La diabetes es una enfermedad en la que los niveles de glucosa (azúcar) en la sangre están muy altos. La glucosa proviene de los alimentos que consumes y también de la que produce el organismo. La insulina es una hormona que ayuda a que la glucosa entre en las células para suministrarles energía. La diabetes no supone tan solo el aumento de azúcar en la sangre, sino que implica otros problemas de salud no tan visibles, como son las enfermedades cardiovasculares (ictus, infartos, retinopatía, …) y se asocia con frecuencia a otros problemas de salud como es la obesidad, la hipertensión y la hipercolesterolemia.

 Alimentación y ejercicio en la diabetes
Glucómetro, control de azúcar en sangre. 123rf Limited©Pittawut Junmee

Tipos de diabetes

Existen dos tipos de diabetes; la diabetes tipo 1 (representa el 5-10% de los casos), en la que el cuerpo no produce insulina y necesita aporte externo de la misma, y la diabetes tipo 2, en la que el páncreas produce más insulina, pero no es capaz de hacer su función, (representa el 90% de los casos). Este segundo tipo puede tardar 10 años o más en manifestarse, pero mientras tanto el organismo se va dañando, por ello es tan importante la prevención.

En esta revisión nos centraremos en la diabetes tipo2

El tratamiento básico e indispensable es la alimentación correcta y el ejercicio. También es preciso en ocasiones añadir fármacos antidiabéticos o incluso insulina. No hay una única dieta para la diabetes, debe ser individualizada (adaptada a las necesidades calóricas, edad, sexo, peso y tipo de ocupación), variada, agradable y satisfactoria.

Para evitar que la glucemia (el azúcar en sangre) se eleve (hiperglucemia) bruscamente después de la comida, la alimentación debe ser: rica en proteínas, en fibras y en omega 3. Se trata pues de una dieta mediterránea (con aceite de oliva y frutos secos), con bajo contenido en grasas saturadas, grasas trans, e hidratos de carbono refinados. Controlar el horario de las comidas y el tamaño de las raciones de hidratos de carbono.

La diabetes no supone tan solo el aumento de azúcar en la sangre, sino que implica otros problemas de salud no tan visibles

En los pacientes con diabetes tipo 2 que tienen sobrepeso u obesidad (localización de la grasa principalmente en el abdomen) el primer objetivo es la reducción de peso. La restricción calórica y la consiguiente pérdida de peso disminuirá la resistencia a la insulina y mejorará el funcionamiento del páncreas.

Alimentos a evitar o reducir

En general, todos los alimentos de color blanco como pan, pasta, azúcar, arroz, etc. Por ello es preferible tomarlos integrales (más ricos en fibra) para que retrase el paso de la glucosa a la sangre. Por el mismo motivo, es preferible tomar la fruta entera que los zumos de frutas. También es muy importante evitar los refrescos azucarados (¡una lata de 330 ml contiene 10 terrones de azúcar!). Los cereales de desayuno azucarados tampoco son aconsejables. Reducir al máximo la cantidad de grasas como embutidos, quesos grasos, bollería industrial, alimentos procesados, etc. Moderar el consumo de sal y alcohol.

Alimentos a aumentar

Alimentos proteicos, verduras y hortalizas. Frutos rojos, lácteos desnatados, infusiones sin azúcar, legumbres y grasas saludables como el aceite de oliva, el aguacate y los frutos secos. Usar especies como: canela, clavo, ajo, cúrcuma.

En el tratamiento de la diabetes tan importante es la alimentación como el ejercicio físico.

En los pacientes con diabetes tipo 2 que tienen sobrepeso u obesidad el primer objetivo es la reducción de peso

¿Por qué debes hacer ejercicio físico si tienes diabetes?

Reduce los niveles de glucosa en la sangre, disminuye la presión arterial, disminuye el colesterol, mejora la circulación sanguínea, mejora el estado de ánimo, te ayuda a dormir mejor, te mantiene ágil y te previene de las caídas. Si no has hecho nunca, empieza por 5-10 minutos al día y vas aumentando cada semana 5 minutos. Los efectos los notarás al cabo de unas semanas de mantener el ejercicio (como mínimo 30 minutos diarios): ¡no te desanimes!

Si no puedes hacerlo de forma regular y programada por un profesional, priorizando el entrenamiento de fuerza, aumenta tu actividad física diaria: camina por la casa mientras hablas por teléfono, usa escaleras en vez del ascensor, pasea cada día (no mirar escaparates, sino andar a paso rápido, que notes el esfuerzo, acelera el paso de vez en cuando, tienes que activar todo tu organismo. Ir en bicicleta, bailar, …etc., son otras opciones que implican moverse (¡si no, te oxidas!).

Controla periódicamente: peso, presión arterial, glucosa, colesterol, triglicéridos, …Si tienes alguna duda consulta a tu farmacéutico, ¡está muy cerca de ti!

Autora: Dra. Marta Castells, Farmacéutica

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