La normativa europea que regula los productos cosméticos es muy estricta respecto a las referencias que se pueden usar sobre los efectos de los productos sobre la salud. Se prohíbe explícitamente alegaciones a propiedades terapéuticas: “Los productos cosméticos no pueden atribuirse propiedades terapéuticas ni hacer referencia a la prevención, tratamiento o curación de enfermedades. Esto incluye cualquier declaración que sugiera un efecto médico o sanitario, ya que los cosméticos están destinados exclusivamente a limpiar, perfumar, cambiar la apariencia, proteger, mantener en buen estado o corregir olores corporales, pero no a tratar o prevenir enfermedades”.

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Pero que legalmente no se pueda hacer referencia a ello no significa que muchos productos cosméticos no se apliquen para mejorar aspectos relacionados con el bienestar y la salud. La piel no es impermeable a los ingredientes usados en cosmética. En función del tamaño de las moléculas y sus características químicas, por ejemplo, si son o no solubles en grasas, encuentran diferentes vías de penetración a través de la piel.

El uso de tratamientos naturales para afecciones de la piel, quemaduras, golpes o dolores articulares y musculares se remonta hasta donde tenemos memoria escrita y, seguramente, ha acompañado siempre a la humanidad como parte de su saber ancestral. Los egipcios utilizaban el aloe vera para los problemas de la piel.

Los tratamientos naturales para afecciones la piel se remontan hasta donde tenemos memoria escrita

El papiro Ebers, datado el 1.500 a. C., es uno de los más antiguos tratados médicos y de farmacopea conocidos e incluye la preparación de ungüentos para quemaduras o tratamiento del acné. La medicina tradicional china, con más de 2.000 años de antigüedad, ya usaba cúrcuma, jengibre y regaliz para tratar inflamaciones y enfermedades cutáneas. También el ayurveda, sistema médico tradicional indio, usaba el sándalo y el nim para el acné o los eccemas.

Los grandes nombres de medicina en la cultura greco-romana igualmente recogieron las propiedades de las plantas para las afecciones de la piel: en Grecia, Hipócrates documentó el uso de la malva y el llantén para irritaciones y heridas y, en Roma, tanto Galeno como Dioscórides describieron las propiedades de plantas como la caléndula, la manzanilla o el tomillo para los problemas de la piel.

Avalado por la ciencia

La ciencia ha ido desentrañando, con el paso del tiempo, las sustancias responsables de las propiedades medicinales de las plantas utilizadas de forma tradicional. Algunas de ellas siguen muy presentes en las formulaciones actuales. Una de ellas es el árnica. En la antigua Grecia ya se conocían sus propiedades y se usaba para el tratamiento de heridas, inflamaciones y dolores musculares.

Durante el siglo XVIII, el árnica comenzó a ser objeto de estudio científico y se popularizó para tratar afecciones como el reumatismo, las varices y las lesiones traumáticas. Su uso durante la Segunda Guerra Mundial para aliviar dolencias de los soldados, consolidó su reputación como planta medicinal. El árnica es uno de los principales ingredientes utilizados por Taüll Orgànics y la cultivan ellos mismos.

Joan Domínguez explica que hoy en día su acción antiinflamatoria está demostrada mediante la inhibición de factores de transcripción NF-κB y AP-1, reduciendo la producción de citocinas proinflamatorias y colagenasas intersticiales. Su principio activo, la helenalina, actúa de manera similar a los glucocorticoides en la cascada inflamatoria.

123rf Limited©loft39studio. Aceite de rosa mosqueta

El aceite de rosa mosqueta como cicatrizante es otro ejemplo. Estudios científicos llevados a cabo en los años 70 y 80 del siglo pasado demostraron su eficacia. Su uso inicial era médico para tratamiento de cicatrices de pacientes postoperatorios y víctimas de quemaduras. De allí saltó al sector de la cosmética como ingrediente para reducir arrugas, manchas y cicatrices. Fernando Sánchez de Såper, destaca su eficacia en los productos que ellos elaboran.

