La infertilidad es la imposibilidad de lograr un embarazo después de 12 meses de relaciones sexuales rutinarias y sin protección. Todos sabemos que es un problema que ha aumentado en los últimos años. Se estima que alrededor del 15% de las parejas en todo el mundo tienen dificultades para conseguir un embarazo, sin embargo, la infertilidad femenina contribuye sólo al 35% de los casos, el 20% están relacionados tanto con mujeres como con hombres, el 30% implica problemas únicamente por parte de los hombres, mientras que el 15% de los casos de infertilidad siguen sin explicación. Se estima que en España afecta a 1 de cada 5 personas, tanto hombres como mujeres. Y es cada vez más evidente que los factores relacionados con el estilo de vida, entre ellos la alimentación, son la clave.

Nutrición y fertilidad
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La infertilidad femenina se define como la infertilidad causada principalmente por factores femeninos, como trastornos de la ovulación, reserva ovárica reducida, trastornos del sistema reproductivo o enfermedades crónicas. Además de los factores fisiológicos relacionados con la edad, la fertilidad femenina también se ve afectada por las condiciones relacionadas con la fisiopatología de los órganos reproductivos y otros factores, como el medio ambiente y el estilo de vida, incluyendo la alimentación. También algunas patologías crónicas como la endometriosis, el síndrome de ovario poliquístico, las funciones ováricas desreguladas, las infecciones tubáricas y los factores cervicales y uterinos constituyen parte del problema.

La infertilidad masculina es un síndrome que afecta a la función reproductiva de los hombres y se caracteriza, en términos generales, por la incapacidad de producir una cantidad suficiente de espermatozoides para la fertilización de un ovocito. Sin embargo, este problema está frecuentemente asociado con alteraciones como dificultades en la eyección del semen, en la producción de espermatozoides o en su calidad y movilidad y también en anomalías de los espermatozoides. Igual que en las mujeres, la infertilidad masculina es un problema multifactorial en el que son varios los aspectos que pueden estar implicados como el estilo de vida, la dieta, la contaminación ambiental y también ciertas enfermedades crónicas o tratamientos crónicos.

Existe un interés creciente en los factores relacionados con el estilo de vida como la dieta, la actividad física, el estrés, los factores socioeconómicos, el índice de masa corporal, el tabaquismo y el consumo de alcohol y cafeína

Existe un interés creciente en los factores relacionados con el estilo de vida como la dieta, la actividad física, el estrés, los factores socioeconómicos, el índice de masa corporal, el tabaquismo y el consumo de alcohol y cafeína. Desde luego sabemos que la actividad física moderada, la buena gestión del estrés, la estabilidad psicosocial, mantener un peso corporal adecuado, evitar el tabaco y reducir el consumo de alcohol y cafeína son factores protectores de nuestra fertilidad. En cuanto a dieta, la ingesta calórica moderada y la riqueza nutricional en términos de vitaminas, proteínas, grasas saludables, hidratos de carbono y contenido mineral, es vital.

Son muchos los estudios que han centrado su atención en este asunto y en los nutrientes que pueden estar implicados en la fertilidad de forma negativa y también positiva. Sabemos que las dietas ricas en grasas saturadas y grasas trans, hidratos de carbono refinados y azúcares añadidos la perjudican y que una alimentación rica en fibra, ácidos grasos omega-3, proteínas de origen vegetal, antioxidantes y micronutrientes (vitaminas y minerales) la protege. Además, en las mujeres, es importantísimo suplementar con ácido fólico cuando se busca un embarazo para proteger al futuro bebé de defectos en el tubo neural y, en general, valorar los niveles en sangre de algunos nutrientes como el hierro, la vitamina D o el yodo para tratar posibles deficiencias que puedan condicionar el éxito de la concepción.

