Una buena hidratación es imprescindible para un correcto funcionamiento del organismo. Con variaciones dependiendo de la actividad física, la edad, el clima y otros condicionantes, se necesita una ingesta de unos ocho vasos de agua u otros líquidos, como zumos o caldos, al día. Nutrirnos adecuadamente nos asegura el mantenimiento de una buena salud. Para ello nos tenemos que proveer de minerales, vitaminas y fibra, además de proteínas, grasas y carbohidratos. Nutrirnos e hidratarnos con alimentos y bebidas saludables es una prioridad para el cuidado de la salud.

Hidratación y nutrición
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Uvas rojas, manzanas, arándanos y bayas de saúco

Las uvas rojas son sabrosas y ricas en antioxidantes como el resveratrol y sus beneficios para la salud cardiovascular están demostrados. Las manzanas nos proporcionan fibra, vitamina C y antioxidantes y es de sobra conocida su bondad en el mantenimiento de la salud en general y digestiva en particular, así como en regular los niveles de azúcar en sangre. Los arándanos son una fuente muy rica en antioxidantes y ayudan a reducir la inflamación y a mejorar la memoria por sus propiedades neuroprotectoras.

Las bayas de saúco son el fruto del saúco y tienen un sabor excepcional que las hace muy valoradas en la preparación de mermeladas, zumos, vinos y licores, así como en complementos alimenticios, por sus características antiinflamatorias y antioxidantes. La acerola tiene un alto contenido en antioxidantes y en vitamina C que refuerza el sistema inmune y la salud de la piel. También nos aporta vitamina A, complejo vitamínico B y minerales como magnesio y potasio.

La equinácea es usada tradicionalmente por sus beneficios en el tratamiento de resfriados

Equinácea, amiga del sistema inmunológico

La equinácea es usada tradicionalmente por sus beneficios en el tratamiento de resfriados ya que estimula el sistema inmunológico, tiene compuestos antioxidantes y antiinflamatorios y acorta o debilita el proceso de enfermedades del tracto respiratorio superior.

Zinc, oligoelemento esencial

El zinc es un oligoelemento necesario, aunque en pequeñas cantidades, para el buen funcionamiento de muchas funciones de nuestro organismo como, por ejemplo, la coagulación de la sangre y la cicatrización de heridas. El cuerpo no lo produce ni lo almacena. Se obtiene normalmente la suficiente cantidad de zinc a través de la dieta. Se encuentra en la mayor parte de los alimentos vegetales, especialmente en las legumbres, los cereales integrales y en las semillas de sésamo, de girasol y de calabaza, entre otras. Los anacardos son también una buena fuente de zinc. Este mineral favorece el crecimiento normal por lo que la deficiencia de zinc puede causar retraso en el crecimiento en niños y bebés y en la maduración sexual.

La deficiencia de zinc puede causar retraso en el crecimiento en niños y bebes y en la maduración sexual

Los zumos u otros alimentos enriquecidos con zinc y los complementos alimentarios pueden ayudar a alcanzar las cantidades necesarias en los grupos de personas que más lo necesitan como son las embarazadas y madres que amamantan; los vegetarianos y veganos, ya que la biodisponibilidad del zinc es menor al consumir más alimentos con fitatos, que se unen a los oligoelementos como el zinc, el calcio, el magnesio o el hierro dificultando su absorción y su aprovechamiento por el organismo; y las personas con trastornos gastrointestinales como colitis ulcerosa o enfermedad de Crohn.

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Autora: Montse Mulé, Editora

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