Como vimos, el tai-chi es una antigua arte marcial china, hoy adaptada a «gimnasia suave» que se practica por sus propiedades saludables y sus beneficios espirituales; no es competitiva, sino más bien apacible y generalmente de ritmo lento, pero al contrario de la creencia popular de que sin esfuerzo y sacrificios no hay grandes resultados, una hora de tai-chi realmente quema más calorías que surfear y casi las mismas que el esquí alpino, por lo que se puede considerar un ejercicio muy completo.

Tai-chi en casa: 5 movimientos básicos
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Beneficios del tai-chi

El tai-chi ayuda a tomar una mayor conciencia corporal y a incrementar la fuerza, flexibilidad y concentración. Por eso también puede mejorar la salud.

Para aprender tai chi es ideal practicarlo primero con los amigos o en una escuela, o bien con los excelentes videos que existen en Internet. Con un entrenamiento mínimo enseguida podréis hacerlo en casa.

El tai chi puede mejorar distintas condiciones médicas como, por ejemplo: dolor muscular, dolores de cabeza, fibromialgia, problemas cardiovasculares, artritis, esclerosis múltiple, Parkinson, Alzheimer, diabetes, el TDAH, entre otros.

El conjunto de ejercicios es de bajo impacto y ayuda a todos, además, igual que el taoísmo, nos ayuda a estar en sintonía con la naturaleza. No solo la naturaleza fuera de nosotros, sino también la naturaleza dentro de nosotros. Este principio se llama Tzu Jan, y es el principio de estar «seguro de sí mismo» o personificar «la propia naturaleza». Así que, más allá de los beneficios a la salud y del alivio de estrés, el Tai Chi es también un camino para actuar suavemente en el interior de nosotros mismos.

Respiración, forma y estilo

Los ejercicios se pueden incluir dentro de vuestras rutinas de cualquier tipo de entrenamiento en casa, bien al principio, como parte de una activación, o bien al final, en la fase de vuelta a la calma. O bien como rutina independiente de ejercicios que aporte movilización articular, equilibrio, mejora del sistema cardiovascular, tonificación suave, atención plena y calma mental… ¡entre otros beneficios! Proponemos cinco ejercicios sencillísimos, pensados para relajar.

El tai-chi ayuda a tomar una mayor conciencia corporal y a incrementar la fuerza, flexibilidad y concentración

Recordemos los pasos previos:

  1. Calienta con la respiración

No es como en otras artes marciales, tan solo se trata de tener un control firme sobre tu mente. Para despejarla, concentrar tu chi y aprovechar tu potencial has de empezar con la respiración correcta, que a su vez ayudará a centrarte.

  • Separa tus pies al ancho de tus hombros.
  • Coloca la mano en tu abdomen inferior, a unos 5 centímetros debajo del ombligo. Empuja suavemente.
  • Inhala y exhala lentamente por tu nariz (con tus labios ligeramente juntos) por esta parte de tu abdomen. Si no puedes sentir que se mueve esta zona, empuja un poco más con tu mano.
  1. Concéntrate en las partes del cuerpo de una en una

Una vez que te acostumbres a esta respiración, comienza a relajar cada parte de tu cuerpo, una por una. Comienza por los pies y sigue así hasta tu cuero cabelludo.

  1. Enraizarte

Una de las bases del tai chi es «echar raíces», algo que resulta fácil de entender: imagina que crecen d raíces debajo de tus pies. Eres parte del suelo, nunca pierdes el equilibrio, concéntrate en estar centrado.

  • Tus extremidades se mueven, meciéndose como ramas en el viento. No hay dudas ni miedos. Estás enraizado, «con los pies en el suelo». Eres parte del mundo natural. Ni tú ni tus piernas están rígidas, al contrario.
  1. Piensa en tu estructura

Cada posición y cada estilo que elijas favorece a una forma específica. Este es un resumen básico:

  • «Estilo estructura pequeña». En este estilo (generalmente en las versiones Wu o Hao) los movimientos son más pequeños y menos extensos. Se enfoca en la correcta energía integral para formar buenos movimientos y transiciones.
  • «Estilo estructura grande». Este estilo (generalmente Chen y Yang) involucra posiciones altas y bajas, posturas más dramáticas y brazos oscilantes. Enfatiza la posición correcta del cuerpo y la alineación para desarrollar la energía.
  • También existe un estilo intermedio entre los dos anteriores.

