Equinácea, de nombre botánico Echinacea purpurea, es una planta usada en fitoterapia desde antiguo debido a sus propiedades medicinales. Ha sido ampliamente investigada por sus beneficios para la salud en el campo de la prevención y el tratamiento de enfermedades infecciosas virales simples, debido a su demostrada eficacia inmunomoduladora y capacidad para fortalecer el sistema inmunológico.

Equinácea
123rfLimited©serezniy. Aceite de equinácea

Es una planta herbácea perenne perteneciente a la familia de las Asteraceae. Su nombre deriva del griego «echinos», erizo, por el característico capítulo espinoso de la flor, y purpúrea nos revela su color, púrpura o rojo violáceo. Las hojas de la equinácea son enteras y lanceoladas, de un color verde oscuro, tacto áspero y márgenes dentados, que se sitúan de forma opuesta en el tallo. El tallo es erecto y sólido, ramificado, alcanzando una altura de 1,5 metros. Sus flores son grandes y situándose al final del tallo. De un diámetro de 10 a 12 centímetros son de color púrpura intenso, con un cono central prominente de color marrón anaranjado que es bordeado por un total de 12 a 20 pétalos. La raíz, carnosa y de color marrón, se cosecha en primavera después de 4 años de cultivo, siendo la parte más usada en fitoterapia por concentrar los principales principios bioactivos responsables de sus propiedades medicinales. Los frutos de la equinácea son pequeños aquenios de forma ovalada que contienen la semilla.

Es originaria de América del Norte y se encuentra principalmente en Grandes Llanuras de Estados Unidos. Crece silvestre en praderas, campos abiertos y linderos de bosques, siempre con suelos bien drenados. Es una herbácea popular en jardinería por su belleza ornamental, motivo por el que se cultiva profusamente por todo el mundo. Necesita pleno sol para crecer y un suelo ligeramente alcalino, bien drenado y fértil. Se puede plantar en primavera desde semilla, plántula de semillero o por división de las matas arraigadas. El riego debe ser frecuente pero no encharcante, ya que resiste bien a la sequía. A finales de otoño se poda la planta para promover un crecimiento más compacto.

La equinácea era la medicina de los pueblos indígenas de América del Norte. La utilizaban como remedio médico en forma de jugo o bien como masa machacada de trozos de raíces. Los chamanes la usaban para aliviar el dolor, para las quemaduras, picaduras de insectos, mordeduras de serpientes y heridas externas. Masticar las raíces calmaba el dolor de muelas, las infecciones de garganta, resfriados, tos y problemas intestinales. Los colonizadores europeos, viendo las propiedades de la equinácea, la incorporaron a su repertorio de medicamentos. La planta y sus propiedades se describe por primera vez el año 1737 en el «Catalogue of Plants Fruit and Trees Native of Virginia» de John Clayton. Hacia el 1869 H.C.F. Meyer, elaboró y vendió en Pawnee City la primera especialidad farmacéutica con el nombre de “depurativo sanguíneo Meyer”, indicado para tratar heridas, quemaduras, gingivitis, dolor de dientes, garganta, resfriados, tos, otitis, rubéola y gonorrea. En 1911 se publica el primer tratado farmacológico completo sobre la equinácea, estudiándose las diferentes variedades existentes desde su morfología, farmacología y clínica. La documentación más completa corresponde a la Echinacea purpurea.

Contiene compuestos beneficiosos para el organismo como alquilamidas y polisacáridos, que dotan del poder curativo a la planta medicinal. Las alquilamidas y los polisacáridos de la raíz son responsables de las propiedades inmunomoduladoras de equinácea y de su capacidad para estimular el sistema inmunológico. En tallo, hojas y flores se encuentran flavonoides, fitoesteroles, aceites esenciales y poliacetilenos, aportando las propiedades antioxidantes, antiinflamatorias, y de su acción antimicrobiana. Los fitoesteroles tienen acción beneficiosa para la salud cardiovascular.

Desde un punto de vista terapéutico, la equinácea destaca por su capacidad de estimular el sistema inmunológico y fortalecer la respuesta inmune del organismo. Sus propiedades antivirales y antimicrobianas combaten las infecciones virales y bacterianas del tracto respiratorio superior, como resfriados y gripes. Sus antioxidantes ayudan a luchar contra el daño causado por los radicales libres en el cuerpo, y su acción antinflamatoria alivia la inflamación asociada a la artritis y las afecciones de la piel como el acné, el eccema y la psoriasis. Presenta propiedades cicatrizantes que facilitan la curación de heridas y la regeneración de tejidos.

Autor: Raúl Martínez, Dietista-nutricionista, biólogo

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