Ginkgo biloba es un fósil viviente. Un árbol único del prácticamente extinto género Ginkgo. Las especies incluidas en el Orden Ginkgoales vivieron en el Pérmico hace 270 millones de años, se desarrollaron y diversificaron durante la era de los dinosaurios, en el Jurásico medio y el Cretácico, emprendiendo un declive paulatino que las llevó a la práctica desaparición hacia el final del Pleistoceno. Hace 150 millones de años las Ginkgoáceas, familia que incluye al género Ginkgo, ocupaba ampliamente la actual Europa, pero con la llegada de la era glacial desaparecieron. Solamente el actual ginkgo fue capaz de sobrevivir, quedando como relicto en el Sureste de China.

El ginkgo tiene un tronco en forma piramidal de 35 a 40 metros de altura, que puede llegar a medir hasta 4 metros de circunferencia. Por su aspecto parece una planta con flor, una angiosperma, pero pertenece al grupo de las gimnospermas. Es dioico, presentando árboles masculinos y femeninos. Los árboles masculinos producen polen en pequeñas estructuras con forma de cono, mientras que los femeninos tienen una inflorescencia que contiene dos óvulos. Otra singularidad del ginkgo es la de ser caducifolio. Tiene hojas pecioladas, alternas, bilobuladas, en forma de abanico con borde desigual, que pueden medir de 5 a 10 cm de ancho. De color verde claro durante el crecimiento adquieren una coloración amarillo dorada en otoño antes de su caída. Hace semilla con estructura carnosa parecida a una drupa, redonda, de unos 2 a 3 cm de diámetro, de color amarillento que despide un olor rancio. Florece a comienzos de la primavera. La primera floración ocurre transcurridos 25 a 30 años desde su plantación, y su periodo fértil dura al menos 1000 años.
Árbol extremadamente longevo, su resistencia y su capacidad para sobrevivir en una variedad de condiciones ambientales es bien conocida. Es invulnerable a enfermedades y plagas, soportando la radiación y la contaminación ambiental. Puede crecer en una amplia variedad de climas y de altitudes, desde templados hasta subtropicales, desde áreas bajas hasta elevaciones moderadas. Necesita para su desarrollo suelos bien drenados y ricos en nutrientes, neutros, tolerando suelos ligeramente ácidos o básicos. Para su óptimo crecimiento requiere de sol directo, aunque tolera la semi sombra, y una vez arraigado resiste bien la sequía. Se propaga a partir de semillas maduras que se plantan en primavera y en otoño. En China y algunas zonas de Asia se halla en estado silvestre. Ginkgo biloba: diseñado para ser inmortal No obstante, debido a su utilidad, está siendo ampliamente cultivado tanto por su singularidad botánica como por su uso en la medicina tradicional, encontrándose naturalizado en diversas partes del mundo.
Sus principios activos mejoran la circulación sanguínea, los trastornos circulatorios y aumentan el flujo cerebral
No obstante, debido a su utilidad, está siendo ampliamente cultivado tanto por su singularidad botánica como por su uso en la medicina tradicional, encontrándose naturalizado en diversas partes del mundo.
El ginkgo es considerado un árbol sagrado
Originario de China, el árbol pasó a Corea y a Japón, donde era plantado alrededor de los templos. Y fue en Japón donde en 1712 el médico alemán Engelbert Kämpfer lo describió por primera vez. En 1771 el botánico Carl von Linné dio al Ginkgo biloba su nombre científico.
Sus semillas y hojas son ricas en compuestos activos beneficiosos para el organismo. Las semillas favorecen la salud pulmonar. Son útiles para combatir catarros, bronquitis y ataques de asma. Tienen poder antibacteriano frente a enfermedades infecciosas. Las hojas de ginkgo poseen propiedades que favorecen la salud cardiovascular y cerebral. Se cosechan antes de su caída otoñal, momento en el que su contenido en sustancias activas alcanza su mayor concentración. Sus principios activos mejoran la circulación sanguínea, los trastornos circulatorios y aumentan el flujo cerebral. Potencian la memoria y la función cognitiva en personas mayores, combatiendo el deterioro mental, la ansiedad, estrés y los problemas anímicos. Tienen propiedades antioxidantes que ayudan a frenar el estrés oxidativo en el cerebro y el sistema circulatorio, reduciendo la inflamación de las articulaciones.
Los principales componentes activos son los flavonoides, los terpenoides, las lactonas y los fitoesteroles. Los flavonoides, como el ginkgetol y el isoginkgetol, son los responsables de sus propiedades antioxidantes. Los terpenoides, representados por los ginkgólidos, ayudan a mejorar la circulación sanguínea, dilatando los vasos y reduciendo la viscosidad de las plaquetas. Las lactonas, como el bilobálido, son responsables de los efectos antiinflamatorios. Los fitoesteroles reducen la absorción intestinal del colesterol, ayudando a disminuir sus niveles.
Autor: Raúl Martínez, Dietista-nutricionista, biólogo
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