A mediados del siglo pasado, los naturalistas empezaron a observar muchos problemas de salud en animales (águilas, nutrias, visones, etc.), como disminución brusca de la población, esterilidad, malformaciones, fallecimientos prematuros, etc. y empezaron a investigar las causas de estos acontecimientos relacionándolos con la exposición a determinadas sustancias químicas que denominaron agentes Disruptores Endocrinos (DEs), también conocidos como Perturbadores Endocrinos.

disruptores endocrinos
123rfLimited©yurolaitsalbert El triclosán esta presente en productos de higiene personal

¿Qué son los disruptores endocrinos?

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), los disruptores endocrinos (DEs) son todas aquellas sustancias exógenas o mezclas que ocasionan alteraciones en la función del sistema endocrino (sistema hormonal) y, por tanto, causa efectos adversos sobre la salud del organismo o de sus descendientes. Son sustancias químicas artificiales capaces de imitar, bloquear o alterar la acción de nuestras hormonas naturales, alterando así la regulación hormonal.

Una misma sustancia puede actuar de forma diferente en función de la concentración en la que se encuentre y del momento en que actúe. Por esta razón son especialmente perjudiciales durante el embarazo y el desarrollo postnatal. Además, no siguen un patrón lineal, por lo que pueden ser muy dañinos, en dosis muy bajas, y no serlo en otras más elevadas.

Disruptores endocrinos más comunes y donde se encuentran

No existe una lista de disruptores endocrinos completa, ya que se siguen investigando sus efectos y se descubren nuevos compuestos con esta capacidad. Están presentes en productos que utilizamos en nuestro día a día, por lo que es posible entrar en contacto con ellos a través de la piel, al inhalarlos o, incluso, al ingerirlos. A continuación, citamos algunos de los disruptores endocrinos más comunes:

Bisfenol A (BPA): es una sustancia química que se utiliza en combinación con otras sustancias para fabricar plásticos y resinas. Como el plástico de policarbonato, trasparente y resistente utilizado en botellas de agua, envases, juguetes. Hasta no hace muchos años se utilizaba para la fabricación de biberones (la UE lo prohibió en el 2011). Se ha visto que puede migrar a los alimentos o bebidas. En el 2023 se prohibió su utilización en envases de alimentación. Las resinas epoxi son también derivadas del BPA, se utilizan como adhesivos y era el material que recubría la cara interna de las latas de conserva y refrescos, hasta el año 2023 en que se prohibió su uso alimentario. También encontrábamos bisfenol A en los tickets de la compra de papel térmico, muy utilizados anteriormente, y que fueron prohibidos en la UE desde el 2020.

Para diversos investigadores el BPA es considerado producto obesogénico (favorece la obesidad) principalmente en la infancia. En abril de 2023, la EFSA (Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria) publicó una reevaluación de la seguridad del BPA tal y como se utilizaba en los materiales en contacto con alimentos, reduciendo significativamente, 20.000 veces, la ingesta diaria tolerable que se supone no tiene efectos dañinos para la salud.

Ftalatos: usados para fabricar plásticos suaves y flexibles, se encuentran en productos como cortinas de baño, envases, suelos vinílicos, juguetes, cosméticos, y pinturas. Prohibidos desde el año 2023 por la Unión Europea (UE) en los envases de alimentos.

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123rfLimited©phonlamaiphoto La espuma de los extintores contine PFAS

PFAS, sustancias perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas, son conocidos como «químicos para siempre o eternos» debido a su persistencia en el medio ambiente y su capacidad para bioacumularse en los organismos vivos. Son en realidad un grupo de más de 9.000 agentes químicos sintéticos. Por sus propiedades fisicoquímicas, son grandes repelentes de agua y aceite, y resisten a temperaturas extremas. Es el motivo por el que se encuentran en materiales de envasado de comida (cajas de pizza y bolsas de palomitas para microondas), ropa impermeable, tejidos repelentes de manchas, en sartenes y ollas antiadherentes, en ropa y maquillaje, en las espumas para combatir los incendios. Los agentes químicos de PFAS más estudiados son el PFOA (ácido perfluorooctanoico) y el PFOS (sulfonato de perfluorooctano). Algunos de ellos se consideran disruptores obesogénicos, principalmente en la infancia. Desde 2017 está prohibido el empleo del PFOA en utensilios de cocina en la Unión Europea. Por eso vemos actualmente sartenes antiadherentes que indican “libres de PFOAS”. Se utilizan también en la fabricación de biomateriales, como prótesis, mallas, catéteres, entre otros.

