Licenciado en Farmacia, micólogo clínico y graduado en Nutrición Humana y Dietética, Salvador Talón es además diplomado en Naturopatía y experto en Nutrición Ortomolecular y Nutrición Celular Activa. Entre otros, es Máster en Fitoterapia clínica, Máster Internacional en Antienvejecimiento y Máster Internacional en Nutrición y Dietética Aplicada (con especialización en Nutrición y Actividad Física y Nutrición Hospitalaria).

Salvador Talón

Actualmente, además de su consulta de nutrición celular activa y PNIE (Psiconeuroinmunoendocrinología), colabora como profesor adjunto en diferentes universidades en el ámbito nacional y europeo, como la Escola Superior de Tecnologia da Saúde, del Instituto Politécnico do Porto, la Universidad del Almería y la Universidad Europea. También es Doctorando en Salud, Psicología y Psiquiatría por la Universidad de Almería en la línea de investigación Neurociencia Cognitiva.

Por desgracia, la sociedad actual está muy familiarizada los fármacos «anti» (antipiréticos, antihistamínicos, antinflamatorios…) y quizá por esto, y por la cantidad de informaciones que hablan de inflamación y su vinculación a múltiples enfermedades, parece que la inflamación puede adquirir una connotación negativa y considerarse algo malo… Sin embargo, esto en principio no es así, ¿no? ¿Qué es realmente la inflamación y qué función tiene?

Bueno, en realidad durante la mayor parte de la historia de la humanidad, la inflamación se ha asociado a algo positivo y no negativo. Porque es el mecanismo natural del sistema inmunitario para reparar y protegernos frente a una invasión o agresión en nuestro organismo. Un ejemplo: Yo que soy micólogo y me encanta la montaña, si voy a coger setas y meto la mano en unos arbustos donde hay unos espinos y me pincho el pinchazo me duele, me hace gritar, retirar la mano y se produce una inflamación aguda que es positiva porque hace que yo no siga metiendo la mano ahí. Lo mismo si meto la mano en el fuego o si me pican unas abejas.

Se trata de una inflamación aguda que es positiva. Es una respuesta del sistema inmunitario localizada, específica y a corto plazo porque el objetivo de la herida es la curación. Otra cosa es cuando hablamos de una inflamación sostenida en el tiempo como es la inflamación crónica.

Se oye cada vez con más frecuencia esto de inflamación crónica de bajo grado o términos como inflamación metabólica sistémica, metainflamación… que generalmente se asocian a la obesidad y al origen de muchas enfermedades crónicas pero no acaban de estar muy claros para la mayoría de las personas. ¿Podrías explicarnos un poco si hay diferencias?

Son todos términos que hacen referencia a lo mismo: inflamación que persiste en el tiempo, es sistémica, no localizada e inespecífica. Se ha observado, en diferentes estudios, que este tipo de inflamación perpetúa la enfermedad y funciona a niveles muy bajos, de manera que no se aprecia si no es a través de unos análisis clínicos. Yo suelo pedir en consulta marcadores inflamatorios como la Proteína C Reactiva. En este caso, lo ideal sería tener por debajo de 1 mg de este parámetro. Cuando se superan los 3 mg por litro (que a veces, dentro de las analíticas, se considera dentro del rango de la normalidad), nos puede predisponer a diferentes desequilibrios cardiovasculares como ictus, infarto de miocardio… Ahora, tengo que tener en cuenta que, si yo voy a hacerme una analítica cuando estoy en un proceso infección o una gripe, no será el momento adecuado porque como la inflamación es un mecanismo natural de nuestro sistema inmunitario para volver al equilibrio, los resultados de este parámetro podrían ser de 100 mg o más.

«La inflamación metabólica de bajo grado es uno de los descubrimientos médicos más importantes de los últimos años»

¿Es así como se diagnostica entonces?

