En la infancia hasta los 9 años aproximadamente, la alimentación es muy similar, no hay diferencia por género y depende por completo de los progenitores o cuidadores. Sin embargo, a medida que se acercan a la adolescencia (10-14 años), el control familiar va desapareciendo y las diferencias por género se acentúan, así como las irregularidades o desórdenes de los hábitos alimentarios.

Hábitos alimentarios
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Alimentación en la adolescencia

En esta etapa hay unos intensos cambios físicos y psicosociales. Se produce un aumento importante de la talla (el estirón) y del peso y se adquieren las características sexuales. Este crecimiento rápido requiere cubrir las necesidades tanto de energía como de nutrientes esenciales. A partir de los 11 años los requerimientos nutricionales varían según el género. El aporte calórico en las niñas será alrededor de 2.200 Kcal. /día y en los niños 2.750 Kcal. /día. Como ejemplo, una chica de 12-14 años tiene necesidades nutricionales mayores que su madre y un chico a los 15 años mayores que su padre.

Los estudios que hemos revisado coinciden en que a medida que aumenta la edad empeoran los hábitos alimentarios, disminuye el número de comidas diarias, eliminándose principalmente desayuno, comida y/o merienda. Así, vemos que los estudiantes de 1º de ESO hacían más comidas con su familia y consumían más alimentos sanos que sus compañeros de cursos superiores.

Preocupación por la imagen corporal

La presión social y la preocupación por la imagen corporal a la que están sometidos los adolescentes, sobre todo las chicas, los lleva a hacer dietas restrictivas e inadecuadas y a los chicos dietas hiperproteicas con la falsa idea de que así tendrán más músculo.

Los adolescentes que realizan dietas restrictivas tienen un riesgo ocho veces superior de padecer un trastorno de la conducta alimentaria frente a los que no realizan dieta. Se observa que la preocupación por el peso se inicia cada vez en edades más tempranas. Según los investigadores, entre el 22% y el 30% de los adolescentes consideran que su peso está por encima de lo normal y reconocen que les gustaría estar más delgados. Esto los lleva a realizar dietas de adelgazamiento (según los diferentes estudios, entre un 14 y un 40% las realizan), principalmente chicas, a pesar de no tener un peso por encima de lo normal.

Sobrepeso y obesidad

La prevalencia de obesidad es tan elevada que la Organización Mundial de la Salud (OMS) insta a la promoción de estilos de vida saludables en estas etapas para detener la rápida y progresiva epidemia de obesidad. La prevalencia de sobrepeso se cifra en un 30-40% de los adolescentes y la obesidad en un 14-15%, más en chicos que en chicas. Este aumento de peso es debido a factores socioeconómicos de las familias; alimentación poco saludable; menos actividad física y más sedentarismo (en la actualidad muy ligado a las pantallas).

Los escolares con sobrepeso u obesidad tienen una menor adherencia a la dieta mediterránea, realizan menos actividad física y suelen pasar más tiempo con las pantallas. Duermen ligeramente menos que los escolares con normopeso. Los que desayunan correctamente, mayoritariamente tienen un peso adecuado.

Actividad física

La actividad física es mayor en los chicos y disminuye con la edad, tanto en chicas como en chicos, porque empiezan a salir más y a dedicar más tiempo al estudio y a la diversión. La mantienen más los que están integrados en un equipo deportivo.

