La dermatitis atópica es una afección inflamatoria de la piel y se considera una condición crónica no contagiosa que acostumbra a aparecer en la infancia y se mantiene a lo largo de la vida, aunque pueden pasar temporadas largas sin aparecer. Los principales síntomas de la piel atópica son sensación de extrema sequedad y picor con la aparición regular de eccemas en determinadas zonas.

dermatitis atópica
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El rascarse no hace más que empeorar la situación al excitar las fibras nerviosas y puede llevar a un cambio de textura y color en la piel de la zona afectada, que se vuelve más gruesa y oscura o, incluso puede llegar a infectarse.

Causas de la aparición de los brotes

Las causas pueden variar de unas personas a otras pero el factor genético es una de ellas. Al estar privada de su capacidad protectora, la piel no retiene la humedad necesaria y provoca la picazón, la aparición de costras, grietas, sequedad e hinchazón. Otra causa es la bacteria Staphylococcus aureus que se adueña de la zona en detrimento de las bacterias beneficiosas que se encontrarían en ella normalmente.

La piel es el órgano que nos envuelve y está destinada a ofrecernos protección frente a las inclemencias externas, como puede ser la contaminación, humos, bacterias o alérgenos. El estrés, el calor y el sudor excesivo, el contacto con productos de limpieza agresivos, el humo de tabaco, algunas colonias o perfumes, el moho y el polen están entre los elementos causantes de los brotes de dermatitis atópica.

Se ha demostrado que algunos alimentos como la leche de vaca y los huevos también son desencadenantes de brotes

Se ha demostrado que algunos alimentos como la leche de vaca y los huevos también son desencadenantes de brotes, especialmente en los bebes y niños pequeños.

Cuidado de la piel atópica

En primer lugar, se necesita un conocimiento profundo de la piel y de sus necesidades. Se trata de recuperar la hidratación de la piel, reducir la descamación y reestablecer la función barrera que le es propia. Se han llevado a cabo estudios que han concluido en los beneficios de las plantas medicinales y los aceites esenciales vírgenes, así como los ácidos grasos esenciales omega3,6,9 y 7 que se encuentran en la borraja, la nuez de macadamia, el aguacate, la granada, el espino amarillo, en el tamanu y en el baobab. En cuanto a las plantas destacan en el cuidado de la piel la manzanilla romana, la centella asiática, el árbol del té y la lavanda, entre otras.

La higiene con jabones naturales sin sulfatos con agua templada, ni caliente ni fría, es también una pauta necesaria para el cuidado de estas pieles tan sensibles y propensas a perder el manto hidrolipídico que las protege. Incluso es posible un lavado en agua tibia sin jabón y secado suave sin frotar, en el caso de bebes, para evitar la irritación.

La piel es el órgano que nos envuelve y está destinada a ofrecernos protección frente a las inclemencias externas

Cremas, bálsamos y lociones

Hay en el mercado cremas, bálsamos y lociones ecológicas certificadas que aplican el conocimiento recogido en investigación y desarrollo en sus formulaciones, que contienen complejo botánico BIO activo, relipidizantes y reparadores con ingredientes vegetales orgánicos, y que están pensadas para calmar, proteger, reparar y recuperar la flexibilidad de las pieles muy secas, debilitadas y con tendencia atópica, promoviendo la regeneración celular. Los bálsamos con aceites ecológicos de jojoba, ricino y girasol son ricos en nutrientes y se potencian sus propiedades protectoras, nutritivas y suavizantes. Se aplican en cantidad generosa y sin límite de aplicaciones.

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Autora: Montse Mulé, Editora

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