El sobrecrecimiento bacteriano en el intestino delgado (SIBO) parece algo nuevo, sin embargo, es un viejo conocido como una situación clínica bien definida denominada síndrome de asa ciega. Este síndrome ocurre cuando una parte del intestino delgado no se mueve con normalidad y eso tiene como consecuencia la acumulación excesiva de bacterias en los intestinos.

SIBO
123rf Limited©file404

Las posibles causas clásicamente conocidas son las cirugías abdominales, algunas enfermedades y algunos medicamentos. Y los síntomas habituales son la formación excesiva de gases en el intestino delgado, hinchazón y dolor en la región umbilical, que pueden ir acompañados de malabsorción, desnutrición, diarrea e incluso reflujo gastroesofágico.

En la actualidad, el SIBO está en boca de todos pues realmente afecta a una buena parte de la población. Estamos ante una situación global en la que los trastornos gastrointestinales son muy frecuentes y, aunque los datos sobre el SIBO varían según la zona geográfica, este es, sin duda, un tema importante. Los datos muestran que entre el 33-68% de las personas con síntomas de alteraciones gastrointestinales y que son sometidas a una prueba de aliento dan positivo en SIBO. Este problema de salud se ha visto que está asociado al tabaquismo, la dispepsia funcional, la diarrea, el estreñimiento, las enfermedades inflamatorias intestinales, la infección por Helicobacter pylori, la distensión y el dolor abdominal, la diabetes, el hipotiroidismo, el hígado graso no alcohólico, la celiaquía, las enfermedades diverticulares, la esclerosis múltiple, el autismo, el Parkinson, la fibromialgia, el asma, la anemia y otras muchas enfermedades. ¿Qué quiere decir esto? Que, entre las personas con estos condicionantes o patologías, el SIBO es más frecuente. Además, hay factores de riesgo evidentes como el uso de fármacos inhibidores de la bomba de protones (protectores gástricos como el omeprazol) y también la edad. Y el padecer SIBO, no solo implica los síntomas o molestias que puede ocasionar, sino que empeora el curso de muchas enfermedades como la diabetes, el hígado graso o la pancreatitis, e incluso puede tener que ver con la aparición de algunas de ellas. En este sentido aún tenemos mucho por saber, pero está claro que solucionar el SIBO es prioritario.

Las posibles causas clásicamente conocidas son las cirugías abdominales, algunas enfermedades y algunos medicamentos

El desarrollo de SIBO suele estar causado por una desaceleración en el tiempo de tránsito intestinal, una reducción en la motilidad en el primer tramo, cosa que disminuye la renovación y eliminación normal de bacterias del intestino delgado. Y esta desaceleración del tránsito puede deberse a muchos motivos, por ejemplo, a una enfermedad intestinal, a una polineuropatía diabética que afecte a los nervios que activan esa zona, o a una disminución del efecto estimulante de las hormonas tiroideas sobre esa capacidad motora.

El diagnóstico es aparentemente sencillo, aunque con muchos aspectos a tener en cuenta. En la actualidad, se considera que hay SIBO cuando existe una concentración de 103 , o más, unidades formadoras de colonias por mililitro (UFC/mL) de bacterias típicas del colon en el intestino delgado, valoradas en cultivo del aspirado duodenal/yeyunal. De todos modos, esta prueba diagnóstica tiene muchas limitaciones, es molesta y apenas se utiliza. Es por eso que el test que se suele realizar para tener información sobre lo que está pasando en el intestino es el conocido «test de hidrógeno espirado», en el que idealmente se determina el momento y cantidad de eliminación de hidrógeno (H2) y metano (CH4) que resultan del proceso microbiano de fermentación después de administrar una sustancia fermentable que suele ser la lactulosa o la glucosa. En condiciones normales estos gases se generan en una cantidad limitada, se absorben a través de la mucosa intestinal, pasan al torrente sanguíneo y finalmente se exhalan al exterior a través de los pulmones. Pero se considera SIBO cuando se presenta una producción excesiva que supone un incremento de 20, o más, partes por millón (ppm) en la concentración del hidrógeno o metano espirado antes de los 90 minutos desde el inicio de la prueba, comparado con el nivel inicial. Este método diagnóstico es el más utilizado en la práctica clínica debido a su facilidad de uso, sencillez y bajo coste, aunque no es del todo preciso y es necesario que un médico especialista en aparato digestivo haga la correcta interpretación junto al compendio de síntomas y otros datos del paciente.