Hábitos alimentarios
123rfLimited©sirfujiyama. Comida insana

Errores más frecuentes en la alimentación de los adolescentes y diferencias por género

  • No realizar un desayuno adecuado: el desayuno es la comida del día que menos interés despierta entre los adolescentes, cuando en realidad es la comida más importante. Lo omiten o lo reducen a un vaso de leche. Parece que omitirlo o reducirlo disminuye el rendimiento escolar y favorece el picoteo.
  • Abusar de bebidas azucaradas, refrescos y las tan de moda y perjudiciales bebidas energéticas (no aconsejadas para adolescentes por los problemas que conllevan: insomnio, nerviosismo, alteraciones del comportamiento, etc.). Las chicas prefieren más el agua, un 33% de ellas bebería solo agua, frente a un 25% de los chicos. Si pudieran elegir entre agua y refrescos, un 15% de los escolares de género masculino solo bebería refrescos.
  • El consumo de alimentos insanos es mayor en los chicos (posible causa del mayor porcentaje de chicos con sobrepeso). Solo hace falta observar en las salidas de los colegios, a los grupos de chicos que salen del “super” de la zona con las manos llenas de caramelos, galletas, y más. Uno de cada cuatro toma a diario o casi a diario galletas, bollería o pasteles y refrescos, en la merienda o de picoteo.
  • Saltarse las comidas, los lleva a un “picoteo” entre horas, de alimentos con un alto valor energético y bajo valor nutricional, como bollería, zumos, golosinas, etc.
  • No comer en familia, hacer muchas comidas solos frente a pantallas.
  • Realizar otras actividades mientras comen, la mayoría lo hace en las horas de desayuno, merienda y cena. Cerca del 50% de los adolescentes elijen lo que comen tanto en el desayuno como en la merienda.
  • Recurrir frecuentemente a restaurantes de comida rápida y a alimentos precocinados.
  • Hacer dietas sin control, más frecuentemente entre las chicas.
  • Consumir pocas verduras y hortalizas, alrededor de un 50% consume verdura como mucho 1 o 2 veces a la semana y cerca de un 20% en raras ocasiones, comen algo más a menudo las chicas. También toman más fruta que los chicos.
  • Los chicos toman más pan, bocadillos, sándwiches y realizan con más frecuencia cenas calientes. En general las chicas consumen menos pan y menos cenas calientes.
  • Las preferencias culinarias son pasta, pizzas y arroz. El gusto por cocinar es mayor en las chicas.
  • En esta etapa se inicia el consumo de alcohol y tabaco.

¿Por qué comen mal nuestros adolescentes?

Es la edad de la rebeldía, aumenta el individualismo, buscan el apoyo de sus iguales, rechazan la autoridad de padres y profesores. La imagen corporal adquiere más importancia, por lo que son muy sensibles a los comentarios, a las redes sociales (con una fuerza cada día más imbatible) y a la publicidad. Los hábitos diarios cambian, se saltan comidas, comen menos en familia, tienen más autonomía, disponen de dinero para comprar «chuches o bollos y más».

Abandonan muchos la actividad física hacia una vida más sedentaria y con más adicción a las pantallas.

Problemas de salud derivados del cambio de hábitos alimenticios

Una dieta hipocalórica, no controlada por un profesional, será inadecuada para las necesidades incrementadas de energía y nutrientes. Riesgo de aparición de los trastornos de conducta alimentaria.

El abuso de los refrescos conlleva generalmente la reducción de la ingesta de lácteos o de alimentos que contengan calcio, y ello favorece que la masa ósea sea menor y como consecuencia mayor riesgo de osteoporosis en la edad adulta. Además, los refrescos son ricos en fósforo y un exceso también contribuye a aumentar el riesgo de no alcanzar un pico de masa ósea idóneo. Además de favorecer las caries.

El consumir menos verduras y legumbres conlleva un déficit de fibra que puede dar lugar a problemas de estreñimiento.

El consumo excesivo de alimentos precocinados y «fast food» ricos en grasa y en especial, de grasa saturada y trans, puede facilitar el desarrollo de enfermedades cardiovasculares. El consumo excesivo de azúcar y grasas, aporta un exceso de calorías vacías que favorece el desarrollo de obesidad.

Consulta a tu farmacéutico/a está muy cerca de ti. *La información contenida en esta página tiene carácter divulgativo y no pretende sustituir el consejo médico. Ante cualquier duda, consulte con un profesional de la salud.

Autora: Dra. Marta Castells, Farmacéutica

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