Una de las bases del tai chi es «echar raíces»

5 ejercicios

1. Equilibrio por dentro y por fuera

  • De pie, con la mirada fija en un punto lejano a la altura de los ojos, siente el contacto de las plantas de los pies con el suelo. Levanta el pie derecho y colócalo como en la foto.
  • Siente el pie izquierdo firmemente enraizado en el suelo, activa la musculatura abdominal llevándola ligeramente hacia dentro en dirección a la columna vertebral y, desde el enraizamiento, nota cómo te proyectas hacia el cielo.
  • Extiende los brazos para equilibrarte. Al principio, puedes colocar un dedo tocando una pared para conseguir estabilidad. Comienza manteniendo la posición cinco segundos.
  • Cuando te sientas a gusto, intenta realizar el ejercicio con los ojos cerrados.
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2. Conectar tierra y cielo

Se dice que estamos hechos del mismo material que las estrellas y los planetas. Si seguimos nuestro movimiento con el pensamiento podemos conectarnos con ellos.

  • Siente los pies en la tierra y eleva suavemente los brazos hacia el costado derecho. Dibuja un círculo con ellos por delante del cuerpo, que desde el costado derecho vaya por encima de la cabeza, hacia la izquierda y finalmente abajo. Procura relajar las articulaciones de los brazos.
  • Realiza cinco círculos en este sentido, a dos respiraciones por círculo, y repite hacia el otro lado.
  • Dibuja otro círculo desplazando ahora también la cabeza y el torso en la dirección de las manos.

3. Abrir y cerrar la puerta

«Fluir»: así como la noche fluye hacia el día a través de la luz del alba, nosotros fluimos también a través de la vida.

  • Coloca el peso del cuerpo sobre el pie izquierdo y extiende la pierna y el pie derecho como para dar un paso adelante. Mantén los brazos a los lados con las palmas mirando al suelo.
  • Mientras pasas poco a poco el peso al pie derecho ve subiendo los brazos y las manos dibujando un arco por delante del cuerpo hasta llegar a la posición de la foto. Hazlo con una respiración completa.
  • Pasa el peso a la pierna izquierda mientras devuelves los brazos a la posición inicial con otra respiración completa.
  • Hazlo cinco veces en esta posición y otras cinco con las piernas cambiadas.

Así como la noche fluye hacia el día a través de la luz del alba, nosotros fluimos también a través de la vida

4. Abrazar el horizonte con los brazos

Si al abrir los brazos sientes cómo se extienden hasta el horizonte, con los pies y piernas enraizados y la columna proyectada hacia el cielo, integras el cielo, la tierra y el horizonte en tu ser.

  • Dobla un poco las rodillas para enraizarte, da un paso a la izquierda con el pie izquierdo y desplaza la pelvis hasta centrar el peso.
  • Levanta los brazos a los lados mientras sientes cómo los omoplatos descienden y se abren hasta llevar los brazos en cruz. Todo ello durante una respiración.
  • Baja los brazos doblando algo los codos y las muñecas hacia el cuerpo con otra respiración completa.
  • Repite cinco veces y escucha cómo la energía circula por tu ser.

5. Respirar de forma plena

Este ejercicio abre el meridiano del pulmón.

  • Al inspirar levanta los brazos y las manos con las palmas hacia la tierra por delante del cuerpo.
  • Comienza a espirar al llegar a la altura de los hombros y abre los brazos en cruz.
  • Gira las palmas de las manos mientras inspiras. Dirige los brazos hacia el cielo a la vez que llevas el torso y la cabeza, en un arco, a mirar también hacia el cielo. Al espirar vuelve a la posición inicial.
  • Repite cinco veces estos dos últimos movimientos.

Autor: Jaume Rosselló, Editor especializado en salud y alimentación

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