Tres problemas de salud similares, frecuentes, aún poco entendidos y todavía muy estigmatizados: el dolor crónico, la fatiga crónica y la fibromialgia comparten algunas características y en ocasiones se confunden unos con otros, pero no son la misma enfermedad.

Dolor crónico, fibromialgia y fatiga crónica
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El dolor crónico, la fatiga crónica y la fibromialgia tiene un impacto en la calidad de vida

En los tres casos hablamos de problemas de salud, que, aunque no suelen ser graves ni ponen en peligro la vida, tienen un impacto enorme en la calidad de vida de las personas que los padecen, e incluso pueden inhabilitarlos para actividades normales de la vida diaria. Son crónicos: duran más de seis meses y se suelen prolongar por años, aunque no siempre están presentes con la misma intensidad.

El dolor es un síntoma predominante en las tres enfermedades. Puede ocurrir en diferentes partes del cuerpo, pero es característico en músculos y articulaciones, así como en la cabeza (cefaleas). El cansancio anormal y la imposibilidad de hacer tareas físicas habituales es el síntoma principal en el síndrome de fatiga crónica, pero también es casi universal en la fibromialgia. Las alteraciones del sueño, la ansiedad y la depresión también son comunes en las tres condiciones.

Fibromialgia y fatiga crónica: ¿enfermedades de mujeres?

Sí, ambas afectan entre 4 y 8 veces más a mujeres que a hombres. Sin embargo, pueden presentarse a cualquier edad, incluso en la infancia, y pueden afectar a los dos sexos.

He tenido varias veces anemia y suelo sentirme cansado, ¿tengo síndrome de fatiga crónica?

No, en el síndrome de fatiga crónica el cansancio no se explica por una falta de hierro u otro nutriente, o por una enfermedad subyacente, y no se produce tras realizar ejercicio o una tarea física (aunque empeora tras ello), sino que ocurre independientemente de la actividad que hagamos y no mejora con el descanso ni con el sueño.

La fibromialgia y la fatiga crónica afectan entre 4 y 8 veces más a mujeres que a hombres

Además, tiene que haber otros síntomas de forma persistente (al menos 4 de los siguientes): cefaleas, sueño alterado, problemas de concentración o de memoria, dolores musculares, dolores articulares, dolor de garganta, inflamación de los ganglios.

Es muy importante que seamos valorados por un especialista si tenemos varios de estos síntomas porque pueden ser causados por otras enfermedades que requieren diferentes tratamientos.

Creo que tengo fibromialgia, pero nadie me hace caso, ¿dónde puedo acudir?

El especialista con más experiencia en la fibromialgia es el reumatólogo, aunque muchos médicos de familia, especialistas en medicina interna y otros están prestando cada vez más atención a esta enfermedad. Busca a alguien con experiencia contrastada en fibromialgia. Las asociaciones de pacientes te pueden ayudar a encontrar un buen profesional en tu ciudad.

A mí me duele la espalda desde hace años y sufro cefaleas frecuentes, ¿tengo fibromialgia?

No necesariamente. Aunque el dolor es un signo fundamental en la fibromialgia, este diagnóstico requiere que el dolor ocurra en varias zonas determinadas y que existan otros síntomas asociados, como las alteraciones del sueño o la fatiga.  Pero sí tienes dolor crónico, una condición que ya muchos especialistas reclaman que se considere como una entidad diferenciada más, y no como un síntoma de otro problema. Esto es porque a diferencia del dolor agudo, el dolor crónico muchas veces no representa ninguna otra enfermedad, sino que es el resultado de un funcionamiento anormal de las vías del dolor.

El dolor crónico es necesario abordarlo desde una perspectiva multidisciplinar, que valore e intervenga en el estilo de vida del paciente y en su estado emocional. Sabemos que los fármacos para el dolor no suelen ayudar en estos casos y que a largo plazo causan perjuicios.

El dolor crónico es necesario abordarlo desde una perspectiva multidisciplinar

¿Hay tratamiento para estas enfermedades?

Sí, y debe ser individualizado. Cada persona presenta unos antecedentes y circunstancias únicas que pueden haber predispuesto a la enfermedad o estar agravando los síntomas y que hay que averiguar y corregir. Pero, además, las siguientes medidas se recomiendan para todos los pacientes:

  • Seguir una dieta adecuada, rica en frutas, verduras, cereales integrales y legumbres, y con pocos ultraprocesados y azúcares. Una consulta con un nutricionista puede ser muy útil para optimizar la dieta y valorar si se necesita algún suplemento de forma puntual o permanente.
  • Asegurar una buena higiene del sueño.
  • Retomar la actividad física, de forma adaptada y con ayuda de un fisioterapeuta o rehabilitador.
  • Recibir apoyo emocional – las asociaciones de pacientes pueden ayudar en este aspecto.

AutoraDoctora Miriam Martínez Biarge, Núm. Col. Madrid 53.890

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