Efectivamente, es a través de distintos análisis clínicos de sangre llevados a cabo por diferentes profesionales de la salud en los que nos pueden pedir una serie de marcadores estandarizados en torno a esto (como la mencionada Proteína C reactiva). Pero también pueden ser parámetros: el desequilibrio entre los ácidos grasos omega 3 y omega 6, la vitamina D3, la velocidad de la sangre…

Concretando, ¿a qué nos referimos entonces con inflamación crónica de bajo grado y qué la produce?

Pues es la respuesta de nuestro sistema inmune ante múltiples aspectos no saludables de nuestra vida: desde el entorno en términos generales (como la contaminación ambiental, el tráfico, las diferentes sustancias a las que nos exponemos cada día…), decisiones, nuestro estilo de vida, el tabaco, el estrés crónico, sedentarismo, falta de sueño…

Pero desde mi punto de vista el motor principal de la inflamación crónica de bajo grado sería lo que introducimos cada día en nuestro organismo (lo que comemos y la consecuencia del exceso de lo que comemos, que sería la obesidad o sobrepeso). Se ha observado que, sobre todo, la obesidad es uno de los principales factores desencadenantes de la inflamación crónica ya que el tejido adiposo libera constantemente una serie de marcadores inflamatorios. Creíamos que el tejido adiposo era un tejido pasivo pero en numerosos estudios se ha observado que no, que continuamente envía diferentes sustancias químicas a la sangre y esto hace que se mantenga la inflamación crónica y que se abra la puerta a diferentes enfermedades de la civilización moderna. A medida que aumenta el tejido graso, el cuerpo llega un momento que no puede enviar la suficiente sangre, se produce una falta de oxigeno y nutrientes y el tejido adiposo muere. Esto hace que el sistema inmunitario intervenga limpiando todas las células muertas de tejido graso manteniendo una inflamación crónica que perpetúa las diferentes enfermedades. Digamos que «va cociendo a fuego lento» diferentes patologías en nuestro organismo.

Y entonces, ¿a qué enfermedades va asociada y cómo afecta la inflamación a la función cerebral?

En mi opinión, la inflamación metabólica de bajo grado es uno de los descubrimientos médicos más importantes de los últimos años porque se ha demostrado que desempeña un papel importante en muchas enfermedades crónicas y también neurodegenerativas como el parkinson, alzheimer… Se ha observado que va deteriorando nuestro tejido cognitivo y también que 8 de las 10 causas de muerte a nivel mundial tiene por detrás la inflamación crónica de bajo grado.

«El motor principal de la inflamación crónica de bajo grado sería lo que introducimos cada día en nuestro organismo»

La epigenética, que hace referencia a nuestro estilo de vida, sería pues fundamental para tratarla. ¿Qué podemos hacer para atenuar esta inflamación crónica?

Desde luego, está totalmente demostrado que la epigenética influye mucho más que la genética. Mejorando nuestro estilo de vida podemos mantener la inflamación bajo control. Lo primero hay que mantener un normopeso, ya que la obesidad es uno de los marcadores claros. También frenar el estrés diario que activa el cortisol y éste desequilibra la inflamación, tener un buen descanso nocturno (dormir 7 horas), una buena detoxificación (para contrarrestar la contaminación ambiental), controlar la alimentación (bajar ingesta de grasas de mala calidad, azúcares, procesados, proteína animal..).

Luego una de las líneas que yo trabajo mucho en consulta como micólogo clínico sería, además de aumentar el consumo de las setas, utilizar también diferentes extractos de hongos medicinales como el ganoderma lucidum, ya que presentan una serie de polisacáridos que se llaman betaglucanos que son capaces de modular nuestro sistema inmunitario y, de esa forma, mantener la inflamación crónica bajo control. Además presentan una serie de nutrientes como la ergoitioneína, que es fantástica para frenar el estrés oxidativo.

Más información en: www.nutricionstalon.com@salvadortalon (Instagram)

Autora: Marta Gandarillas, Periodista especializada en Salud Natural, Titulada superior en Naturopatía y Terapeuta de Jin Shin Jyutsu

Suscríbete a la Newsletter y recibe El Botiquín Natural gratis cada mes en tu correo

El Botiquín Natural, Prensa Independiente y Gratuita
Leer
El Botiquín Natural Marzo 2024