Los datos muestran que entre el 33-68% de las personas con síntomas de alteraciones gastrointestinales y que son sometidas a una prueba de aliento dan positivo en SIBO

El tratamiento convencional del SIBO en la actualidad se basa en el uso de antibióticos junto a una pauta dietética baja en sustancias fermentables (dieta baja en FODMAPs). En cuanto a la necesidad y eficacia de los antibióticos existe todavía mucho trabajo por hacer para confirmar su adecuación. En este sentido, tres grandes ensayos controlados aleatorios multicéntricos han demostrado que la rifaximina, un antibiótico no absorbible de amplio espectro, reduce el dolor abdominal y la diarrea en pacientes con síndrome de intestino irritable con predominio de diarrea. La rifaximina parece tener un efecto transitorio en la reducción de la abundancia relativa de ciertos tipos de microorganismos como las enterobacterias. En el SIBO, los síntomas como la hinchazón parecen estar asociados con un aumento en grupos como las enterobacterias, Escherichia-Shigella y Clostridium, por eso en la práctica clínica se usa este antibiótico y otros antibióticos como la neomicina, aunque hasta la fecha son necesarios más estudios sobre su eficacia en esta patología.

SIBO
123rfLimited©dmitrimarut

Pero, además de usar fármacos, hay mucho potencial terapéutico en aquello que comemos, ya que es la base de todo. La dieta condiciona la actividad del tránsito gastrointestinal y es indiscutible que el tipo de alimentación moderna occidental es desfavorable pues la falta de fibra, los azúcares y las grasas saturadas ralentizan el vaciamiento gástrico y el tránsito intestinal.

El tratamiento convencional del SIBO en la actualidad se basa en el uso de antibióticos junto a una pauta dietética baja en sustancias fermentables

Algunos componentes de los alimentos tienen mayor importancia que otros en el funcionamiento del complejo motor gastrointestinal, por ejemplo, el triptófano es precursor de la hormona serotonina, que estimula el tránsito intestinal y el vaciado gástrico, al igual que la fibra, el jengibre y los antioxidantes de tipo polifenoles (presentes en frutas y verduras de todo tipo de colores). Además, el efecto de los alimentos sobre la microbiota es importante y la dieta puede evitar el crecimiento excesivo de bacterias y la presencia de patógenos. Los productos ricos en polifenoles y fibra soluble son prebióticos y tienen un efecto beneficioso sobre la microbiota intestinal al favorecer selectivamente el crecimiento de microorganismos beneficiosos. La inclusión de probióticos, como Bifidobacterium lactis, Lacticaseibacillus rhamnosus, Bacillus subtilis, Lactobacillus acidophilus o Saccharomyces boulardii, puede ayudar a una mejor motilidad y capacidad de erradicación de patógenos mejorando así los problemas gastrointestinales como el SIBO. También podemos usar el potencial antibiótico natural de hierbas y especias como la cúrcuma, el orégano, el tomillo, el romero o la canela. Por otro lado, los azúcares y las grasas saturadas favorecen el crecimiento de patógenos. Todo esto debe aplicarse en el tratamiento del SIBO, aunque aún queda también mucho por saber sobre el gran potencial de la nutrición en su prevención y resolución.

Autora: Dra. Laura I. Arranz, Farmacéutica y Dietista – Nutricionista

Suscríbete a la Newsletter y recibe El Botiquín Natural gratis cada mes en tu correo

El Botiquín Natural, Prensa Independiente y Gratuita
Leer
El Botiquín Natural Octubre 2024