El trastorno de ansiedad social (TAS) (también conocido como fobia social) es un tipo frecuente de trastorno de ansiedad. Se manifiesta como un temor intenso y persistente a ser observado y juzgado por los demás. Las personas con este trastorno están extremadamente preocupadas por lo que dirán o harán delante de otras personas, el miedo y la ansiedad que sienten son desproporcionados respecto a la situación real y a menudo evitan estas situaciones, o bien las viven con mucha angustia.

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El trastorno de ansiedad social suele comenzar a principios o mediados de la adolescencia, aunque a veces se inicia en niños más pequeños o en adultos (es raro después de los 25 años). Algunos adultos con TAS eran tímidos cuando eran niños, mientras que otros no desarrollaron los síntomas de ansiedad hasta después de la pubertad. La adolescencia es una etapa complicada porque la timidez se acentúa y las relaciones sociales empiezan a cobrar más importancia, preocupando «muchísimo» lo que piensen sus iguales.

Es difícil dar cifras de la prevalencia de la fobia social o TAS, ya que, en función de los investigadores, los criterios de diagnóstico, el grupo poblacional estudiado (niños, adolescentes, jóvenes, adultos), las cifras son muy dispares, oscilando anualmente entre el 1% al 3% de la población general y el 15-20% de jóvenes. Hay diferencia entre sexos, siendo más prevalente en el sexo femenino. Según algunos investigadores, la mayoría de los pacientes con TAS presentan otros trastornos mentales, especialmente depresión, trastornos psicóticos y abuso de sustancias.

¿Qué causa el trastorno de ansiedad social?

Como sucede con muchas otras enfermedades de salud mental, el TAS probablemente surge de una interacción compleja de factores biológicos y ambientales como, por ejemplo: patrones educativos, hipersensibilidad de la propia persona, experiencias negativas o traumáticas, antecedentes familiares, factores genéticos, diferente estructura cerebral, maltrato, estrés, etc.

Curiosamente, algunos estudiosos señalan que lo que más influye en el desarrollo del TAS es la frecuencia con la que los individuos se deben exponer a situaciones de interacción social. Por este motivo, el trastorno de ansiedad social es mucho más frecuente en países desarrollados y zonas urbanas que en países en vías de desarrollo y zonas rurales. Debido a que en los más desarrollados se producen más interacciones sociales estresantes, como entrevistas de trabajo, asistencia a reuniones sociales, fiestas, hablar en público, etc.

También tener un defecto físico como, por ejemplo, una desfiguración facial, tartamudez o temblores de las manos, puede aumentar la sensación de inseguridad y provocar trastorno de ansiedad social en algunas personas.

Síntomas de la fobia social

Cada individuo manifiesta unos síntomas u otros, hay quienes tienen temores ligados a situaciones públicas específicas, por lo que la ansiedad aparece únicamente cuando la persona debe realizar un tipo concreto de actividad en público, por ejemplo, dar una conferencia. La misma actividad desarrollada de forma solitaria no provoca ansiedad. Para otros, la fobia se manifiesta solo en determinadas situaciones sociales, como el miedo a conocer gente nueva o preguntar a un dependiente, y en otros casos es más generalizado, presentándose miedos en casi la totalidad de las situaciones sociales cotidianas.

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Las personas con TAS pueden preocuparse por tener que participar en alguna situación social (hablar, entrevista, etc.) semanas o meses antes de que se lleve a cabo. Ese miedo desproporcionado e irracional (consciente o no) hace que vean la situación social como amenazante o peligrosa, cuando realmente no lo es, por eso se producen esas manifestaciones tan intensas y tan fuera de su control.