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123rfLimited©alex9500. Alimentos ricos en Omega 3

El conocimiento actual indica que el estrés oxidativo que conduce a daño celular juega un papel esencial en el desarrollo de la infertilidad. Así, la presencia de antioxidantes en la alimentación para combatir esos procesos es trascendental. Los antioxidantes están presentes en los alimentos vegetales de distintos colores, por eso, es imprescindible asegurar una alimentación muy rica y variada en frutas y verduras de todos los colores, además de otros vegetales como las legumbres, los frutos secos o las semillas que, además, aportan fibras, vitaminas, minerales y proteínas no animales. Incluso se ha observado en diversos estudios que la suplementación con antioxidantes puede ser beneficiosa para las personas que necesitan mejorar su fertilidad. Estos componentes de la alimentación son importantes siempre, pero sobre todo en mujeres con endometriosis y síndrome de ovario poliquístico y en personas expuestas a oxidantes ambientales como la contaminación o al tabaco.

Los omega-3 tienen un papel relevante en el organismo y en la salud reproductiva. En los hombres, el aumento de estos ácidos grasos en la membrana plasmática del espermatozoide estimula una defensa antioxidante adecuada disminuyendo el deterioro de estos. También niveles bajos de omega-3 en la dieta pueden estar asociados con la infertilidad masculina al reducir la calidad del esperma y la salud. En las mujeres, los estudios disponibles indican que los omega-3 tienen un efecto beneficioso sobre el crecimiento y maduración de los ovocitos, disminuyendo el riesgo de anovulación y mejorando la morfología del embrión, y están asociados con concentraciones más altas de progesterona. Estos ácidos grasos son, tanto en hombres como en mujeres, precursores de moléculas antiinflamatorias y de señalización que regulan la reproducción. Se recomienda ingerir alrededor del 1-2% de la energía total en forma de grasas omega-3, como ácido alfa-linolénico y también de ácidos grasos omega-3 de cadena larga como el ácido eicosapentaenoico y docosahexaenoico, EPA y DHA. Éstos dos últimos en dosis mínimas de 200mg/día de DHA y de 500mg a 1g de la suma de ambos, aunque la OMS incluso recomienda llegar a 2g de EPA y DHA al día. El ácido alfa-linolénico lo encontramos en algas, plantas verdes, semillas, nueces y el EPA y el DHA en el pescado azul y en algunas especies de algas como Schizochytrium. Se pueden tomar con los alimentos y también con suplementos en casos en los que la dieta no aporte la cantidad deseada.

El conocimiento actual indica que el estrés oxidativo que conduce a daño celular juega un papel esencial en el desarrollo de la infertilidad

Un campo de investigación que dará mucha información es la búsqueda de la relación entre la microbiota y la fertilidad. De momento sabemos que todos aquellos factores dietéticos que protegen a los microorganismos beneficiosos que viven en simbiosis con nuestro organismo también protegen la fertilidad. En una revisión sobre cómo puede afectar el microbioma del tracto genital femenino en el potencial de fertilidad antes y durante los tratamientos de reproducción asistida se observó que la flora dominada por Lactobacillus parece desempeñar un papel fundamental en la fertilidad. Por el contrario, la presencia de patógenos como Chlamydia trachomatis, Gardnerella vaginalis, especies de Ureaplasma y otros microorganismos Gram negativos, afectaron negativamente a la fertilidad incluso cuando no producen síntomas. Otras revisiones han aportado datos como que el consumo de yogur mejora el estado metabólico, reduce la inflamación y las posibles infecciones durante el embarazo. Los estudios sobre el consumo de yogur muestran que hay muchos beneficios, tanto para la futura madre como para el bebé, que van desde mejorar el metabolismo hasta disminuir los nacimientos prematuros.

El perfil nutricional de lo que comemos influye definitivamente en nuestra salud y en nuestra capacidad reproductiva. Está claro que es vital adoptar un enfoque holístico para el tratamiento de la infertilidad, incluyendo la nutrición como una herramienta clave.

Autora: Dra. Laura I. Arranz, Farmacéutica y Dietista – Nutricionista

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