También usan el extracto oleoso de malva macerado en girasol ecológico de primera presión. Esta planta contiene mucílagos, flavonoides y antocianinas que le confieren propiedades calmantes, emolientes y antiinflamatorias. Este extracto ha demostrado ser especialmente útil en pieles sensibles, con rojeces e incluso en la rosácea.

La innovación también está presente en el sector

Un ejemplo es el aceite ozonizado. El aceite se enriquece con gas ozono que se introduce a través de un difusor, que crea burbujas finas para maximizar el contacto entre el ozono y el aceite. El ozono es un compuesto que tiene poderosas propiedades antibacterianas, antifúngicas y antioxidantes que transfiere al aceite. Además, es un poderoso aliado para la cicatrización de heridas y quemaduras.

Mary-Lys Urueña, CEO de la empresa Ozolabs, explica que usan como base distintos aceites como el de oliva, sésamo, onagra y otros. Y como resultado se obtienen los siguientes beneficios:

  1. Incrementa la microcirculación, lo que aumenta la oxigenación de la piel.
  2. Incrementa la actividad de los fibroblastos, lo que aumenta también la cantidad de colágeno y elastina producida por éstos.
  3. Efecto germicida probado tanto contra virus como contra bacterias gram positivas y gram negativas.

Para garantizar su eficacia, el uso de materias primas de calidad es clave

El cultivo ecológico de las plantas garantiza la máxima concentración de principios activos, muchos de ellos relacionados con mecanismos naturales de defensa de la planta, y la ausencia de residuos de pesticidas. Los procesos a los que se somete a las plantas para obtener esos principios, como la extracción en frío de los aceites o la destilación lenta en alambique, también es un factor que influye en su calidad.

Casos de “un antes y un después”

El efecto de los tratamientos naturales está demostrado por la experiencia, y la mejor manera de ilustrarlo es a través de los ejemplos de algunas personas que se dedican profesionalmente a ello.

Mary-Lys Urueña nos explica un ejemplo muy ilustrativo de “un antes y un después”: el caso de una niña de cuatro años que sufrió una quemadura de segundo grado con agua hirviendo en un brazo. Los familiares de la niña reportaron a la marca la mejora significativa que experimentó la quemadura solo dos días después de aplicarse aceite de oliva ozonizado.

La ciencia ha ido desentrañando, con el paso del tiempo, las sustancias responsables de las propiedades medicinales de las plantas utilizadas de forma tradicional

Fernando Sánchez nos cuenta el caso de una señora del pueblo donde tiene su laboratorio que se quemó con aceite en la cocina y comenzó a usar un sérum elaborado con rosa mosqueta. Con su uso diario, regeneró la piel en pocas semanas, sin dejar cicatriz. También el caso de una clienta con rosácea severa, quien después de dos meses usando una crema con extracto de malva mejoró muy visiblemente. Finalmente, una doctora en un hospital les confirmó que recomendaba el uso de crema con caléndula a muchos pacientes con dermatitis, psoriasis y piel atópica, ya que los resultados eran muy positivos.

Joan Domínguez nos explica cómo los productos elaborados con árnica y con extracto de edelweiss son usados habitualmente en numerosos centros de fisioterapia. Los profesionales de la fisioterapia valoran especialmente la rápida absorción del producto, el efecto refrescante y la sensación de alivio inmediato y la idoneidad del tratamiento en las sesiones de fisioterapia que potencia los beneficios del tratamiento manual.

También en el deporte profesional, donde concretamente son usados por los servicios de fisioterapia y rehabilitación de dos equipos de baloncesto que militan en la Liga ACB, por su eficacia en el tratamiento de lesiones deportivas, contusiones y recuperación muscular.

Autoras: Montse Escutia, Red Ecoestética, y Núria Alonso, Responsable de Certificación BioVidaSana.

Este artículo ha contado con la colaboración de Mary-Lis Urueña, de Ozolabs LLC, Fernando Sánchez, de Såper-Cosmética ecológica/Organic Skincare, y de Joan Domínguez, de Taüll Orgànics.

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