Podemos dividir los síntomas en tres categorías

Físicos: palpitaciones, sudoración (sobre todo en manos, rostro y axilas), enrojecimiento, sequedad de boca, malestar estomacal o náuseas, ganas de orinar y/o defecar, sensación de falta de aire, temblores, mareos, ataques de pánico, dolor de cabeza, insomnio, tensión muscular…

Mentales: sensación de “quedarse en blanco”, preocupación por no encontrar las palabras adecuadas, falta de concentración, dificultad para recordar, miedo a ser juzgado de manera negativa, miedo intenso a ser observado, miedo al rechazo, baja autoestima, malestar emocional, sentimientos depresivos, temor a tener síntomas físicos que puedan causar incomodidad, como sonrojarse o temblar…

Conductuales: dejar de hacer algunas actividades o dejar de hablar con ciertas personas por miedo a sentirse avergonzado, evitar situaciones donde pueda ser el centro de atención, mostrar una postura corporal rígida o hablar con una voz sumamente baja, temor intenso a interactuar o hablar con extraños, no hablar o preparar con mucha antelación lo que se va a decir, consumo de alcohol u otras drogas…

En el caso de los niños, es posible que exterioricen la ansiedad al interactuar con adultos u otros infantes a través de llantos, berrinches, aferrarse a los padres o negarse a hablar en situaciones sociales.

Diagnóstico

Los médicos realizan una evaluación de la salud mental, descartando otros trastornos que pueden causar síntomas similares. El diagnóstico lo realizan cuando la persona afectada cumple determinados criterios.

¿Es lo mismo la timidez que la fobia social?

No, la fobia social es distinta a la timidez, que sería bastante más atenuada, y que no necesariamente hace evitar situaciones sociales (escuela, trabajo, etc.) como ocurre en la fobia. Es normal sentirse nervioso en algunas situaciones sociales. Por ejemplo, tener una cita o dar una conferencia pueden causar inquietud. El nivel de comodidad en las interacciones sociales varía y depende de los rasgos de la personalidad del individuo y de sus experiencias de vida. Algunas personas son reservadas por naturaleza, y otras son más extrovertidas, pero las que padecen ansiedad social la sufren en tal grado que tratan de evitar dichas situaciones o las afrontan con gran malestar.

¿Cómo se trata el trastorno de ansiedad social?

El tratamiento depende de en qué medida el TAS afecta a la habilidad para desenvolverse en la vida diaria. El más habitual incluye psicoterapia, medicamentos o una combinación de ambos.

Psicoterapia: Diferentes terapias funcionan para diferentes tipos de personas. La psicoterapia mejora los síntomas en la mayoría de los afectados de TAS. En la terapia, se aprende a reconocer y a modificar los pensamientos negativos de uno mismo y a desarrollar habilidades que ayuden a ganar confianza en situaciones sociales.

Medicamentos: Los antidepresivos como los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS) son generalmente los primeros que se utilizan para tratar la ansiedad. Suelen iniciarse con dosis bajas, para aumentar progresivamente y son necesarias varias semanas de tratamiento para que los síntomas mejoren de manera evidente. Los betabloqueantes (ayudan a controlar algunos de los síntomas como las palpitaciones, la sudoración y los temblores, son tratamientos puntuales) y los ansiolíticos como las benzodiazepinas que actúan muy rápido disminuyendo la ansiedad, pero pueden crear adicción, somnolencia y problemas de memoria.

Suplementos que pueden ayudar a reducir la ansiedad: Disponemos de varios suplementos, como: ashwagandha, ginkgo biloba, melisa, rhodiola, valeriana, manzanilla, vitaminas A, B, C, D, y E, teanina, lisina, magnesio, probióticos, y ácidos grasos omega 3, entre otros. También es útil la inhalación de aceites esenciales como la lavanda angustifolia.

Practicar un estilo de vida saludable igualmente contribuye a combatir la ansiedad. Dormir lo suficiente (acostarse a la misma hora, sin luz y sin ruidos), hacer ejercicio regularmente (relajación, yoga, meditación, respiración profunda, etc.) y seguir una dieta saludable (evitar los alimentos y bebidas con cafeína (chocolate y café) y aumentar el consumo de frutas, legumbres, cereales integrales y alimentos ricos en magnesio (cacao, germen de trigo, almendras…) y probióticos.

Consulta a tu farmacéutico/a está muy cerca de ti. *La información contenida en esta página tiene carácter divulgativo y no pretende sustituir el consejo médico. Ante cualquier duda, consulte con un profesional de la salud.

Autora: Dra. Marta Castells, Farmacéutica

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