¿Qué seríamos los humanos sin memoria? La memoria está estrechamente ligada a nuestra identidad cómo personas: quiénes somos y nuestras relaciones con otros dependen fundamentalmente de las experiencias que atesoramos y que forman nuestra historia particular. Por algo se dice que nadie muere de verdad mientras permanezca en la memoria de un ser querido.

La memoria

El miedo a perder nuestros recuerdos y con ellos nuestra identidad, es universal. Aunque algunas enfermedades que conllevan pérdida de memoria, como el Alzheimer, son a veces inevitables y dependen de nuestros genes, en la mayor parte de los casos es mucho lo que podemos hacer para proteger nuestro cerebro y conservar nuestra memoria durante toda o la mayor parte de nuestra vida.

5 preguntas con 5 respuestas para el lector con problemas de memoria

¿Hay diferentes tipos de memoria?

Sí. Principalmente dos: memoria a corto y a largo plazo. La primera, también llamada memoria de trabajo, es muy breve e incluye la información de nuestro entorno con la que estamos trabajando en un determinado momento para llevar a cabo una tarea. Cuando queremos o necesitamos retener información o experiencias, nuestro cerebro es capaz de codificarlas y almacenarlas durante días, meses o años (memoria a largo plazo).

Cuando estoy preocupado por algo no me acuerdo bien de las cosas. ¿Puede el estrés influir en la memoria?

Sí, el cortisol liberado durante el estrés puede interferir tanto en la formación de recuerdos como en la recuperación de información. El estrés además produce agotamiento físico y mental, lo que causa pérdida de atención y de concentración.

Mantén tu estrés bajo control asegurándote de dormir bien, no abusar del café, té o del azúcar y practicando yoga, tai-chi, meditación o cualquier otra forma de entrenamiento mental que te resulte placentera y efectiva.

¿Es verdad que con la edad se pierde la memoria?

Esta es una idea generalizada, pero la edad no debería ser sinónimo de pérdida de memoria. Algunas personas han logrado sus mayores éxitos intelectuales en sus años dorados. Por ejemplo, la etapa más prolífica como escritor de José Saramago no empezó hasta después de los 60 años y fue a los 74 cuando recibió el Nobel de Literatura. Harry Bernstein, que publicó su primera novela a los 96 años, manifestó poco después que la década de sus 90 años había sido la más productiva de su vida. No es infrecuente ver a científicos alcanzando logros después de los 70 años, como el químico John B. Goodenough, que, en 2017, a los 95 años, desarrolló la batería de iones de litio de estado sólido, por lo que en 2019 recibió el Nobel de Química.

Personas con vidas más “ordinarias” también son un testimonio de esto: en las zonas azules del planeta, los centenarios han mostrado conservar buena memoria y otras funciones intelectuales hasta edades muy avanzadas, probablemente gracias a su estilo de vida saludable.

¿Hay alimentos que hagan tener mejor o peor memoria?

Las grasas saturadas y las grasas trans presentes sobre todo en carnes rojas, queso, mantequilla y algunos productos procesados, aumentan el colesterol en sangre, lo que contribuye a activar el gen APOE propio de la enfermedad de Alzheimer, que a su vez da lugar a depósitos de beta-amiloide en el cerebro que destruirán las neuronas. Además, las arterias estrechadas por placas de colesterol tienen más dificultad para llevar oxígeno y nutrientes al cerebro.

Por el contrario, las dietas ricas en frutas, verduras, cereales integrales, legumbres y ácidos grasos omega-3 (nueces, lino, soja, aceite de microalgas) protegen al cerebro frente al deterioro cognitivo y la enfermedad de Alzheimer.

¿Hay alguna otra cosa que pueda hacer para cuidar mi memoria?

Muévete: varios estudios han comprobado que el ejercicio físico incrementa el flujo de oxígeno y nutrientes al cerebro, mejorando la atención y la memoria con efectos inmediatos y también a medio y largo plazo. Si tienes que recordar o aprender una cosa importante y te encuentras “bloqueado”, sal a correr o a dar un paseo al aire libre y a paso vivo. Y si no puedes hacer esto, baila o muévete de cualquier otra forma que acelere tu ritmo cardíaco, mejor en un espacio ventilado.

Por si te lo estabas preguntando: sí, fumar afecta negativamente a la memoria.

Y la más importante: ejercitar nuestra atención y memoria a diario es la mejor forma de conservar estas funciones. Si empiezas a notar que pierdes memoria, no te resignes: acude a un taller de memoria o consulta a tu médico dónde puedes recibir sesiones de rehabilitación cognitiva.

Autora: Doctora  Miriam Martínez Biarge,  Núm. Col. Madrid 53.890

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