La contaminación industrial con PFAS y los procesos de descomposición hacen que lleguen al medioambiente, al agua y a los alimentos. A medida que han ido aumentando las investigaciones sobre los riesgos para la salud de la exposición a los PFAS, las autoridades son cada vez más restrictivas sobre los niveles de PFAS permitidos, trabajando para reducir la exposición a estos contaminantes, limitando su empleo solo a aquellos usos que resulten esenciales y promoviendo la investigación e innovación hacia alternativas seguras y presionando para desarrollar una legislación que controle su utilización.

La presencia de PFAS es tan generalizada que hasta se ha encontrado en las orcas, animal que como el ser humano no tiene depredadores y acumula contaminantes, principalmente en el tejido graso. También el agua de lluvia de zonas alejadas de la industrialización (en el Tíbet), sobrepasa con creces los límites de PFAS aconsejados para el agua potable en nuestro país. Ninguna parte del planeta está libre de PFAS. Ni tampoco ningún ser humano.

Parabenos: se usan como conservantes en productos cosméticos, farmacéuticos o alimentarios.

Triclosán: se usa como antiséptico en productos de higiene personal, como pastas de dientes, jabones o desodorantes.

Benzofenonas: se usan como filtros solares en productos cosméticos, como cremas, maquillajes o lacas de uñas.

Retardantes de llama bromados, son mezclas de productos químicos artificiales que se añaden a una amplia variedad de productos para hacerlos menos inflamables. Se utilizan comúnmente en plásticos, textiles y equipos eléctricos. Pueden migrar al ambiente y acumularse en el polvo y aire de los espacios interiores. En la Unión Europea, está prohibido o restringido el uso de algunos; sin embargo, debido a su persistencia en el medio ambiente, siguen planteándose dudas sobre los riesgos que estas sustancias químicas suponen para la salud. Contaminan el aire, el suelo y el agua, entrando en la cadena alimentaria, en la que se encuentran principalmente en alimentos de origen animal, como pescado, carne, leche y productos derivados.

Metales pesados: como el mercurio, el plomo, el cadmio, el níquel, el cobre o el arsénico, que pueden contaminar el agua, el aire o los alimentos. Se encuentran en el medio ambiente y se acumulan en muchos animales que consumimos, sobre todo en pescado azul como el atún y el pez espada, así como en los moluscos y crustáceos.

Pesticidas o plaguicidas: como el DDT (prohibido en los años 70), que persiste en el ecosistema y se acumula en la grasa de los animales, desde donde pasa a la cadena alimentaria humana. Y los plaguicidas actuales, como los insecticidas organofosforados, por ejemplo, el paratión, algo menos persistente que el DDT.

Según varias fuentes, en los últimos 25 años, la producción de plaguicidas se ha multiplicado por 50 y su consumo ha alcanzado en la actualidad una cifra entre 3 y 4 millones de toneladas, lo que nos proporcionaría a cada habitante del planeta una media de medio kilo de plaguicida al año, cifras preocupantes.

El mundo de los pesticidas es muy amplio y muy complejo, tenemos por ejemplo el caso del clorpirifós, un insecticida organofosforado, prohibido por la UE en el 2020, pero se sigue encontrando en alimentos importados de otros países que no tienen tanto control. Es el más frecuente en las naranjas. Algunos investigadores asocian su uso con el adelanto de la pubertad en niñas.

En el próximo artículo trataremos sobre los efectos sobre la salud y cómo reducir la exposición a los disruptores endocrinos.

Consulta a tu farmacéutico/a está muy cerca de ti. *La información contenida en esta página tiene carácter divulgativo y no pretende sustituir el consejo médico. Ante cualquier duda, consulte con un profesional de la salud.

Autora: Dra. Marta Castells, Farmacéutica

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