El síndrome de fatiga crónica o encefalomielitis miálgica (SFC/ EM), es una enfermedad multisistémica compleja que comúnmente se caracteriza por fatiga severa, disfunción cognitiva, problemas de sueño, disfunción autonómica o disautonomía (mal funcionamiento del sistema nervioso autónomo que regula las funciones fisiológicas involuntarias del organismo) y malestar postesfuerzo que afecta a las actividades de la vida diaria. Cuando estos síntomas persisten durante seis meses o más, se establece un diagnóstico.

Actualmente y, especialmente después de la pandemia, este tema vuelve a estar en el candelero debido a la prevalencia de un nuevo problema de salud como es la fatiga post COVID-19 (COVID persistente o long COVID) que cursa también con todo este abanico de síntomas.
Según la European Network on Myalgic Encephalomyelitis/Chronic Fatigue Syndrome (EUROMENE) entre 1 millón y más de 5 millones de personas en el continente europeo viven con SFC/EM y se estima que en el mundo afecta a más de 65 millones. Al menos 2/3 de los casos se dan en mujeres, siendo los jóvenes en sus fases más productivas de la vida los afectados preferentemente. La calidad de vida de las personas afectadas es, en promedio, más baja que la de otras enfermedades crónicas o incapacitantes, como la esclerosis múltiple, el cáncer, la artritis reumatoide, la depresión, la diabetes, la epilepsia o la fibrosis quística.
Aunque la causa exacta y los mecanismos por los cuales se desarrolla no se conocen todavía, sí se sabe que el SFC/EM es una condición biológica, física, no un trastorno psicológico o emocional. Se sabe que están implicados varios mecanismos y cambios bioquímicos que afectan a la función inmune, al sistema nervioso, a la regulación hormonal y a la respuesta al estrés oxidativo. También se ha propuesto la causa infecciosa, es decir, que se pueda desarrollar después de un proceso infeccioso.
¿Es un virus la causa subyacente de la fatiga crónica?
Esto ha llevado a los científicos a presentar teorías que sugieren que diferentes tipos de virus podrían desencadenar afecciones como el SFC/EM. De hecho, se conoce este trastorno post infecciones producidas por virus como el Epstein–Barr o el famoso SARS-CoV-2 (causante de la COVID-19) y por bacterias como Coxiella burnetti (causante de la fiebre Q). De hecho, los estudios que se han realizado en pacientes de COVID-19 muestran que tienen un mayor riesgo de ser diagnosticados con SFC/EM más adelante en la vida. Por este motivo, actualmente, es importante tener en mente esta posible secuela para poder evitarla en lo posible.
El SFC/EM es una condición biológica, física, no un trastorno psicológico o emocional
El estrés oxidativo
Desde hace décadas se ha estudiado la relación entre la fatiga crónica y este aumento de oxidación en el organismo. El estrés oxidativo tiene mucho que ver con un mal funcionamiento de nuestras células, en especial de unos pequeños orgánulos, las mitocondrias, que son las responsables de la producción de energía (y también de residuos oxidados) a nivel celular. Actualmente, está claro que el estrés oxidativo elevado es un factor común en pacientes con SFC/EM y con fatiga post COVID-19 (COVID persistente). Y siendo así, tiene mucho sentido estudiar más de cerca todas aquellas moléculas implicadas en la función mitocondrial, como es el caso de la coenzima Q10 (CoQ10) y su papel en el estrés oxidativo.
Infecciones y mitocondrias
Hay muchas teorías diferentes y datos interesantes como que sabemos que la inflamación, presente en estas infecciones, está relacionada con el estrés oxidativo, si aumenta la primera, aumenta el segundo y viceversa. En un estudio reciente se observó que en el plasma sanguíneo de pacientes con COVID-19 había signos de disfunción mitocondrial comparado con el de un grupo de pacientes sanos. Observaron que los participantes infectados por el virus tenían niveles más bajos de coenzima Q10 en sus mitocondrias.
Lo mismo se ha observado en otros trabajos en pacientes con SFC/EM y, además, existe evidencia de disfunción mitocondrial en células mononucleares de sangre de pacientes con COVID-19. El hecho de que las mitocondrias se vean afectadas puede ayudar a explicar por qué las personas que sufren de fatiga crónica aparentemente carecen de energía y por qué múltiples sistemas se ven afectados a la vez, como el sistema inmunológico o el sistema nervioso autónomo.
El CoQ10 es un suplemento eficaz y seguro para reducir los síntomas de fatiga
¿Puede ayudar la coenzima Q10?
En una reciente revisión sistemática y metaanálisis se concluye que el CoQ10 es un suplemento eficaz y seguro para reducir los síntomas de fatiga, y otras revisiones mencionan sus beneficios incluso en casos de fatiga causada por estatinas y también la asociada a la fibromialgia. Y dada la relación observada entre la SFC/EM, las infecciones víricas y las disfunciones mitocondriales un grupo de científicos lanzaron un estudio sobre la coenzima Q10 y los pacientes afectados por COVID persistente. Se trata de un estudio clínico aleatorizado, doble-ciego y cruzado con 119 pacientes, en los que todos recibieron el complemento de Q10 activo y el placebo, pero en momentos diferentes.
Aunque el tratamiento con CoQ10 no redujo significativamente el número o la gravedad de los síntomas relacionados con el COVID persistente en comparación con el placebo, sí se observó una mejora espontánea significativa en las puntuaciones de los cuestionarios en los dos grupos de pacientes durante las 20 semanas de observación. En otro trabajo muy reciente se concluye que, aunque se recomiendan más estudios clínicos, la suplementación con CoQ10 puede minimizar los problemas de salud inducidos por el COVID-19 con un papel protector potencial contra las consecuencias nocivas de la enfermedad.
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Autora: Dra. Laura I. Arranz, Farmacéutica y Dietista – Nutricionista
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