La leche de fórmula en polvo es un recurso fundamental en la alimentación infantil cuando no es posible la lactancia materna (o la lactancia materna exclusiva). Sin embargo, es importante conocer los riesgos asociados a su manipulación. Aunque muchas familias lo desconocen, la leche de fórmula en polvo no es estéril. Esto significa que, desde el proceso de fabricación, puede contener pequeñas cantidades de bacterias. Entre las más preocupantes está Cronobacter sakazakii, una bacteria rara pero peligrosa, que ha sido responsable de brotes de infección graves en recién nacidos alimentados con leche en polvo.

Conservación de la leche de fórmula

Para reducir estos riesgos, la Organización Mundial de la Salud recomienda seguir estrictamente estas pautas de preparación:

  • Lávate siempre las manos antes de manipular la leche, los biberones y otros utensilios.
  • Usa agua hervida (que llegue a ebullición completa) y enfriada hasta al menos 70°C para preparar la fórmula (esto se consigue dejando reposar el agua 5-10 minutos, pero no más de 30). Esta temperatura ayuda a eliminar bacterias potenciales en el polvo, pero no es tan alta como para dañar los nutrientes de la leche. Vierte primero el agua en el biberón, y luego el polvo.
  • Prepara la cantidad justa que el bebé vaya a tomar.
  • Enfría el biberón bajo agua fría del grifo o en un recipiente con agua y hielo si lo necesitas con urgencia.
  • Si el bebé no lo va a consumir de inmediato, guarda el biberón en la parte más fría del frigorífico (no en la puerta) y úsalo antes de 24 horas.

¿Y si el bebé no se acaba el biberón?

Una vez que el bebé ha comenzado a tomar del biberón, no se debe guardar lo que sobra. La succión introduce bacterias desde la boca del bebé hacia la leche, lo que acelera la proliferación de microbios, incluso si se refrigera después. Lo más seguro es desechar la fórmula sobrante después de una hora desde el inicio de la toma.

La leche de fórmula es un alimento seguro cuando se maneja correctamente

¿Puedo preparar varios biberones con antelación?

En la medida de lo posible, lo ideal es preparar cada toma justo antes de ofrecérsela al bebé. Esto es especialmente importante en el primer mes de vida o en bebés con algún problema de salud. Sin embargo, en el resto de bebés es posible preparar varios biberones para el día o la noche, siempre que:

  • Se sigan estrictamente las normas de higiene.
  • Se conserven en nevera a menos de 5°C.
  • Se utilicen en un máximo de 24 horas.
  • Se calienten una sola vez, al baño maría o con calentador, sin usar microondas, ya que este puede calentar de forma desigual y crear «zonas calientes» que quemen la boca del bebé.

Una vez calentado, si el bebé no lo toma en la siguiente hora, debe desecharse.

¿Qué hacer si salimos o estamos de viaje?

Cuando se viaja o se pasa tiempo fuera de casa, es importante llevar el agua recién hervida en un termo limpio, que la conserve cerca de los 70°C durante unas horas, y el polvo medido en un recipiente separado y preparar el biberón justo antes de dárselo al bebé.

También puede merecer la pena usar en estas ocasiones leche de fórmula líquida estéril, en envases individuales. Son más caras, pero más seguras, y en cualquier caso, no lleves biberones ya preparados en una bolsa o mochila durante horas, incluso en un termo, ya que eso favorece el crecimiento bacteriano.

La leche de fórmula es un alimento seguro cuando se maneja correctamente, pero su preparación requiere atención e higiene estrictas. Los riesgos de contaminación no son frecuentes, pero cuando ocurren pueden ser graves, sobre todo en los bebés más pequeños o con sistemas inmunitarios débiles

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Autora: Miriam Martínez Biarge, Médico Pediatra, www.creciendoenverde.com

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