deterioran la inmunidad, reducen la resistencia del organismo a las infecciones y nos hacen más propensos a enfermar. Durante la pandemia de COVID-19 se puso en valor este tema, ya que deficiencias en nutrientes esenciales se asociaron con un mayor riesgo de complicaciones y mortalidad.

Nutrir adecuadamente nuestro sistema inmunitario requiere que nuestra dieta sea saludable, equilibrada y muy variada, con predominio de alimentos de origen vegetal. Además, podemos contar con la ayuda de los complementos alimenticios cuando sospechemos que nuestra alimentación, por el motivo que sea, no nos está aportando una cantidad suficiente de algún nutriente clave.

Autora: Dra. Laura I. Arranz, Farmacéutica y Dietista-Nutricionista

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