Seguramente alguna vez habrás escuchado la frase popular «tener el frío metido en el cuerpo». Y es que, en invierno, cuando hace frío, muchas personas experimentan molestias o dolor en las articulaciones que habitualmente no notan el resto del año.

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¿Por qué duelen las articulaciones?

El dolor en las articulaciones, o dolor articular, se produce por diversos motivos. Generalmente, deriva de un golpe o un traumatismo (caídas, accidentes, malos gestos, etc.). En casos leves, se trata de un dolor temporal, que desaparece gracias al reposo y al tratamiento. No obstante, en casos graves en los que el traumatismo llega al cartílago, el dolor puede ser recurrente o crónico. Se pueden desencadenar así algunas enfermedades reumáticas.

Otra causa común es el desgaste del cartílago, un tejido flexible y resistente que revsiste las articulaciones. A causa de la erosión producida por el movimiento, puede provocar inflamación y dolor. Es lo que se conoce como osteoartritis, y puede producirse por distintas razones, como el uso excesivo de una articulación, un traumatismo o la edad.

No hay evidencias científicas de que el frío sea una causa de las enfermedades reumáticas, pero sí se ha comprobado que los cambios de presión atmosférica y de temperatura pueden generar dolor articular.

Los músculos y tendones se contraen y, por ende, se vuelven más rígidos, lo que afecta al movimiento de las articulaciones, produciendo una sensación de dolor al moverlas

La relación entre el frío y dolor articular

Cuando bajan las temperaturas, nuestro cuerpo percibe sensación de frío. Esto, sumado a los cambios en la presión atmosférica, la tensión muscular aumenta. Como mecanismo de defensa, los músculos y tendones se contraen y, por ende, se vuelven más rígidos, lo que afecta al movimiento de las articulaciones, produciendo una sensación de dolor al moverlas. ¿Qué podemos hacer para prevenirlo? Podemos adoptar varias estrategias, como abrigarnos correctamente y evitar los cambios bruscos de temperatura. Si el dolor es constante, podemos aplicar calor local en la zona afectada para aliviarlo.

¿Qué podemos hacer para prevenirlo?

Podemos adoptar varias estrategias, como abrigarnos correctamente y evitar los cambios bruscos de temperatura. Si el dolor es constante, podemos aplicar calor local en la zona afectada para aliviarlo. Mantenerse activo ayudará a fortalecer nuestra musculatura y a aumentar el rango de movimiento articular. Todo ello sin descuidar una alimentación variada, saludable y equilibrada, así como una correcta hidratación.

Colágeno, esencial en la salud de las articulaciones

La variedad de verduras de hoja verde, frutos cítricos, frutos rojos, legumbres, cereales integrales y frutos secos pueden ayudar a promover la síntesis del colágeno, una proteína con múltiples funciones vitales, como sostener, proteger y estructurar nuestros órganos, tejidos, huesos y articulaciones. En este sentido, también podemos buscar el consejo profesional para mantener unos niveles de colágeno adecuados con el apoyo de la suplementación.

Autora: Ariadna Coma, Periodista

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